Al día siguiente de haber escrito lo que antecede leí en el Economist (11-17 de diciembre de 2004, pág. 50) un informe sobre la reunión previa a la cumbre de la ASEAN _ 3 en Malaysia. Su Primer Ministro anunció que dicha cumbre sentaría las bases para una Comunidad del Este de Asia, EAC, que «configurará una zona de libre comercio y cooperación financiera, y firmará un pacto de seguridad... que transformaría al Este de Asia en un bloque económico cohesionado... De hecho, algunos de estos planes ya están en marcha... China, en su calidad de primera potencia regional tanto económica como militar, ejercerá su influencia... y albergará la segunda Cumbre del Este Asiático». El informe prosigue recordando que en 1990, el Tío Sam echó abajo una iniciativa anterior por miedo a perder influencia en la región. Ahora el informe se titula «Yanqui, quédate en casa».
¿Qué pasaría si, como se viene temiendo desde hace mucho tiempo, los exportadores de petróleo dejasen sencillamente de establecer sus precios en un dólar en permanente devaluación, y se decidiesen a adoptar el pujante euro o una cesta de monedas del Este Asiático? Pues que eso reduciría de un golpe la demanda mundial de dólares y el precio de esa moneda, obligando a todo el que quisiera comprar petróleo a comprar y aumentar la demanda del euro o del yen/yuan en lugar del dólar. Hundiría al dólar y acabaría con el Tío Sam de un solo golpe cuando los poseedores extranjeros e incluso nacionales de dólares vendiesen la mayor cantidad que pudieran tan rápido como les fuera posible y los bancos centrales de otros países se llevarían sus reservas en dólares fuera del inseguro paraíso del Tío Sam. Eso hundiría todavía más al dólar y, desde luego, pararía definitivamente el flujo de entrada de dólares en la casa del Tío Sam alimentado por los extranjeros que han estado financiando su irresponsable consumismo. Como quiera que la venta de petróleo a cambio de dólares en declive en lugar de pujantes euros es, evidentemente, un mal negocio, los mayores exportadores de petróleo del mundo de Rusia y de la OPEP están considerando realmente dar un paso así. Entre tanto, han aumentado el precio en dólares del petróleo de tal modo que en euros ha permanecido casi estable desde 2000. Hasta ahora, muchos exportadores de petróleo y otros que no lo son siguen colocando su creciente volumen de dólares con el Tío Sam, por más que en la actualidad ofrece un paraíso cada vez menos atractivo y cada vez más inseguro, pero Rusia está comprando cada vez más euros con parte de sus dólares.
Así pues, muchos bancos centrales de diferentes países han empezado a colocar una parte cada vez mayor de sus reservas en euros y en divisas distintas a los dólares del Tío Sam. Ahora, incluso su mejor amigo, el Banco Central de China, el país más amigo del Tío Sam por necesidad, ha empezado a comprar algunos euros. La propia China ha empezado también a usar algunos de sus dólares -en la medida en que se los aceptan- para comprar bienes reales a otros países asiáticos y miles de toneladas de acero a Brasil, etcétera. El presidente de este país visitó China recientemente al frente de una nutrida delegación económica, y el presidente chino acaba de visitar Argentina. También van detrás del petróleo africano y de los minerales de Sudáfrica.
EL TÍO SAM Y SU ECONOMÍA SON REALMENTE UNA ROSQUILLA
Todos los esquemas de Ponzi levantan una pirámide financiera. Muchos de los que pagan para entrar en ellos proceden ya de un mundo financiero, pero otros necesitan obtener sus pagos iniciales mediante ingresos provenientes de la producción en el mundo real. En el mundo actual de las transacciones financieras, que cada día son cien veces más que todos los pagos juntos por bienes y servicios reales, los financieros dejan en la sombra a los reales, ocultos por el brillo de los primeros. Además, para sobresimplificar un asunto muy complejo y ponerlo en un lenguaje más accesible a los legos, las opciones, los derivados, las operaciones cruzadas y otros recientes instrumentos financieros han ido todavía mucho más allá en la composición de los intereses ya compuestos sobre las propiedades reales en las cuales se basan sus apuestas y sus deudas, lo cual ha contribuido al crecimiento espectacular del mundo financiero. Sin embargo, la pirámide financiera que ahora vemos en todo su esplendor y brillantez, especialmente en la casa del Tío Sam, que es su centro, sigue asentada sobre la base de un mundo real productor _ mercantil _ consumidor, por más que el mundo financiero también proporciona créditos para las transacciones de ese mundo real.
Ahora tenemos que mirar al mundo como si fuera una rosquilla, semejante a tantas ciudades del cinturón industrial del Tío Sam. El centro está abandonado y vacío debido a que la producción y el consumo se han desplazado hacia los suburbios circundantes (en el Detroit de la industria automotriz, los escaparates de la principal galería comercial, la Hudson, han estado tapados durante años, a pesar de que Detroit ha construido un costoso «Renaissance Center» para repoblar su centro urbano, proceso que ha tenido «éxito» en algunas otras ciudades). La abandonada Flint de la General Motors es el punto de partida de Michael Moore, que la refleja en películas que van desde (el ejecutivo de GM) «Roger y yo» hasta «Fahrenheit 9-11» . Podríamos observar el mundo entero como si se tratara de una rosquilla, con el Tío Sam en su conjunto ocupando el agujero central, que casi no produce nada que se pueda vender fuera. Las principales excepciones son los bienes del agro y el equipamiento militar que están muy subvencionados por el Gobierno del Tío Sam y que pagan sus propios contribuyentes y la máquina de imprimir dólares, y aun así arrastra un déficit presupuestario de más de 600.000 millones de dólares.
La GRAN diferencia en lo que se refiere a esta rosquilla del Tío Sam es que tanto el presupuesto como el déficit comercial de más de 600.000 millones de dólares están financiados por los extranjeros, como ya hemos visto. El Tío Sam excluiría a la mayor parte de ellos como personas, pero recibe encantado los bienes reales que producen. Como consumidor mundial de última instancia, como ya se ha sugerido, el Tío Sam desempeña esta importante función en la actual división política y económica mundial del trabajo: todos los demás producen y necesitan exportar, y el Tío Sam consume y necesita importar.
El hundimiento del dólar hundiría (¿o hundirá?) la totalidad de la rosquilla económica y política que envuelve y organiza al mundo y lanzaría a cientos de millones de personas, sin mencionar a los incontables millones de dólares y a sus poseedores, a un torbellino de consecuencias no calculadas y tal vez incalculables. Mucha gente, tanto si está arriba como si está abajo en el tótem mundial, tiene ante sí el GRAN reto de evitar que eso ocurra, aunque para ello sea necesario seguir inflando al vacío Tío Sam como si fuera un globo. O bien, utilizando un conocido símil, seguir simulando que el emperador desnudo está vestido y enviar a alguien que le haga la pelota.