LA ORGULLOSA MARCHA DEL TÍO SAM DESDE LOS SALONES DE MOCTEZUMA HASTA LAS COSTAS DE TRÍPOLI Y ... CONTRA PANAMÁ, CONTRA AFGANISTÁN Y DOS VECES CONTRA IRAK
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Y cuando esa negociación no basta, o incluso aunque pudiera bastar, el Tío Sam simplemente ataca cuando le viene en gana e invade la pequeña isla de Granada (población total 300.000); Nicaragua (con la ayuda del archienemigo Irán); Panamá (7.000 civiles muertos en una noche para capturar a un solo hombre, Noriega, el otrora amigo y aliado de Papá Bush, a quien se ve en una foto, todo sonrisas, dándole la mano); Irak en 1991 (que fue incluso una incursión para hacer dinero, ya que el Tío Sam, mediante extorsión, sacó a sus aliados más dólares para costear la guerra de los que realmente le costó. Pero fue contaminada por el uranio agotado del Tío Sam que multiplicó las malformaciones en los recién nacidos en el país dando lugar al infame «Síndrome de la Guerra del Golfo» entre sus propias tropas y las británicas, aunque el Tío Sam se niega a reconocerlo). Cuanto menos se diga sobre Somalia, mejor. Yugoslavia fue atacada en parte para dejar claro lo que sucede cuando un Estado es débil y se atreve a pesar de todo a desafiar al Tío Sam y a su FMI, manteniendo cierta cuota de propiedad estatal sobre los medios de producción y sigue brindando a la población ciertos principios de un Estado de Bienestar. Y es todavía lo que sucede hoy en Bielorrusia, donde el Tío Sam trató de conseguir un «cambio de régimen» pero se encontró con que la actuación militar es más difícil en la frontera de Rusia, a menos que se produzca de común acuerdo, como contra Afganistán, o se pague por ello. Además, Yugoslavia sólo se rindió en 1999 cuando Rusia le retiró su apoyo porque el Tío Sam empleó con éxito el chantaje político y económico y en parte lo obtuvo en Berlín mediante sobornos.
La siguiente víctima fue Afganistán y esta vez también contó con la ayuda de Irán y de Rusia. Todo esto cuando el Tío Sam ya había creado y patrocinado al Gobierno talibán que erradicó el opio, mientras que ahora, el Afganistán «liberado» vuelve a cultivarlo con más dedicación que antes, hasta tal punto que este cultivo representa actualmente un tercio del PIB de ese país, según el anuncio que hizo el nuevo presidente instalado por el Tío Sam cuando asumió el cargo. Mientras escribo estas páginas, el Tío Sam está lanzando una ofensiva militar renovada contra los talibanes sin mencionar ahora para nada a Bin Laden. Y otra vez el inocente Irak vuelve a ser objetivo y víctima del Tío Sam, cuestión sobre la que volveremos más adelante. ¿Quién será el próximo? ¿Irán?, ¿Siria?... No Libia, por supuesto, que ahora acepta obedientemente los tratados petrolíferos con el Tío Sam; ni Corea del Norte, que fabricó la bomba atómica para protegerse precisamente de eso.
Lo siento, olvidé mencionar las que tal vez serían dos alternativas posibles antes de la invasión. Una de ellas es, por supuesto, el patrocinio, organización o incluso un golpe de Estado, de esos de los que la CIA ostenta un orgulloso récord: Irán en 1953, Guatemala en 1954, El Congo en 1960, Vietnam en 1961, Brasil en 1964, Guayana en 1964, Indonesia en 1964-1965, la República Dominicana en 1965, Ghana en 1966, Grecia en 1967, Camboya en 1970, Chile en 1973, Argentina en 1976, otra vez Bolivia repetidas veces, Fiji en 1987, Nicaragua en 1990 mediante «elecciones» bajo amenaza de seguir con la guerra de los Contras, Haití repetidas veces, nuevamente contra la ex marioneta del Tío Sam colocada allí previamente, y todo esto por nombrar sólo unos cuantos de los casos más conocidos (por supuesto, no en casa del Tío Sam).
La otra alternativa es más conocida y se intentó varias veces contra Fidel Castro en Cuba, mediante cigarros explosivos y demás imaginativas «sucias trampas» de la CIA, todo ello infructuosamente. La misma suerte tuvo el bombardeo de la tienda del coronel Gadafi en el que murió su hija. Sin embargo, nuestro buen Sr. Perkins relata un intento exitoso de la CIA: «Los japoneses querían financiar y construir un canal a nivel del mar en Panamá. [el presidente Omar] Torrijos habló con ellos al respecto, lo cual puso muy nerviosa a la Bechtel Corporation, cuyo presidente era George Schultz, y que tenía como consejero a Casper Weinberger. Cuando Carter quedó fuera de juego (y la forma en que esto sucedió realmente también es una historia interesante), al perder las elecciones, y llegó Reagan nombrando a Schultz secretario de Estado y a Weinberger secretario de defensa, ambos, como hombres de la Bechtel, estaban furiosos con Torrijos. Trataron de renegociar el Tratado del Canal y, ni que decir tiene, con los japoneses. Torrijos se negó rotundamente.
Era un hombre de principios. Tenía sus problemas, pero era un hombre de sólidos principios, una persona realmente sorprendente. Tanto que murió cuando se estrelló su avión que estaba conectado a un grabador con explosivos en su interior que... yo estaba allí. Había estado trabajando con él. Sabía que nosotros, los brillantes financieros, habíamos fracasado. Sabía que los chacales lo estaban cercando, y lo siguiente fue que su avión explotó con un grabador que tenía una bomba dentro. A mí no me queda ninguna duda de que fue planeado por la CIA, y muchos investigadores latinoamericanos, la mayoría, llegaron a la misma conclusión. Por supuesto, de eso jamás oímos hablar en nuestro país.» ( http://www.democracynow.org/article.pl?sid=04/11/09/1526251 ).
Torrijos había firmado previamente un tratado con el presidente Carter en el que se establecía el traspaso del Canal de Panamá a... ¡A Panamá! Un somero examen permite ver que ser un amigo o instrumento político demasiado bueno del Tío Sam también puede ser una de las cosas más arriesgadas, es decir, más descabelladas, que puede hacer cualquier hombre de Estado, ya que puede tener como consecuencia su sentencia de muerte política o física después de que el Tío Sam lo apuñale por la espalda. Como ya hemos señalado, un sucesor de Torrijos se encuentra actualmente en una prisión del Tío Sam después de haber prestado leales servicios y de haberse hecho una foto, sonriente, con George Bush (padre).
Pero la fila es larga y se extiende por todo el mundo desde los años cincuenta y sesenta: Rhee en Corea, Diem en Vietnam, Trujillo en la República Dominicana, Somoza en Nicaragua, prácticamente todos en Haití, desde Papá y Baby Doc al sacerdote Aristide instalado por Clinton y retirado por Bush, el Sha de Irán, puesto allí después del golpe de Estado de la CIA en 1953 contra Mossadeq después de que éste hubiera nacionalizado el petróleo iraní y se lo hubiera dejado de lado cuando dejó de ser útil, tal como sucedió con Mobutu después de tres décadas en el Zaire, o con Saddam Hussein -el propio Rumsfeld había ido a verlo dos veces en su encarnación anterior como secretario de Defensa- o con Milosevic en Yugoslavia, que era el aval necesario y fiable del Acuerdo de Dayton en Bosnia, y, por supuesto, con los talibanes a los que el Tío Sam preparó y puso en el Gobierno de Afganistán, y eso por no mencionar a un tal Osama Bin Laden, que también sirvió allí al Tío Sam.