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Sistema 186 Sistema

El Tío Sam al desnudo

por Andre Gunder Frank
Sistema nº 186, mayo 2005

Número de páginas: 12
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La cacareada productividad de la «nueva economía» de Clinton de la década de 1990 quedó reducida a los ordenadores y a las tecnologías de la información (TI), e incluso eso demostró ser un engaño cuando la burbuja de las punto com estalló. Además, no sólo el aparente aumento de los «beneficios», sino también el de la «productividad» se incrementaban, en el fondo, debido a la eficacia de los trabajadores de las fábricas, de las oficinas y de la venta o gracias a las jornadas de trabajo ampliadas. WALMART obliga a sus trabajadores¡ no sindicados (de los otros no tiene ninguno), bajo la amenaza del despido, a «marcar la salida» y regresar al trabajo sin compensación económica. En el nivel más alto, la productividad y los beneficios fueron impulsados por la «contabilidad creativa» aplicada por Enron, Worldcom, Arthur Andersen y otros por el estilo que incurrieron en falsificaciones documentales.
EL TÍO SAM NO TIENE SALVACIÓN. ESTÁ ENGANCHADO AL CONSUMO Y A OTRAS DROGAS
¿Y eso por qué?, podríamos preguntarnos. La respuesta es muy simple: porque el Tío Sam, que cada vez está más enganchado al consumo, por no hablar de otras drogas más duras, ahorra poco más del 0,2 por 100 de sus propios ingresos. El gurú de la Reserva Federal, que tan pronto aparece como desaparece, doctor de la magia financiera y de los medios, Alan Greenspan, observó recientemente que esto es así, porque el 20 por 100 de los Tíos Sam más ricos, que son los únicos que ahorran realmente, han reducido sus ahorros a un 2 por 100. Pero incluso estos enclenques ahorros (otros países incluso más pobres ahorran e invierten el 20, el 30 y el 40 por 100 de sus ingresos) resultan más que compensados por el déficit del 6 por 100 del gasto del Gobierno del Tío Sam, tan generosamente gastado en nombre de ellos. Esto es el resultado de la media entre los dos con respecto a ese 0,2 por 100. Es así como el Tío Sam tiene un déficit presupuestario reconocido de más de 400.000 millones de dólares, que en realidad son más de 600.000 millones si contamos, como debe ser, los más de 200.000 millones que «toma prestados» del superávit temporal de su propio fondo para la Seguridad Social Federal, que también está llevando a la bancarrota [ 1 ] . Pero eso carece de importancia, pues el Tío Sam presidente Bush acaba de prometernos la privatización de gran parte de ella dejando que los ciudadanos compren su propia «seguridad» para la vejez en el siempre inseguro mercado.
El rico Tío Sam, y en primerísimo lugar los más ricos entre sus asalariados y consumidores y, desde luego, el propio Gran Tío de Washington, viven a costa de los demás países. Además de imprimir la moneda del mundo, el Tío Sam hace lo mismo con sus «déficit gemelos», primero su presupuesto de más de 600.000 millones de dólares y luego el arriba mencionado y relacionado déficit comercial de más de 600.000 millones de dólares, ahora a una cifra anual de 666.000 millones, el mes de diciembre de 2004, como ya vimos. Con ellos, el Tío Sam absorbe los ahorros de los demás países que -muy a menudo- están muy lejos de la opulencia. En particular, sus bancos centrales colocan buena parte de sus reservas en la divisa mundial, que es el dólar, en manos del Tío Sam de Washington y algunos también en dólares en su propio país. Sus inversores privados envían a Wall Street, o compran allí, activos en dólares, con la total confianza de que están colocando sus recursos en el paraíso más seguro del mundo, el del Tío Sam (que, por supuesto, es parte del antes mencionado fraude de confianza). Sólo de los bancos centrales se reciben sumas anuales de alrededor de 100.000 millones de dólares de Europa, alrededor de 100.000 millones de la pobre China, 140.000 millones del superahorrador Japón y una cantidad de decenas de miles de millones de muchos otros países de todo el mundo. En esto se incluyen los inversores y los bancos del empobrecido Tercer Mundo.
CÓMO CREA Y COBRA EL TÍO SAM LA DEUDA DEL TERCER MUNDO
Además, el Tío Sam obliga a los Estados del Tercer Mundo a actuar como agencias recaudadoras o incluso como matones recaudadores, entendiendo por matones los enviados para recuperar la propiedad del padrino por cualquier medio. Sólo que en este caso ni siquiera es eso, porque se está llevando algo nuevo, dado que la deuda original hace mucho tiempo que fue pagada. Los Estados cobran tasas e impuestos a la población, pero reducen el gasto social en educación y salud dentro de los países para desviar esos fondos al pago de la deuda externa. También piden prestado al capital privado nacional a altos tipos de interés que el Estado paga a los ricos prestamistas, pero a costa de los impuestos que les cobra a los pobres. De ese modo, los ingresos se «reciclan» de los pobres hacia los ricos dentro de cada país y de éstos, a través de la deuda externa, hacia los todavía más ricos del exterior. Estos ahorros, literalmente forzosos, de los pobres se envían luego al Tío Sam bajo la forma de «servicio» de la deuda en dólares contraída con él.
La privatización es el nombre del juego, lo mismo en el Tercer Mundo que en todas partes ¡salvo en lo tocante a la deuda! Sólo la deuda se socializó después de haberla generado en su mayoría la empresa privada, pero sólo el Estado tiene poder suficiente para exprimir el mayor volumen de pagos atrasados de la piel de sus clases pobre y media y transferírselos como «pagos del servicio de la deuda invisibles» al Tío Sam. Cuando se les dijo a los mexicanos que se apretasen el cinturón todavía más, respondieron que no podían porque ya se lo habían comido el día anterior. Sólo la Argentina y temporalmente Rusia declararon una moratoria efectiva del «servicio» de la deuda y eso sólo cuando ya las medidas económicas políticas, impuestas por los asesores del Tío Sam y su poderoso brazo, el FMI, habían destruido sus respectivas sociedades como no había ocurrido nunca antes en tiempos de «paz». El Secretario del Tesoro del Tío Sam y su criado el FMI siguen pavoneándose alegremente por todo el mundo insistiendo en que el Tercer Mundo, y el ex Segundo Mundo, ahora también Tercero, continúan atendiendo el servicio de sus respectivas deudas externas, especialmente las contraídas con el Tío Sam y el FMI. No importa que con los tipos de interés multiplicados varias veces por el propio Tío Sam después del golpe de la Reserva Federal de Paul Volker, en octubre de 1979, la mayoría haya pagado ya sus préstamos originales entre tres y cinco veces. Para pagar con esos tipos de interés que Volker elevó al 20 por 100, tenían que pedir todavía más a tipos más altos hasta que su abultada deuda externa se duplicó y triplicó. Y eso fue lo que ocurrió con su deuda interna, de la cual se sacaron parte de los pagos exteriores, especialmente en Brasil. Y todo eso ocurre mientras el mismísimo Tío Sam incumple alegremente el pago de su propia deuda externa, como ya lo hizo varias veces en el siglo XIX .
Hablando de eso, puede resultar ilustrativo recordar al menos dos consejos de aquella época: Lord Cromer, que administraba en Egipto los entonces dominantes intereses imperiales británicos, dijo que su instrumento más importante para conseguirlo eran las deudas de Egipto con Gran Bretaña. Estas se habían multiplicado cuando Egipto fue obligado a vender sus acciones del Canal de Suez al Reino Unido para saldar deudas anteriores. El Primer Ministro británico Disraeli explicó y justificó la compra de las mismas sobre la base de que fortalecerían los intereses imperiales británicos. En la actualidad, eso se denomina «canje de deuda por títulos», una de las políticas favoritas más recientes del Tío Sam, que consiste en usar la deuda para adquirir recursos reales provechosos o estratégicamente importantes, como lo fue el Canal para acortar el camino hacia la joya del Imperio Británico, la India.
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NOTAS
  • [ 1 ] Las pocas cifras que no son de disposición general, o del Financial Times del 10 y 15 de diciembre de 2004, y otras fuentes como el International Herald Tribune también del 15 de diciembre y el Economic and Political Weekly (Mumbai, 4 de diciembre de 2004, pág. 5189) están tomadas de «The Economics of Uncle Sam Imperialism at the turn of the 21 st Century» de Gerard Dumenil & Dominique Levy en Review of International Political Economy, 11, 4 de octubre de 2004, págs. 657-676. El autor les está agradecido a ellos en París, a Jeffrey Sommers en Riga, a William Engdahl en Frankfurt y a Mark Weisbrot en Washington por sus útiles y tan citados comentarios. Barry Gills, en Newcastle, insistió en que me refiriese sólo al Tío Sam y propuso la división mundial del trabajo entre los consumidores del Tío Sam y los productores del resto del mundo, y me remitió a Clausewitz. Los lectores deberán estar agradecidos a Arlene Hohnstock por haber hecho legible esta narración. Por supuesto, ninguno de ellos es responsable en absoluto de que los haya usado como una rosquilla. Se pueden encontrar muchas más de mis observaciones, a través de los ojos de aquel niño, en mi página web en rojasdatabank/info/agfrank y por lo que respecta al Tío Sam y otros dentro de él, especialmente en las secciones http://rrojasdatabank.info/agfrank/new_world_order.html y http://rrojasdatabank.info/agfrank/online. html#current .

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