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Archipiélago 79 Archipiélago

Deseo y simulación

por Franco Berardi, Bifo
Archipiélago nº 79, Diciembre 2007

Número de páginas: 6
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Una ocurrencia dolorosa: la de que a partir de un punto preciso en el tiempo, la historia dejó de ser real. Sin percatarse de ello, la totalidad del género humano de repente se habría salido de la realidad. Todo lo que habría sucedido desde entonces ya no sería en absoluto verdad [...] [ 18 ]
Y Baudrillard comenta:
Da la sensación de que los acontecimientos precipitan por sí mismos, que van inevitablemente a la deriva hacia su punto de fuga: el vacío periférico de los medios de comunicación. Así como los físicos tienen de sus partículas ya sólo una visión de trayectoria en una pantalla, nosotros ya no tenemos de los acontecimientos la pulsación, sino sólo el cardiograma [ 19 ] .
Esta idea de la desaparición del acontecimiento yo la leo así: la infinita proliferación de los signos ocupa el espacio de atención y de imaginación hasta el punto de que absorbe completamente la energía libidinal de la sociedad, y hasta el punto de hacer insensible al organismo a la pulsación real de la vida cotidiana. Sigue siendo un problema de velocidad, como diría Virilio: la velocidad de la proliferación semiótica desencadenada por la simulación digital es tan grande que satura en un instante los circuitos de la sensibilidad colectiva. Podríamos describir este proceso de otra forma. Los dispositivos de control social se introducen en sistemas de automatismo propiamente dichos: el gobierno político entonces es sustituido por cadenas de automatismos incorporados en la maquinaria productiva, comunicativa, administrativa y técnica. La comunidad social ya no toma ninguna decisión sobre las cuestiones fundamentales de la producción y la distribución social de la riqueza, porque la participación en el juego social exige la adopción de sistemas automáticos eficaces. En el plano lingüístico, las cadenas interpretativas son automatizadas de modo tal que ya no se pueden leer los enunciados que no respetan el código inscrito de antemano, que es el código de la acumulación de capital.
Con su estilo paradójico, a veces quizás un tanto expeditivo, Baudrillard habla de este proceso, y lo identifica como desaparición del acontecimiento.
En El intercambio simbólico y la muerte (en 1976), tomando los rascacielos de Nueva York como metáfora de la simulación digital, Baudrillard había escrito (leo y siento escalofríos):
¿Por qué hay dos torres en el World Trade Center de Nueva York? Todos los grandes edificios de Manhattan siempre se han enfrentado entre sí en una verticalidad competitiva, de donde surge un panorama arquitectónico a la imagen del sistema capitalista. Es una jungla piramidal: variedad de edificios luchando unos con otros. [...] Esta nueva arquitectura encarna un sistema que ya no es competitivo sino contable, donde la competencia ha desaparecido a favor de las correlaciones. Esta morfología arquitectónica es la del monopolio. [...] El hecho de que las dos torres sean paralelepípedos idénticos significa el fin de toda competencia, el fin de toda referencia original [ 20 ] .
Pero la historia no acaba aquí. Después del 11 de septiembre de 2001 , en un texto muy discutible, Baudrillard declara que el acontecimiento ha regresado. Junto a los dos edificios del wtc cayó el encantamiento simulatorio, la duplicación infinita (que ya en un texto de los años 70 había identificado con la metáfora de las Torres Gemelas, las torres de la replicación digital).
El espíritu del terrorismo es un texto escrito inmediatamente después del atentado más espectacular de la historia (la palabra "espectacular" aquí tiene un doble sentido, un carácter paradójico, porque ese espectáculo es precisamente el derrumbamiento del espectáculo, y esa implosión provoca una explosión). La intención de Baudrillard al escribir ese texto es la de celebrar el regreso del acontecimiento, más allá de las limitaciones de la simulación.
Con los atentados de Nueva York y del World Trade Center estamos incluso en relación con el acontecimiento absoluto, la "madre" de los acontecimientos, con el acontecimiento puro que concentra en sí todos los acontecimientos que nunca tuvieron lugar [ 21 ] .
El imaginario catastrofista por mucho tiempo había intentado rehuir ese acontecimiento, pero la inmensa concentración de poder decisional en sí misma que el semiocapitalismo pone en juego se presta al acontecimiento catastrófico. El inadmisible gesto suicida revela la nulidad de la infinita potencia del poder, lo coloca frente a un sustraerse que lo lleva a cero, y lo reduce literalmente a polvo.
La muerte, mejor dicho, el suicidio es el acontecimiento imprevisible que vuelve a poner en marcha la cadena de los acontecimientos.
A partir de ese momento el suicidio se presenta en el escenario de la historia del nuevo milenio como el actor protagonista. Cualquiera que sea el punto de vista con que se intente abordar la historia del siglo XXI -desde el punto de vista del dogma capitalista y desde el punto de vista de la desesperación y del fanatismo-, el suicidio es la verdad que esconden los discursos oficiales: la retórica del crecimiento ilimitado o la retórica del integrismo nacionalista o religioso.
El suicidio
Desde el día en que diecinueve jóvenes árabes, inmolándose con aviones de línea comerciales, provocaron el infierno en Manhattan y comenzaron la primera guerra postmoderna, el suicidio se ha convertido en actor protagonista de la historia del mundo. El suicidio como acto de protesta política extrema no es una novedad. En 1904 los holandeses desembarcaron en la isla de Bali para someterla al dominio colonial. La población hinduista, orgullosa de su propia diversidad en el archipiélago, se opuso con fuerza a la invasión holandesa. Tras varios incidentes, los holandeses se aprestaban a atacar el palacio real de Denpasar. Vestidos de blanco, el rajá y su corte marcharon al encuentro de los holandeses, pero a poca distancia de los invasores, todos los hombres que seguían al rey extrajeron sus espadas y se las clavaron en el pecho, cumpliendo un suicidio ritual que en idioma balinés se denomina puputan. Más de novecientos hombres quedaron en el terreno, bajo la mirada atónita de los invasores. El efecto del episodio fue traumático para la conciencia del pueblo holandés, y dio inicio a la crisis de las políticas colonialistas de ese país.
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NOTAS
  • [ 18 ]

    J. Baudrillard, La ilusión del fin, op. cit.

  • [ 19 ]

    Ibidem .

  • [ 20 ]

    J. Baudrillard, El intercambio simbólico y la muerte , op. cit.

  • [ 21 ]

    J. Baudrillard, "El espíritu del terrorismo", en Le Monde , 3 de noviembre de 2001 .


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