Malestar y represión
El pensamiento antiautoritario del siglo xx estuvo directa o indirectamente influido por el concepto freudiano de represión, del que se ocupa en su escrito Civilisation and its discontents ( El malestar en la cultura, en español).
En este punto debería imponérsenos, por primera vez, la semejanza del proceso de la cultura con el del desarrollo libidinal del individuo. Otras pulsiones son movidas a desplazar las condiciones de su satisfacción, a dirigirse a otros caminos, lo cual en la mayoría de los casos coincide con la
sublimación (de las metas pulsionales) que nos es bien conocida, aunque en otros casos puede separarse de ella. [...] Por último y en tercer lugar -y esto parece lo más importante-,
no puede soslayarse la medida en que la cultura se edifica sobre la renuncia de lo pulsional, el alto grado en que se basa, precisamente, en la no satisfacción (mediante sofocación, represión, ¿o qué otra cosa?) de poderosas pulsiones . Esta "denegación cultural" gobierna el vasto ámbito de vínculos sociales entre los hombres; ya sabemos que esta es la causa de la hostilidad contra la que se ven precisadas a luchar todas las culturas .
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Así pues, Freud considera la represión como un rasgo ineliminable y constitutivo de la relación social. En la parte central del siglo xx , entre los años 30 y 60, el pensamiento crítico europeo se pregunta por la relación entre la dimensión antropológica de la alienación y la dimensión histórica de la liberación. El punto de vista que Sartre expone en Critique de la raison dialectique (1964), directamente influido por el pensamiento freudiano, reconoce el carácter antropológicamente constitutivo, y por tanto ineliminable, de la alienación. Por el contrario, el pensamiento marxista en su variante historicista y dialéctica considera la alienación como un fenómeno históricamente determinado y, por tanto, superable por medio de la abolición de la relaciones sociales capitalistas.
En su ensayo de 1929 Freud anticipa las líneas de esta discusión, al criticar la ingenuidad del pensamiento dialéctico:
Los comunistas creen haber hallado el camino para la redención del mal. El ser humano es íntegramente bueno, rebosa de benevolencia hacia sus prójimos, pero la institución de la propiedad privada ha corrompido su naturaleza. [...] Si se cancela la propiedad privada, si todos los bienes se declaran comunes y se permite participar en su goce a todos los seres humanos, desaparecerán la malevolencia y la enemistad entre los hombres. [...] No es de mi incumbencia la crítica económica al sistema comunista; no puedo indagar si la abolición de la propiedad privada es oportuna y ventajosa. Pero puedo discernir su premisa psicológica como una vana ilusión.
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Pero no me interesa aquí reabrir la discusión entre historicismo y existencialismo, o entre marxismo y psicoanálisis, tarea que corresponde a los historiadores de la filosofía del siglo xx . Lo que me interesa es señalar la existencia de una problemática filosófica común, de una premisa analítica compartida, consistente en la identificación de la civilización moderna como un sistema basado en la represión.
Para Freud, el capitalismo moderno, como todo sistema cultural, se funda en una necesaria supresión de la libido individual y en una organización sublimante de la libido colectiva. Esta intuición aparece formulada de diversos modos por la filosofía del siglo xx .
Desde el ámbito del psicoanálisis freudiano este malestar es constitutivo e insuperable, y la terapia psicoanalítica se propone curar, por medio del lenguaje y de la anamnesis, las formas neuróticas en las que dicho malestar se manifiesta en nosotros. La cultura filosófica de inspiración existencialista comparte la convicción freudiana que sostiene que la alienación constitutiva y la represión de la pulsión libidinal son insuperables.
Por el contrario, en el ámbito del pensamiento marxista y antiautoritario la represión es considerada como una forma socialmente determinada que puede ser eliminada por medio de la acción social, liberando con ello las energías productivas y de deseo que el movimiento real de la sociedad contiene.
En todo caso, en ambas visiones filosóficas la represión juega un papel fundamental. El concepto sirve para explicar las patologías neuróticas de las que se ocupa la terapia psicoanalítica y también para explicar la contradicción social capitalista que los movimientos revolucionarios quieren abolir para hacer posible una superación de la explotación y de la propia alienación.
[...] no puede soslayarse la medida en que la cultura se edifica sobre la renuncia de lo pulsional, el alto grado en que se basa, precisamente, en la no satisfacción (mediante sofocación, represión, ¿o qué otra cosa?) de poderosas pulsiones.
En los años 60 y 70, el concepto de represión subyace a todos los discursos políticos inspirados en el deseo. El valor político del deseo se presenta en oposición a los dispositivos de represión. Esta concepción ha acabado por mostrarse como una trampa conceptual y una trampa política. Por ejemplo, cuando durante el 1977 italiano (tras la oleada de detenciones que siguió a la insurrección de febrero y marzo) el movimiento decidió tocar a rebato sobre el asunto de la represión, por medio del encuentro de Bolonia de septiembre. Tal vez fue un error de concepto: al elegir el asunto de la represión como eje del discurso, entramos de lleno en la máquina narrativa del poder, y perdimos así la capacidad de imaginar formas de vida asimétricas en relación con el poder y, por ello, independientes.
Pero a finales del siglo xx toda la problemática de la represión parece disolverse y salir de escena.
Las patologías que dominan la escena de nuestro tiempo no son ya, en realidad, las patologías neuróticas producidas por la represión de la libido, sino más bien las patologías esquizoides producidas por el estallido expresivo del just do it .
Estructura y deseo
El pensamiento antiautoritario de los años 70 se movía en la esfera conceptual freudiana, aunque ampliase y desbordase su horizonte histórico. En Eros y civilización , Marcuse proclamaba la actualidad de una liberación del eros colectivo. La represión comprime las potencialidades de la tecnología y del saber e impide su pleno desarrollo, pero la subjetividad crítica desarrolla su acción precisamente al hacer posible la plena expresión de las potencialidades libidinales y productivas de la sociedad y crea, de ese modo, las condiciones de una realización plena del principio del placer.
El análisis de la sociedad moderna se mezcla con la descripción de los dispositivos disciplinarios que modelan de forma represiva las instituciones sociales y el discurso público. La reciente publicación de los seminarios de 1979 (en especial del seminario dedicado al nacimiento de la biopolítica) nos obligan a desplazar el centro de gravedad del pensamiento foucaultiano desde el disciplinamiento represivo hacia la creación de dispositivos de control biopolítico, pero en sus obras dedicadas a la genealogía de la modernidad (en especial la Historia de la locura , El nacimiento de la clínica y Vigilar y castigar ) Foucault se mueve, a su modo, en el ámbito del paradigma "represivo".