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Archipiélago 62 Archipiélago

Diagnóstico sobre la sostenibilidad: la especie humana como patología terrestre

por José Manuel Naredo
Archipiélago nº 62, septiembre 2004

Número de páginas: 6
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La polarización social y territorial que se observa a todos los niveles de agregación llega a escindir también los patrones demográficos entre países, entre regiones y entre barrios ricos y pobres de acuerdo con los modelos antes indicados. En efecto en J.M. Naredo (2004) se confirma que, en el último cuarto de siglo xx , las curvas de supervivencia y las curvas de natalidad por edades de la población de la mayoría de los países ricos y pobres se ajustaban, respectivamente, a las típicas de depredadores y presas, encontrándose en posiciones intermedias los países llamados en "vías de desarrollo". Y, como hemos indicado, la polarización social y territorial se proyecta también dentro de los países e incluso de las ciudades, haciendo, por ejemplo, que la esperanza de vida caiga en los barrios desfavorecidos de Nueva York por debajo incluso de la media de los países más pobres [ 10 ] . En este modelo crecientemente polarizado ya no cabe preservar la calidad del nuevo mar metropolitano, con sus servidumbres e infraestructuras, sino sólo de las zonas más valoradas del mismo cada vez más segregadas y defendidas de las bolsas de marginación que las envuelven, acentuándose las fronteras de dentro del propio medio urbano, entre bunkers privilegiados y guetos de marginación. La polarización social avanza así de la mano de la segregación espacial, amenazando con romper el espacio de vida colectivo, de libertad, de apertura y de civismo que en su día fue o pretendió ser la ciudad.
Valga lo anterior para subrayar que la especie humana no sólo destaca como la gran depredadora de la biosfera, sino también de sus propios congéneres, llegando a escindirse profundamente como especie: la polarización social entre países, regiones o barrios es tan extremada que origina patrones demográficos tan diferentes como los que se observan en la naturaleza entre especies distintas [ 11 ] . Pero, a diferencia de otros depredadores, los individuos y grupos humanos no ejercen hoy generalmente su dominio apoyándose en una estructura corporal mejor dotada en tamaño, olfato, vista, colmillos o garras, sino utilizando las reglas del juego y los instrumentos económico-financieros imperantes para dotarse de medios exosomáticos de intervención y diferenciación social cada vez más potentes [ 12 ] . Y recordemos que esas reglas del juego son las que también promueven los modelos de ocupación del territorio, de urbanización y de construcción ligados a las patologías parasitarias del crecimiento indicadas al inicio.
En suma, las reglas del juego económico-financiero en vigor refuerzan un orden territorial crecientemente polarizado en núcleos atractores de recursos, capitales y población y áreas de abastecimiento y vertido que, como hemos indicado, se despliega tanto a escala global como regional y local. El nuevo orden metropolitano resultante es fértil en paradojas (se solapan mercados globales y economías de archipiélago [ 13 ] , fenómenos de globalización y de exclusión socioeconómica, de conexión y de fragmentación territorial...) cuyo análisis detallado escapa a las pretensiones de este texto. Concluyamos simplemente recordando que una de las consecuencias de este juego es el desbocado proceso de urbanización "difusa", con el consiguiente mar de redes y servidumbres, que se sitúa en la base de los principales problemas ecológicos y sociales de nuestro tiempo (J.M. Naredo, 2000). También hay que recordar un indicador, propuesto por R. Margalef (1992), que marca la decadencia del sistema: la fracción cada vez mayor de recursos que reclaman las funciones (e infraestructuras) de transporte, administración, control, defensa o policía, a la vez que se reduce la fracción de recursos ligada a verdaderas ganancias de información o al simple disfrute de la vida.
Perspectivas

©Manuel Alcorlo
La ecología nos enseña que las perspectivas de evolución de un sistema dependen de su flexibilidad para reaccionar ante los nuevos acontecimientos en función de las señales que sobre ellos le envían sus circuitos de información. Pero la información ni se capta de modo homogéneo ni fluye por igual a todos los niveles. De ahí que "su capacidad para reaccionar como un sistema y su flexibilidad interna se deben precisamente a que no todas las conexiones imaginables están realizadas, a que muchas que serían posibles no se dan o estarían cortadas" (R. Margalef, 1992).
Hemos visto que el razonamiento que orienta la gestión en el actual sistema económico se apoya en informaciones monetarias sesgadas, a la vez que mantiene taponados los circuitos que informan sobre los aspectos físicos y sociales ligados a dicha gestión. Mientras esto ocurra, el juego económico seguirá impulsando la extracción y deterioro de recursos frente a la obtención y uso renovable de los mismos, con el consiguiente deterioro del conjunto. A escala agregada, este modelo de gestión parasitaria nos arrastra hacia estados de mayor entropía planetaria. La evolución de nuestro planeta, que arranca de esa sopa primigenia de la que empezó a surgir la vida, se ve impulsada ahora por este modelo hacia una especie de puré crepuscular , cuya composición química se ha precisado [ 14 ] . Cabe cuantificar esta senda de evolución calculando la energía de calidad contenida en la corteza terrestre actual frente a la de máximo orden, en la que todas las sustancias estuvieran debidamente agrupadas, como en un almacén, y la de máxima entropía, en la que estarían todas revueltas. Se obtendría así un indicador inequívocamente cuantitativo del deterioro de la base de recursos planetaria y del horizonte de insostenibilidad , hacia el que apunta el metabolismo de la sociedad actual. Estos instrumentos permitirían tomar conciencia anticipada del horizonte de deterioro planetario hacia el que apunta la actual civilización, como condición para rectificar las tendencias en curso [ 15 ] .
Por otra parte, apoyar la calidad de los barrios, las ciudades y los países más ricos en la analogía del modelo depredador-presa es un buen caldo de cultivo para alimentar la crispación y la conflictividad social que, previsiblemente, socavarán el actual modelo mucho antes de que éste se acerque al puré póstumo antes mencionado. De ahí que la crisis del "estado de bienestar", que se ocupaba de paliar la pobreza que segrega la máquina económica en funcionamiento, esté dando paso a la expansión del "estado represivo-penal", como mutación perfectamente previsible en un panorama de creciente polarización económica y social (L. Wacquant, 1999).
Las posibilidades de reconvertir el metabolismo de la sociedad actual dependen de que se replantee el modo de gestión imperante, restableciendo y priorizando los circuitos de información física y social ligada a dicha gestión. Sin embargo, hoy se invierten muchos más recursos en mantener taponados estos circuitos, mediante campañas de "imagen verde", que en suplir tales carencias de información: más que solucionar los problemas ecológico-ambientales, se pretende conseguir que la población conviva con ellos como si de algo normal o inevitable se tratara. De esta manera, por muchas "autopistas de la información" que existan, mientras no se modifique la materia prima que las nutre seguirán extendiendo el ruido mediático que oculta o banaliza los costes sociales y ambientales que se derivan del modo de gestión imperante.
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NOTAS
  • [ 10 ] . Por ejemplo, en Harlem sólo el 40% de la población alcanza los 65 años, mientras que en Bangla Desh este porcentaje es del 55% (J. Petras, 1992, pp. 24-25).
  • [ 11 ] . Me refiero a especies de vertebrados, en las que no se observa tan extrema segregación de funciones intra-especie: ésta solo se encuentra entre los invertebrados en los llamados insectos sociales como las hormigas o las abejas.
  • [ 12 ] . En realidad los instrumentos financieros y el poder que otorgan los medios técnicos de disuasión se apoyan mutuamente: la confianza en el dólar no es ajena al poder político y militar de los ee uu . Por otra parte, los más poderosos no sólo se sirven de potentes medios exosomáticos para imponer y practicar la depredación planetaria, sino también para marcar diferencias de posición entre los individuos y grupos humanos. Las limusinas, los aviones y los yates con los que se mueven los grandes depredadores humanos dejan pequeños, en tamaño y velocidad, a los grandes paquidermos... y los detectores y armas que utilizan para su seguridad superan ampliamente, en capacidad de detección (vista, olfato, oído, etc.) y de destrucción (dientes, garras, etc.), a los de los más acreditados depredadores del reino animal.
  • [ 13 ] . Término utilizado por P. Veltz, (1999).
  • [ 14 ] . En J.M. Naredo, y A. Valero (dirs.) (1999) y en las tesis doctorales de L. Ranz (1999) y de E. A. Botero (2000), ambas dirigidas por A. Valero y presentadas en la Universidad de Zaragoza.
  • [ 15 ] . Agradezco a mi buen amigo Manuel Alcorlo el dibujo, que incluyo al final de este texto, del hombre viendo la especie de puré crepuscular que él mismo ha originado.

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