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Sistema 188 Sistema

Las políticas de la tierra

por José Félix Tezanos
Sistema nº 188, septiembre 2005

Número de páginas: 5
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Un segundo gran bloque de problemas globales se relaciona directamente con la vida y sus entornos. Se trata de una cuestión de gran alcance en cuya dinámica inciden factores que van desde la ya mencionada sobre-explotación de espacios naturales, al efecto invernadero, la deforestación, el agujero de ozono, los efectos de los aerosoles, las consecuencias del uso de venenos y plaguicidas, así como otros fenómenos críticos vinculados a diversas actuaciones sobre el medio poco cuidadosas y escasamente meditadas. Pondérense como se ponderen las conexiones causales y los efectos de estos fenómenos, lo cierto es que se están encendiendo señales de alarma sobre los riesgos de extinción de un número considerable de especies vivas. Los especialistas consignan que estamos evolucionando a un ritmo de 27.000 especies desaparecidas cada año, es decir, 74 cada día, tres cada hora 13 , lo cual supone una tasa que nos situaría ante una de las grandes extinciones que han tenido lugar ahora en la Tierra. La que está ocurriendo ahora (debido en gran parte a la mano del hombre) podría ser (es) la sexta gran extinción, posiblemente una de las más vertiginosas que se han conocido nunca, lo cual puede plantear una auténtica crisis de biodiversidad 14 .
Como subrayan los expertos, «la extrapolación de las cifras obtenidas por biólogos al calcular los ritmos actuales de extinción supone que el 30 por 100 de todas las especies actuales conocidas podría haberse extinguido a mediados de nuestro siglo» 15 .
¿Se están exagerando los riesgos? ¿Se están amplificando las cifras? ¿Están realmente relacionados los hechos observados con la acción del hombre? Las controversias podrán mantenerse, con mayor o menor solvencia, durante el tiempo que se quiera, pero lo cierto es que algunos hechos y tendencias parecen incontrovertibles: la acción humana está alterando de manera «importante» el ambiente global: la utilización intensiva de combustibles fósiles y la deforestación «han incrementado la concentración de dióxido de carbono en un 30 por 100 en los tres últimos siglos (especialmente en los últimos cuarenta años); se ha duplicado la concentración de metano y otros gases que contribuyen al calentamiento global; la fijación de nitrógeno para fertilizantes y otras actividades es más del doble de la fijación biológica natural; se ha transformado entre el 40 y el 50 por 100 de la superficie terrestre libre de hielos; dominamos directa o indirectamente en torno a un tercio de la red primaria de productividad continental, y aprovechamos peces que son el 8 por 100 de la productividad oceánica. Usamos el 54 por 100 del agua dulce disponible (que puede ascender al 70 por 100 en el 2050) y finalmente la movilidad humana ha transportado organismos a través de barreras geográficas» 16 .

La acción de la mano del hombre sobre el Planeta Tierra ha llegado a ser muy potente, muy decisiva. El problema es que en ese despliegue tan poderoso no tenemos claro cuáles son, o debieran ser, los mecanismos adecuados de regulación y control, ni cuál es el sentido de nuestro papel. ¿Se va a poder regular todo adecuadamente con las leyes del mercado? ¿Se podrán lograr los equilibrios necesarios con las actuales estructuras de poder, o con el referente de una estructura de valores heredada en gran parte del ciclo de evolución de las sociedades agrarias? ¿Debemos vernos -y entendernos- a nosotros mismos como huéspedes cuidadosos de este Planeta, o como dueños y señores poderosos y prepotentes de él? Políticos influyentes como Al Gore plantearon con claridad, hace ya algunos años, estos dilemas y problemas «¿Somos tan únicos y poderosos como para separarnos por completo de la Tierra?» -se preguntaba Al Gore en 1992-. Desde una perspectiva ecológica -respondía- «no se puede tratar a la Tierra como un elemento separado de la civilización humana [...] Y si nos negamos a admitir que la parte humana de la naturaleza ejerce una influencia cada vez más poderosa sobre los demás- y que somos, al fin y al cabo, una fuerza natural como los insectos y las mareas- no seremos capaces de comprender que representamos una seria amenaza para el equilibrio del Planeta» 17 .

Quizás el problema estriba, como ha subrayado Wilson, en que «el éxito demográfico humano ha conducido al mundo a una crisis de biodiversidad. Los seres humanos se han hecho cien veces más numerosos que cualquier otro animal terrestre de tamaño comparable en la historia de la vida. Se mida como se mida -sostendrá Wilson- la humanidad es ecológicamente anormal. Nuestra especie se apropia de entre el 20 y el 40 por 100 de la energía solar captada en forma orgánica por las plantas terrestres. No hay forma alguna de aprovechar hasta este punto los recursos del Planeta, sin reducir drásticamente el estado de la mayoría de las demás especies» 18 .
4. RECURSOS Y ENERGÍA
En tercer lugar, sin agotar el tema, está el problema de la manera en la que estamos disponiendo de los recursos naturales, especialmente los energéticos. Lo más llamativo en este campo es el consumo masivo y derrochador que se está haciendo de los combustibles fósiles, que recuerda el proceder ostentoso y un tanto avasallador y descuidado de los nuevos ricos, que quieren usar y controlar todo de manera instantánea.
El consumo de petróleo, que aporta el 40 por 100 de la energía total utilizada, lleva creciendo varios años al 2 por 100, casi el doble que en las últimas décadas, concentrándose la mayor parte de los consumos en unos pocos países. Estados Unidos, por ejemplo, con el 4,7 por 100 de la población mundial concentra el 24,9 por 100 del consumo mundial, sumando los 18 países más ricos del Planeta la mitad de todo el consumo, a pesar de representar sólo el 12 por 100 de la población total.
¿Para cuánto tiempo queda petróleo al ritmo actual de consumo (y aumentando)?
Aunque parezca increíble no se dispone de estimaciones fiables compartidas.
Los «pesimistas» sostienen que ya hemos pasado el ecuador de los recursos existentes, en tanto que los «optimistas» afirman que «sólo» (?) hemos consumido un tercio del petróleo disponible. De ahí que los cálculos sobre la duración de las disponibilidades -al ritmo actual- oscilen entre treinta y sesenta años, situándose en una posición intermedia el Informe de British Petroleum de 2004, que fijaba el horizonte terminal en cuarenta y un años. Es decir, en realidad, tanto para unos como para otros, prácticamente estamos entre una pequeñez en términos de tiempos históricos y plazos socio-económicos. De ahí las incertidumbres energéticas y económicas que se pueden abrir en un futuro no lejano, si no se hacen previsiones alternativas. Y de ahí, también, todas las tensiones políticas y militares que se están generando en torno al control mundial del petróleo.
Esta evolución se produce en un contexto en el que buena parte de la política oficial de los Gobiernos determinantes se hace de espaldas a los problemas globales de la Tierra, como si no existieran o no fueran relevantes ni inmediatos. Los grupos dominantes no sólo son insensibles a muchos de estos problemas, sino que permanecen ciegos ante la realidad, sin entender que la Política de la Tierra es también una cuestión de realismo y de rigor.
El problema, muchas veces, es que la indiferencia egoísta y alicorta de los poderosos, que viven con tal opulencia desmedida y descuidada que recuerda la célebre fábula de las cigarras y las hormigas, ha contagiado a muy diversos ambientes políticos y comunicacionales, desde los que se intenta ubicar los problemas de las Políticas de la Tierra fuera de la agenda de las cuestiones oficiales y reputadas como «serias». «¡Cosas de ecologistas y melenudos!» -se dice con desprecio insensato.
5. CONTRADICCIONES CULTURALES
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