W.M. Hern (1990), médico de profesión, apreció una fuerte analogía entre las características que definen los procesos cancerígenos y la incidencia de la especie humana sobre el territorio, apoyándose en las similitudes observadas entre la evolución de las manchas cancerígenas reflejadas en los escáneres y las que recoge la cartografía sobre la ocupación del territorio. Este autor enumeró las siguientes características de las patologías cancerígenas: 1) crecimiento rápido e incontrolado; 2) indiferenciación de las células malignas; 3) metástasis en diferentes lugares; 4) invasión y destrucción de los tejidos adyacentes. Analizó después la relación de estas características con el reflejo territorial de las tendencias incontroladas del crecimiento poblacional, económico, etc.; con sus consecuencias destructivas sobre el patrimonio natural y cultural; con la extensión de los modos de vida y de gestión indiferenciados; con las metástasis que genera la proyección del colonialismo de los Estados primero y de las empresas transnacionales después, a través de la "globalización" del comercio, las finanzas... y los media .
Como pasamos a ver seguidamente, las características arriba mencionadas ofrecen, a mi juicio, un paralelismo todavía más concreto con el modelo territorial, urbano y constructivo que se deriva de las reglas del juego económico dominantes (J.M. Naredo, 2000).

Nuestro país, pese a contar con una demografía estable o en regresión, ofrece un ejemplo modélico del "crecimiento rápido e incontrolado" que generalmente observa el actual modelo de urbanización, con sus crecientes servidumbres territoriales, por extracción de recursos, vertido de residuos e infraestructuras diversas. Al que se unen los paralelos fenómenos de simplificación extractiva y contaminante de los sistemas agrarios o abandono y ruderización del medio rural, con el consiguiente deterioro del patrimonio natural observable en el paisaje. El trepidante crecimiento de la urbanización viene espoleado, más allá de la demografía, por el insaciable afán de lucro de promotores y compradores, animado por un marco institucional que privilegia la adquisición de viviendas como inversión, que ha situado a nuestro país a la cabeza de Europa en porcentaje de viviendas secundarias y desocupadas [J.M Naredo (dir.), 2000 y 2003c). España ejemplifica cómo, al extenderse por toda la población el virus de la especulación inmobiliaria, se está construyendo un patrimonio inmobiliario sobredimensionado de escasa calidad y se está originando una burbuja especulativa cuyas dimensiones resultan cada vez más amenazantes (J.M. Naredo, O. Carpintero y C. Marcos, 2004). Al mismo tiempo, como subrayaremos más adelante, la ocupación territorial por usos urbano-industriales indirectos sigue un ritmo expansivo muy superior al de la urbanización directa, contribuyendo a situar el crecimiento de la ocupación total muy por encima del crecimiento demográfico
[ 2 ] .
La "indiferenciación de las células malignas" ofrece una clara similitud con el predominio planetario de "un único modelo constructivo: el que podríamos llamar ‘estilo universal', que dota a los edificios de un esqueleto de vigas y pilares (de hierro y hormigón) independiente de los muros, por contraposición a la arquitectura
vernácula (que construía los edificios como un todo indisoluble adaptado a las condiciones del entorno y utilizando los materiales de éste)" (J.M. Naredo, 2000). A la vez que la aparición de "metástasis en diferentes lugares" encaja como anillo al dedo con la naturaleza del "nuevo modelo de urbanización: el de la ‘
conurbación [ 3 ] difusa' (el llamado
urban sprawl , que separa además las distintas funciones de la ciudad), por contraposición a la ‘ciudad clásica' o ‘histórica', más compacta y diversa" (
Ibidem ). Pero aquí ya no son los canales linfáticos del organismo enfermo los que permiten la extensión de las metástasis, sino el viario y las redes que el propio sistema construye posibilitando su difusión hasta los lugares más recónditos.
Por último, en lo que concierne a la "invasión y destrucción de los tejidos adyacentes", hay que subrayar que las tendencias indicadas no ayudan a mejorar los asentamientos y edificios anteriores, sino que, en ausencia de frenos institucionales que lo impidan, los engullen y destruyen, para levantar sobre sus ruinas los nuevos e indiferenciados modelos territoriales, urbanísticos y constructivos. Destruyen los asentamientos alejados vaciándolos de población, de contenido y condenándolos a la ruina. Y engullen a los asentamientos próximos al envolverlos en un volumen tal de nueva edificación y de esquemas de vida metropolitanos que dejan como algo testimonial o caduco su antigua especificidad económica, cultural o arquitectónica. A la vez que el "estilo universal" tiende a suplantar al patrimonio inmobiliario preexistente, condenándolo a la demolición para acrecentar el volumen construido siempre que la normativa lo permita. En este sentido ya señalamos que España es líder europeo en destrucción de patrimonio inmobiliario
[ 4 ] . También las expectativas de urbanización contribuyen a desorganizar los sistemas agrarios próximos, al mismo tiempo que las demandas en recursos y residuos, en extracciones y vertidos, que plantea el modelo de urbanización imperante, extienden la "huella" de deterioro ecológico hacia puntos cada vez más alejados.
El resultado conjunto de estas tendencias es la creciente exigencia directa en recursos naturales y territorio (y, por ende, en generación de residuos), que acentúan las servidumbres indirectas que tal modelo comporta, unidas a la evolución simplificadora y esquilmante de los propios sistemas agrario-extractivos. El tamaño y la velocidad de estas exigencias dan muestras de un comportamiento que se revela globalmente degradante, al expandirse a mayor tasa las servidumbres territoriales indirectas que tal modelo comporta (vertidos, actividades extractivas e infraestructuras diversas que se incluyen en la denominación de "sistemas generales"
[ 5 ] ). Los procesos indicados están produciendo el cambio de fase (R. Margalef, 2004) en el modelo territorial que denota la extensión de la dolencia descrita: se está pasando de un mar de ruralidad o naturaleza poco intervenida con algunos islotes urbanos, hacia un mar metropolitano con enclaves de campo o naturaleza cuyo deterioro se trata, en ocasiones, de proteger de la patología en curso (con la doble incidencia degradante no sólo de los sistemas urbanos sino también de los sistemas agrario-extractivos). Pero el modelo parasitario al que estamos haciendo referencia se solapa con otros también propiciados por las reglas del juego económico imperantes que merece la pena considerar.