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Sistema 188 Sistema

Las políticas de la tierra

por José Félix Tezanos
Sistema nº 188, septiembre 2005

Número de páginas: 5
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Un primer problema es el que se relaciona con la propia población. Hace dos mil años la Tierra tenía 100 millones de habitantes. Hace mil años llegó a los 350 millones. A mediados de la primera década del siglo XXI estamos aproximándonos a los 7.000 millones. Es decir, en el último milenio la población del Planeta se ha multiplicado por 18. Evidentemente esta evolución tiene efectos de todo tipo para los equilibrios sociales y económicos y plantea cuestiones que deben tener respuestas bien fundadas. ¿Vamos a poder alimentar razonablemente a 7.000 u 8.000 millones de almas con nuestros actuales modelos socio-económicos? ¿Podemos hacerlo sin esquilmar las fuentes de recursos, sin agotar las capacidades hídricas y sin erosionar y arrasar las tierras? ¿Durante cuánto tiempo se podrá hacer? ¿Qué sucederá con los nuevos miles de millones de seres humanos que, a este ritmo, vendrán después de nosotros?
Prescindiendo del componente más o menos retórico o voluntarista que podamos dar a nuestras respuestas, de momento hay varios hechos concretos que podemos constatar: en la última mitad del siglo XX , como se recordaba en el Informe del Fondo de Población de Naciones Unidas de 1999, «el aumento de la población ha reducido la superficie mundial de producción de cereales por persona en un 50 por 100», al tiempo que «en muchos países, tanto desarrollados como menos desarrollados, la demanda de agua supera el volumen de suministro previsible», previéndose que en el año 2050 una persona de cada cuatro sufrirá escasez de agua.
El aumento de la población se conecta inevitablemente con diversas tendencias medioambientales que tienen que ver con la desaparición o el agotamiento de especies animales y vegetales, con la esquilmación de fondos marinos y bancos pesqueros y con una progresiva deforestación de amplias zonas del Planeta. Casi la mitad de los bosques que cubrían la Tierra ya han desaparecido. Solamente entre 1980 y 1995 «se perdieron más de 200 millones de hectáreas de bosque» 2 , es decir, una extensión superior a la de España, Portugal, Francia, Alemania e Italia en su conjunto. En el año 2004 se perdieron 26.130 kilómetros cuadrados de la selva amazónica, lo que representa una superficie superior a la de toda Galicia, siendo un 6 por 100 más que en el año anterior 3 ; esto supone que ya se ha alcanzado una deforestación del 17,5 por 100 de la selva amazónica, reputada como el pulmón del Planeta.
Los datos aportados por los últimos Informes sobre desarrollo humano del PNUD destacan un creciente desequilibrio entre consumo y medios naturales: en la segunda mitad del siglo XX el consumo de combustibles fósiles se multiplicó por cinco, la capturas marinas se cuadriplicaron, el consumo de agua dulce y de madera se duplicó, los niveles freáticos de agua cayeron peligrosamente y muchas pesquerías empiezan a estar esquilmadas -la más reciente en España la de la anchoa-, mientras que las emisiones de desechos en los países industrializados se han triplicado 4 .
Según los datos de Naciones Unidas, 1.197 millones de personas carecen de acceso a fuentes de agua y 2.742 no tienen saneamientos adecuados 5 . El Informe del Worldwatch Institute de 2005 estima que en el «año 2015, cerca de 3.000 millones de personas -el 40 por 100 de la población mundial prevista para entonces- vivirán en países con stress hídrico, dado el crecimiento demográfico». Actualmente, «aproximadamente 1.400 millones de personas, casi todas en países en desarrollo, tienen que enfrentarse a problemas de fragilidad ambiental. De ellas, más de 500 millones viven en regiones áridas, más de 400 millones subsisten a duras penas en suelos de muy poca calidad, unos 200 millones de campesinos pequeños o sin tierra se ven obligados a cultivar laderas muy pendientes y 130 millones de personas viven en áreas ganadas a la selva o a otros ecosistemas forestales de gran fragilidad...». «Los procesos de desertización amenazan a 135 millones de personas...». «Más de 30 países-la mayoría en Africa y en Oriente Medio- se sitúan hoy por debajo del nivel mínimo conservador en cuanto a disponibilidad de tierras de labor [...], o de suministro renovable de agua» 6 .
Esta situación está dando lugar a un nuevo fenómeno de «refugiados ambientales», cuya cifra en 2004 ha sido cifrada en 30 millones de personas por el Instituto Ambiental y de Recursos Naturales de El Cairo, habiéndose estimado por el PanelIntergubernamental de Cambio Climático que el número de refugiados medioambientales en el año 2050 podría elevarse a 150 millones de personas 7 .
Las descompensaciones y problemas en el consumo y en la distribución de la población conforman un panorama paralelo de desequilibrios económicos y sociales.
Para el año 2025 los expertos de población de Naciones Unidas prevén que de los 8.000 millones de habitantes probables de la Tierra sólo 1.200 millones vivirán en los países desarrollados (un 15 por 100); de forma que, si no se hace algo para remediarlo, la explosión demográfica continuará estando asociada a la expansión de la pobreza y a situaciones de carencia y necesidad para un número creciente de personas.
De hecho, en 1960 el 70 por 100 de la población vivía en las zonas menos ricas del planeta, habiendo ascendido esta proporción a principios del siglo XXI al 80 por 100 (4.800 millones).
Las tendencias demográficas están dando lugar a un incremento de la población más joven en los países más pobres, en algunos de los cuales la edad media de vida aún se mantiene por debajo de los treinta y cinco/cuarenta años, en comparación con el doble que se está alcanzando en el mundo desarrollado 8 .
En contraste con las situaciones de pobreza, carencia y precarización laboral (550 millones de trabajadores ganan el equivalente a menos de un dólar diario) 9 , la riqueza y el consumo tienden a concentrarse cada vez en menos manos y en los países más prósperos y privilegiados. El 20 por 100 más rico del planeta concentra el 86 por 100 de todo el consumo, mientras que el 20 por 100 más pobre sólo tiene el 1,3 por 100. El 20 por 100 más rico consume el 45 por 100 de toda la carne y pescado, el 58 por 100 de la energía, el 84 por 100 del papel y el 87 por 100 de los vehículos 10 . Los Informes del PNUD han revelado, por ejemplo, que un niño nacido en el mundo desarrollado «agrega más al consumo y la contaminación» a lo largo de su vida que 30 ó 50 niños nacidos «en países poco desarrollados», mientras que a finales del siglo XX un hogar africano consumía menos que hace veinticinco años 11 .
Los últimos Informes sobre desarrollo humano han proporcionado cifras muy expresivas sobre estas asimetrías de fondo, revelando, por ejemplo, que el 1 por 100 de la población más próspera del Planeta tiene una renta anual equivalente a la que recibe el 57 por 100 de la población más pobre y que solamente el 10 por 100 de la población más rica de la nación más desarrollada (los Estados Unidos de América) disfruta de tantos ingresos como el 43 por 100 más pobre de la población mundial 12 .
3. HACIA UNA CRISIS DE BIODIVERSIDAD
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