La dialéctica historia-leyenda, referida en este caso a la vida del poeta, será precisamente el motivo generador de su último libro publicado, Casi una leyenda (1991), en el que continúa, aunque más atenuado, el impulso celebratorio y redentor, así como la preocupación por la oscura naturaleza de la verdad y del conocimiento de sus anteriores obras. Sigue también el diálogo con las cosas y las continuas aproximaciones del poeta, que trata una y otra vez de fundirse con ellas en el "sacramento de la materia". El conocimiento, por otra parte, pretende ser vía iluminativa de renacimiento y salvación, pero se queda, con frecuencia, en "revelación oscura" o en impotencia y esterilidad, debido a la incapacidad del hombre para conocer la verdad. No obstante, el poeta asume y celebra todas las facetas de la vida, incluida, claro está, la muerte y la destrucción, cuya presencia tiene un sentido paradójico y hasta positivo a lo largo de todo el libro. Por otro lado, su estructura es claramente musical: con su extenso poema inicial a modo de obertura, sus tres movimientos, con cinco poemas cada uno, y sus dos interludios. Pero Casi una leyenda es también la revisión del mundo poético creado en Don de la ebriedad, del que cada vez se siente más alejado el poeta; de ahí las numerosas alusiones intertextuales a esa primera obra y la aparición de un tono marcadamente elegíaco.