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Archipiélago 65 Archipiélago

Chesterton y la leptopimelomaquia (o batalla de los gordos y los flacos)

por Santiago Alba Rico
Archipiélago nº 65, abril 2005

Número de páginas: 5
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3) Entre el hambre infrahumano y el hambre sobrehumano, entre la inhumanidad del consumo y la sobrehumanidad de la guerra, el Hombre Común, u Hombre A Secas, constituye la mesopotamia de la evolución, la tierra entre los dos ríos en la que deberíamos quizás pararnos , si es que estamos todavía a tiempo, para salvar no sólo las categorías antropológicas que han conservado hasta hoy este mundo de pie, aunque sea malo, sino también las categorías políticas (pueblo, contrato, asamblea) que nos permitirán mejorarlo. El hombre común es, sobre todo, un hombre limitado : come mucho, pero no muchas veces; come sentado y, por lo tanto, en un territorio; come en compañía y, por lo tanto, en un territorio común. La salud misma de eso que los griegos llamaban syskenia -la reunión en torno a un plato de comida- se manifiesta en el hecho de que "la chuleta y la cerveza", así separadas de la reproducción biológica, presuponen y afirman las condiciones mismas de esa humanidad que estamos a punto de superar: la protección del tiempo, la seguridad del espacio, la renuncia al canibalismo, la pasión del relato. La batalla de los gordos y los flacos es, en realidad, la batalla entre los idólatras que tropiezan y los iconoclastas que allanan, entre los rebeldes adoradores de sólidos y los puritanos adoradores de líquidos, entre una religión de algo y una religión de infinito . "Nadie quisiera de verdad", dice Chesterton en uno de sus muchos elogios del paganismo, "que una canción durara siempre, o que una función religiosa durara siempre, y ni siquiera que un vaso de buena cerveza durara siempre. Y en esto estriba seguramente la razón de que los hombres hayan seguido hacia la idea de santidad el curso que han seguido, de por qué le han señalado espacios particulares, la han limitado a días especiales, la han adorado en una estatua de marfil, la han adorado en una masa de piedra". El hambre de aire, de lebensraum o de nuevos mercados, espolea la mística sobrehumana del capitalismo y su destrucción infinita . Frente a ella, tenemos que volver a una destrucción limitada . El Superhombre -o superhambre- sacrifica todos los días decenas de países, millones de recursos, cuatro mil millones de hombres. Quizás el Hombre Común podría conformarse con espinacas -a condición de que sean abundantes-, pero Chesterton se pregunta si no podríamos dejarle sacrificar de vez en cuando un pollo, si la adoración de un pollo muerto alrededor de una mesa -acompañada de salmos de queso y efusión de vino- no es la condición irrenunciable para que sigamos creyendo en el verdor de la hierba, en la verdad del lenguaje, en la honradez del médico, en la independencia del juez, en la pasión de la novia y, en general y por eso mismo, en la igualdad moral de todos los hombres. ¿O acaso no es más "franciscano" criar a una bestia, ponerle nombre, pasearla con un lazo entre los vecinos y luego matarla como a una amiga, tal y como hacen los musulmanes en su Aid, que no quitarle a un enemigo sus riquezas, bombardear su casa, negarle el nombre y luego matarlo como a una bestia?
En una sociedad cuya ley es precisamente el cambio ininterrumpido, los que queremos cambiarla deberíamos empezar quizás por preguntarnos qué nos gustaría conservar. Dickens nos ofrece un buen muestrario, incluidas la cursilería, las payasadas y el sentimentalismo. Chesterton, por su parte, debe guiarnos hacia la recuperación literaria del panfleto, cuya decadencia en nuestros días es inversamente proporcional a su necesidad. Los dos nos demuestran, en cualquier caso, que si las revoluciones han acabado siempre por fracasar se debe quizás a que una y otra vez las han hecho sobre todo hombres delgados -figuradamente al menos, aunque no sólo. Nuestra obligación a partir de ahora debe ser, pues, la de engordar...
* Santiago Alba Rico es autor de Galería de gente victoriosa (Valencia, Soroll, 2003), Torres más altas (Valencia, Numa, 2003), La ciudad intangible. Ensayos sobre el fin del neolítico (Fuenterrabía, Hiru, 2001) y Las reglas del caos (Barcelona, Anagrama, 1995). En Archipiélago puede leerse "Astucia y racismo" (nº 15), "Chesterton: la revuelta del hombre común" (nº 56), "Televisión: cinco ilusiones y una propuesta" (nº 60). Sobre Chesterton, puede leerse también su prólogo a La taberna errante (Madrid, Acuarela Libros, 2004), "Defensa del sedentarismo andante" (http://www.sindominio.net/biblioweb/pensamiento/prologochest.html).
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