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Sistema 186 Sistema

El Tío Sam al desnudo

por Andre Gunder Frank
Sistema nº 186, mayo 2005

Número de páginas: 12
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Ese sigue siendo el caso de China, para la cual una confrontación financiera con el Tío Sam sería un mal que reportaría algo bueno: eso obligaría a China a cambiar la trayectoria de la política económica y en lugar de entregar sus bienes por nada al Tío Sam, volcar la producción y el consumo hacia adentro, hacia su propio y pobre país y hacia los del Este Asiático, y todo esto se podría y se debería hacer ya; esto último, China ya ha empezado a hacerlo hace poco, pero no lo primero. ¿Qué pasaría, pues, con los ricos que ocupan la parte superior de la pirámide de Ponzi del Tío Sam si desapareciese la confianza de los bancos centrales más pobres y de los exportadores de petróleo que ocupan la parte intermedia, y si los más pobres entre los pobres de todo el mundo, confiados o no, no pudiesen seguir haciendo sus pagos iniciales en la base? La estafa de la pirámide de Ponzi del Tío Sam se hundiría -¿o se hundirá?- como les ocurrió anteriormente a todos esos planes, sólo que esta vez con un gran estallido mundial. Reduciría la actual demanda mundial de consumidor de última instancia del Tío Sam a una escala mundial real(ista) y dañaría a muchos exportadores y productores de todo el mundo. De hecho, puede implicar una reorganización fundamental total de la economía política mundial regida actualmente por el Tío Sam.
EL TIGRE DE LOS DÓLARES DE PAPEL DEL TÍO SAM PLANTEA UN DEMENCIAL CALLEJÓN SIN SALIDA GEOPOLÍTICO
Desde luego, el hundimiento del dólar significaría una caída en picado al implicar el impago de la deuda del Tío Sam. Por eso, también provocaría simultáneamente la pérdida de sus activos en dólares de todos los extranjeros y de los ricos estadounidenses.
Ellos están tratando desesperadamente de salvar todo lo que puedan para no hundirse, es decir, para no arruinarse. O lo que es lo mismo, están tratando de proteger el resto de sus inversiones en dólares manteniendo la vigencia de sus dólares mediante la prolongación de la vida de la burbuja. Todo este asunto del mantenimiento de la Pirámide de Ponzi del Tío Sam plantea el mayor y el más demencial de los callejones sin salida del mundo.
Razón de más para que DEBAMOS resolverlo. Pero la salida del callejón no tiene por qué ser como un aterrizaje suave. Indudablemente puede resultar dura. El desmoronamiento de la pirámide de Ponzi del Tío Sam costará mucho y los mayores costes recaerán como de costumbre sobre los más pobres, que son los menos capaces de soportarlos, pero que son también los que menos pueden evitar que los obliguen a hacerlo. Y la históricamente necesaria transición desde la rosquilla controlada por el Tío Sam puede precipitar al mundo entero en la depresión más profunda que jamás haya conocido. Sólo el Este Asiático está en una posición relativamente buena para salvarse de caer al precipicio, pero aun así después de haber pagado un elevado coste por esta transición ¡hacia sí mismo!
Sin embargo, el mundo se enfrenta a un callejón sin salida geopolítico y militar global todavía más demencial. Ahí sigue la gran incógnita, tal vez indescifrable. ¿Cómo reaccionaría (¿reaccionará?) el Tío Sam como un Tigre de Papel (moneda) herido por un desmoronamiento de la estafa de la pirámide Ponzi gracias a la cual él y los millones de tíos Sam se han dado la buena vida? Para compensar la reducción de pan y de derechos civiles, pero el aumento de los actos de patriotismo en casa, un Tío Sam más chauvinista puede montar en el exterior el circo de la Tercera Guerra Mundial. Un derrumbe del dólar acabará con el soporte financiero y esto desalentará a sus víctimas extranjeras de seguir pagando las nuevas aventuras del Pentágono en el exterior. Pero todavía podría hacer algunas guerras más con las armas que le quedarían y aumentar todavía más en casa el déficit militar de un Gobierno de corte keynesiano, también para las nuevas y «pequeñas» bombas atómicas que está preparando para la ocasión. Ese podría muy bien ser el horroroso coste para el mundo de las actuales políticas de «defensa de la libertad y la civilización». El callejón sin salida por excelencia es que casi nadie, salvo Osama Bin Laden, quiere correr el riesgo.
Pero esa transición no sería (¿será?) históricamente nueva. Recordemos cuánto costó la transición hacia el Tío Sam: una guerra mundial de 30 años, entre 1914 y 1945, con la intercalación de la segunda Gran Depresión en un siglo en el que se perdieron más de 100 millones de vidas en las guerras, más que en todas las de la historia juntas, por no hablar de los (¿cientos?) de millones que literalmente sufrieron y murieron innecesariamente de hambre y enfermedades. Ahora bien, la anterior transición hacia la British Major Bull nos costó las guerras napoleónicas, la gran depresión de 1873-95, el colonialismo y el semicolonialismo, por nombrar sólo algunos, y todos sus costes humanos. Estos últimos coinciden con los cambios climáticos de El Niño, los más acusados de los dos últimos siglos, que asolaron a los indios, a los chinos y a muchos otros con hambrunas. Pero éstas fueron, a su vez, exageradas por las potencias coloniales imperiales que lo usaron en su propio interés, por ejemplo aumentando las exportaciones de trigo de la India especialmente durante los años de hambruna.
Los paralelismos con nuestra época, incluyendo también un nuevo aprovechamiento de los renovados y más fuertes El Niño un siglo después, son demasiado horripilantes y generan tanta culpa que nadie se atreve a establecerlos. Entre estos paralelismos está el «ajuste estructural» del Tío Sam impuesto por el FMI, que ha obligado a los campesinos mexicanos a comerse el cinturón que el FMI desea que se aprieten todavía más. Tres millones de muertos, y sigue el recuento en Ruanda y Burundi, y luego algunos más en el vecino Congo, fueron el producto de las restricciones impuestas por el FMI y de la cancelación previa, por parte del Tío Sam, del Acuerdo Cafetero que había mantenido el precio a estos productores . Y ahora, es decir, a partir de la muerte de Lumumba a manos de la CIA, del ascenso de Kosavubu en Katanga en 1961, e incluso desde que el Congo era la reserva privada del rey de Bélgica en el siglo XIX , asistimos a la disputa por el oro y a su producción y venta para el Fort Knox del Tío Sam, y ahora también por el titanio para poder comunicarnos mediante teléfonos móviles, por los diamantes para siempre, y así sucesivamente.
El Tío Sam también se aprovechó de otro grave acontecimiento del estilo de El Niño, que asoló el Sudeste de Asia, y muy especialmente Indonesia, y de la crisis financiera de 1997, que el Tío Sam convirtió deliberadamente en una depresión económica. Fue de tal magnitud que barrió de su puesto al presidente Suharto, a quien había instalado en el poder el Tío Sam treinta años antes mediante un golpe de Estado de la CIA contra el popular padre de la independencia de Indonesia, Sukarno. Eso había costado al menos medio millón de vidas, además una cifra aproximada de un millón de vidas que Suharto se cobró directamente, a lo que hay que sumar la pobreza generada por la infame «mafia de Berkely» de la que se rodeó para llevar a la economía indonesia al desastre. Entre los paralelismos con el pasado están también la degradación medioambiental y el desplazamiento de los daños ecológicos desde los países ricos que los generan hacia los países pobres del Tercer Mundo, que soportan la mayor carga. Y desde luego, no podemos olvidar la Tercera Guerra Mundial (la tercera después de la segunda y que se libró en el Tercer Mundo) que papá Bush inició contra Irak en 1991 [(véase mi «Third World War») http://rrojasdatabank.info/agfrank/gulf_war.html http://rrojasdatabank.info/agfrank/nato_kosovo/msg00080.html ].
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