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Sistema 186 Sistema

El Tío Sam al desnudo

por Andre Gunder Frank
Sistema nº 186, mayo 2005

Número de páginas: 12
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Sin embargo, también hay otros en el mundo que no se sienten (¿todavía?) metidos en un callejón sin salida. De manera calculada, justo antes de las elecciones del Tío Sam en 2004, uno de ellos lo dijo bien alto al mundo en una grabación de vídeo difundida por los medios de comunicación. Parece haber tenido menos eco público en su principal destinatario, el Tío Sam, que tendría que haber sido el más interesado porque fue nada menos que el propio Bin Laden quien anunció que «iba a arruinar al Tío Sam!». A la vista de la deliberada ceguera del Tío Sam respecto de las convulsiones de los cimientos exteriores de su mundo real, una quiebra tan global en el exterior no debe de ser más difícil de preparar de lo que lo fue derribar en su propia casa el símbolo de las Torres Gemelas.
EL PENTÁGONO ES LA MAYOR ECONOMÍA PLANIFICADA DEL MUNDO PARA REDISTRIBUIR LOS INGRESOS DE LOS POBRES ENTRE LOS RICOS DE SU PAÍS Y EN EL EXTERIOR CHANTAJEAN A LOS AMIGOS Y A LOS ENEMIGOS PARA QUE HAGAN LO MISMO
Entretanto, allá en la granja, como se denomina a Tejas, ¿qué hace el propio Tío Sam alegremente con los ahorros y el dinero del mundo duramente ganado? Sus consumidores siguen consumiéndolo en exceso sin que el 99,9 por 100 sepa lo que está haciendo, porque casi nadie se lo dice. Y el Gobierno del Tío Sam usa gran parte de su incremento de cientos de millones de dólares para el Pentágono. Ese dinero no se gasta en pagar a sus pobres soldados profesionales, que proceden principalmente de los pequeños pueblos rurales de EEUU y echan mano del único trabajo que pueden conseguir, ni mucho menos se gasta en atender a sus desventurados reservistas.
Le dijeron a Rumsfeld en Kuwait que ni siquiera los había pertrechado con equipamiento suficiente y seguro. Rumsfeld replicó: soy una persona mayor, acabo de levantarme y necesito tiempo para poner mis ideas en orden. Pero en casa, en el Pentágono, Rumsfeld no hizo frente al problema. Allí sabe muy bien lo que está haciendo, privatizando la guerra tanto en Irak como en EEUU. El complejo militar-industrial contra el que nos previno el general Eisenhower en su discurso presidencial de despedida, en 1958, sigue vivito y coleando más que nunca bajo la dirección del «Vice» Presidente Cheney y de su sordo secretario de Defensa.
Con sus respectivas tareas desastrosamente bien hechas, ambos han sido confirmados para un segundo periodo. También lo ha sido Paul Wolfowitz «de Arabia» que junto con Douglas Feith forma el dúo del Pentágono que fue a Israel. (En relación con este último, el diario alemán Der Spiegel del 20 de diciembre de 2004 pone en boca de Tommy Franks, que fue el comandante de la invasión de Irak, las siguientes palabras: «es el mayor idiota profundo que hay sobre la faz de la Tierra, y con él tengo que luchar casi a diario».)
Entre 1994 y mediados de 2003, el Pentágono del Tío Sam firmó alrededor de 3.000 contratos valorados en más de 300.000 millones de dólares con 12 empresas militares privadas del Tío Sam de las 35 calculadas por The New York Times, algunas de las cuales son pequeñas y ofrecen servicios de mercenarios. Pero más de 2.700 de esos contratos se otorgaron a sólo dos empresas: Kellogg Brown & Root (KBR), subsidiaria de la Halliburton de Cheney, y Booz Allen Hamilton (Center for Public Integrity's International Consortium of Investigative Journalists, citado en el correoe de Mafruza Khan, del 16 de agosto de 2003). En Irak, estas empresas militares privadas tienen ahora tantos mercenarios como tropas tienen el Tío Sam y el Reino Unido juntos. Pero no cabe duda de que esto son sólo patatas «pequeñas», dado que el grueso del dinero del Pentágono lo dedica el Tío Sam a comprar costosos sistemas de armas exclusivamente a los cuatro mayores contratistas de la «Defensa» del Tío Sam y a sus congéneres de la Halliburton del vicepresidente Cheney. Luego, el Tío Sam usa estas armas unilateralmente para forzar a otros mediante la amenaza armada y el chantaje, y si no basta con eso, para invadir el mundo que suministró el dinero en primer lugar. Después de todo, el Tío Sam tiene que hacer lo que sea necesario para mantener el flujo de entrada del dinero.
MANTENER LA «CARGA DEL HOMBRE BLANCO» PARA DEFENDER SU «CIVILIZACIÓN». LA LEY DE OCCIDENTE ES LA LEY DE LA PATRULLA DE VIGILANCIA DE LOS SPAGHETTI WESTERN
El unilateralismo del Tío Sam no está tan aislado como con frecuencia se supone equivocadamente. Se proclama la lucha por la «libertad» (¿la de quién? podríamos preguntarnos) y por la «salvación de la civilización», como lo hacen todos los días el Tío Sam presidente Bush y su más elocuente portavoz del Reino Unido, Tony Blair. La forma más fácil de «salvar» la civilización fue el haber abolido en un día el don más preciado, que es todo el corpus jurídico de leyes internacionales para mantener la paz, que a Occidente le costó siglos desarrollar, y hacerlo descaradamente para sus propios intereses imperiales. A pesar de todo, era la mejor y la única ley internacional que teníamos y en definitiva mucho mejor que no tener ninguna. Ahora, la única «Ley de Occidente» que nos queda es, desde luego, «la Ley del Oeste»: la ley de las patrullas de vigilancia de los spaghetti western que, con o sin un juez connivente, toman la «ley» en sus propias manos para formar un grupo de linchamiento.
Luego persiguen a quien quieren, donde quieren y cuando quieren. Que Dios nos coja confesados porque ahora, en el mundo real, las patrullas autoconstituidas operan «fuera de jurisdicción» a una escala mucho mayor de lo que podría haber imaginado jamás cualquier película del spaghetti western .
Eso significa también el vaciamiento y la paralización de las Naciones Unidas que se establecieron para salvaguardar la paz, aunque el Tío Sam siempre las recompone después de sus propias guerras para recoger los pedazos de Yugoslavia, Afganistán y ahora Irak. Pero hacer esto significa también engañar, amenazar, engatusar y chantajear a los demás -amigos o enemigos, indistintamente- para alcanzar sus objetivos en cada caso, tanto grandes como pequeños. Ha formado a todo un ejército de funcionarios para hacerlo. De ese modo, el Tío Sam «unilateralmente» hace valer su todavía aparente poder en las demás instituciones internacionales, que se ocupan de asuntos que van desde la agricultura y la aviación hasta la zoología. Pero el Tío Sam extorsiona para conseguir ventajas reales unilaterales para sí mismo, sobre todo a través de sus relaciones bilaterales. Por ese motivo la OMC ya nació muerta.
Desde luego, el Tío Sam prefiere ahora tratar las relaciones bilaterales unilateralmente, a medida que se aísla cada vez más en el contexto internacional. Así puede ejercer todavía más poder de negociación militar, político y económico sobre cada una de sus víctimas de lo que le sería posible sobre todas a la vez o sobre algunas en las instituciones internacionales.
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