Qué equivocados están. En Bangladesh, la "democracia activa" emerge cuando las poblaciones tienen acceso al crédito y lo usan para crear empresas que han sacado de la pobreza al doble de familias de las que están empleadas por un penique la hora en las empresas de exportación de ropa allí radicadas.
O consideremos la India. Los medios de comunicación corporativos no nos informan de que las cooperativas lácteas dirigidas por mujeres han inc reme ntado durante varías décadas los ingresos de más de once millones de hogares. Compárese esto con el millón de trabajos creados por la industria de alta tecnología, de la que tanto oímos hablar. En el estado indio de Kerala, el hambre está siendo dominada mediante aproximaciones participativas que han conseguido un acceso igualitario a la tierra y a la educación. Gracias a una pequeña fracción de sus recursos, Kerala ha alcanzado tasas de longevidad comparables a las de los países industrializados. Y esa campaña estatal de planificación descentralizada ha formado a miles de ciudadanos en la administración y planificación de mejoras rurales.
De la misma manera, el movimiento brasileño de los trabajadores sin tierra ha obtenido los títulos legales de más de veinte millones de acres para un cuarto de millón de familias sin tierra, creándose comunidades autogobernadas cuyas empresas y granjas sustentan valores comunitarios. La mortalidad infantil ha caído y los salarios de los miembros son muy superiores a los jornales diarios que recibían anteriormente. Brasil está planificando también nuevas medidas en una docena de ciudades para permitir la participación ciudadana en la elaboración de sus presupuestos, una buena parte de los cuales se dirige a los barrios más desfavorecidos.
La democracia activa implica concentrarse en lo que los pobres están construyendo y en la forma de cambiar el poder de manos o, al menos, en la manera de eliminar los obstáculos más grandes que las democracias inertes ponen en sus caminos. Uno de los obstáculos son los subsidios a las grandes empresas, que representan, aproximadamente, un billón de dólares anualmente en todo el mundo. Entre los más dañinos están los subsidios a la agricultura que contribuyen al dumping de los productos agrícolas sobre los mercados del Tercer Mundo, rebajando los precios de los campesinos más pobres. Podemos eliminar estos obstáculos y proporcionar ayuda a estos movimientos sociales, vibrantes generadores de empleo, mediante la donación de microcréditos, tanto aquí como en otros países.
El hambre está causada por la escasez, hasta ahí es cierto. Pero no por falta de alimentos. Deriva de la escasez de democracia activa. Mirando a través de estas lentes, la cuestión no es si los países ricos ayudarán a salvarse a los pobres mediante la ayuda o mediante nuevas semillas transgénicas, sino, más bien, cómo podemos unirnos y contribuir a estos movimientos, aquí y en otros países, que están empeñados en eliminar el poder que el capital privado ejerce sobre el gobierno público insuflando el poder de los valores democráticos en la economía y la vida cultural. Y esta cuestión exige que nos preguntemos lo siguiente: ¿cómo podemos creer lo suficiente en nosotros mismos para hacer posible la democracia?
Traducción del inglés de Joaquín Rodríguez