El otro consejo procede del gran estratega militar Clausewitz: obliga a los países que conquistes a que paguen su propia conquista y administración. Eso fue, desde luego, lo que los británicos hicieron en la India mediante los infames «Gastos Domésticos» que se enviaban a Londres como pago por la administración británica de la India. Incluso los propios británicos reconocían que se trataba de un «tributo» que tuvo mucho que ver con «El Drenaje» de la India hacia el Reino Unido. Pero sin duda es más eficiente dejar que los propios Estados de los países extranjeros se administren por sí mismos (los británicos lo llamaron «gobierno indirecto»), según las normas establecidas e impuestas por el Tío Sam a través del FMI, y luego efectuar el drenaje del servicio de la deuda. También en eso han sentado un precedente los británicos en el siglo XIX con los Estados «independientes». A partir de entonces se le llamaría el «imperialismo del libre comercio». Mientras las normas funcionan todo va bien. Cuando no funcionan puede resultar muy útil un toque de diplomacia de las cañoneras, y el Tío Sam ya aprendió a usarla a comienzos del siglo XX . Cuando no basta con eso, la siguiente opción es invadir y, si es necesario, ocupar, y luego atender a la norma de Clausewitz de que paguen las víctimas su propia ocupación. Más adelante mostraremos numerosos ejemplos recientes de esto y prestaremos especial atención a la actual situación de Irak. Mientras escribía, y después de escribir lo que antecede, recibí el siguiente mensaje por el correo electrónico: «Confesiones de un brillante hombre de negocios: Cómo utiliza USA la globalización para estafar billones a los países pobres. Hablamos con John Perkins, antiguo y respetado miembro de la comunidad bancaria internacional. En su libro Confessions of an Economic Hit Man describe cómo un profesional tan bien pagado como él ayudó a EEUU a estafar a los países pobres de todo el mundo billones de dólares prestándoles más dinero del que podían devolver y cómo luego tomó el control de sus economías.
JOHN PERKINS: Básicamente se nos formó para forjar el imperio estadounidense y ése es nuestro trabajo. Fomentar, crear situaciones que propicien el encauzamiento de la mayor cantidad posible de recursos hacia nuestro país, hacia nuestras corporaciones y hacia nuestro Gobierno, y efectivamente hemos tenido un gran éxito. Hemos consolidado el mayor imperio de la historia del mundo... básicamente a través de nuestra manipulación económica, a través de la estafa, del fraude, de la atracción de la gente hacia nuestro modo de vida, con el concurso de los brillantes hombres de negocios. Yo tomé parte activa en todo eso... Inicialmente fui reclutado mientras estudiaba en una facultad de empresariales, a finales de la década de 1960, por la Agencia Nacional de Seguridad, la organización de espionaje más grande y menos comprendida del país... y luego [ella] nos puso a trabajar en empresas privadas de consultoría, despachos de ingeniería, compañías constructoras, de tal modo que si nos descubrían no se pudiera encontrar conexión alguna con el Gobierno...
Me convertí en su principal economista. Acabé teniendo a mis órdenes a cincuenta personas. Pero mi verdadero trabajo era hacer negocios, conceder préstamos a otros países, préstamos gigantescos, muy por encima de la capacidad de devolución de esos países. Una de las condiciones de los préstamos -digamos de mil millones de dólares a países como Indonesia o Ecuador- era que el país tenía que devolver el 90 por 100 del préstamo a una empresa o a varias empresas estadounidenses... Halliburton o Bechtel.... En la actualidad, un país como Ecuador debe dedicar alrededor del 50 por 100 de su presupuesto nacional a cancelar esta deuda. Y la verdad es que no puede hacerlo.
De ese modo, los tenemos literalmente con el agua al cuello. Por eso, cuando necesitamos más petróleo nos dirigimos a Ecuador y le decimos: "Como está visto que no podéis pagar vuestras deudas, vais a tener que entregar a nuestras petroleras vuestra selva amazónica, que es rica en petróleo." Y en la actualidad estamos empezando a destruir la selva del Amazonas, forzando a Ecuador a entregárnosla porque han acumulado esa deuda con nosotros... [Trabajamos] muy, pero que muy en contacto con el Banco Mundial, que es el que suministra, junto con el FMI, la mayor parte del dinero que emplean los brillantes hombres de negocios.» ( http://www.democracynow.org/article.pl?sid=04/11/09/1526251 ).
EL TÍO SAM CONSUME Y CONTROLA EL PETRÓLEO
En último lugar, aunque no por ello menos importante, los productores de petróleo colocan sus ahorros con el Tío Sam. Con la «crisis» del petróleo que recuperó su precio real después de que su valoración en dólares hubiera caído en 1973, el siempre astuto Henry Kissinger estableció un acuerdo con el mayor exportador de petróleo del mundo, Arabia Saudita, según el cual seguiría cotizando el petróleo en dólares, y estas ganancias se depositarían en la casa del Tío Sam, que las compensaría parcialmente con pertrechos militares. Ese acuerdo se amplió de facto a toda la OPEP y siguió en vigor, salvo en los momentos previos a la invasión de Irak, en que este país decidió de repente establecer los precios de su petróleo en euros e Irán amenazó con hacer lo propio. Corea del Norte no tiene petróleo, pero comercia enteramente en euros. Esos tres países constituyen el «eje del mal». En la actualidad, Venezuela es uno de los principales proveedores de petróleo del Tío Sam y también suministra una cierta cantidad a precios preferentes, por la vía del intercambio comercial al margen del dólar, a países como Cuba. Por ese motivo, el Tío Sam patrocinó y financió a los comandos militares de su vecino Plan Colombia, promovió un golpe de Estado ilegal y, cuando éste falló, un referéndum legal tratando por todos los medios de provocar un «cambio de régimen» también allí; y ahora, junto con Brasil, a los tres países se los está empezando a considerar como otro «eje del mal».
Después de haber escrito esto, me encontré con que el bueno del Sr. Perkins, el [brillante] hombre de finanzas, también estuvo en Arabia Saudita: «Efectivamente, fue una etapa fascinante. Lo recuerdo bien... el Departamento del Tesoro me contrató junto con un pequeño grupo de brillantes hombres de negocios. Viajamos a Arabia Saudita... Allí redactamos ese acuerdo por medio del cual la Casa Real Saudita accedía a enviar la mayoría de sus petrodólares a Estados Unidos y a invertirlos en bonos del Gobierno. El Departamento del Tesoro emplearía los intereses de estos bonos en contratar a empresas estadounidenses para construir Arabia Saudita -nuevas ciudades, nuevas infraestructuras- y así lo hicimos. Y la monarquía saudita se comprometió a mantener el precio del petróleo dentro de unos límites razonables para EEUU, lo cual hizo a lo largo de todos estos años, mientras que nosotros nos comprometimos a mantener a la dinastía saudita en el poder mientras ellos siguiesen cumpliendo sus compromisos, cosa que también hicimos, y ésa fue una de las razones principales por las que entramos en guerra con Irak. Y en Irak intentamos aplicar la misma política que tan buenos resultados nos había dado en Arabia Saudita, pero Saddam Hussein no compró la idea. Cuando los brillantes financieros fallan en este escenario, el siguiente paso es el que nosotros llamamos el de los chacales. Los chacales son gente autorizada por la CIA que trata de promover un golpe de Estado o una revolución. Si esto tampoco funciona, provocan algunas muertes. O tratan de hacerlo. En el caso de Irak, no fueron capaces de derrocar a Saddam Hussein. Contaba con unos guardaespaldas demasiado buenos. Además, tenía dobles. No le pudieron echar mano.