Esta observación también establece una continuidad más allá del otro muro, el que cayó en Berlín en 1989. Porque muestra que la Contención de la Guerra Fría de Mr. X no se planteó sólo, ni siquiera en primer lugar, contra los rusos, sino también para la contención del otro 95 por 100 del mundo y especialmente de la vasta mayoría de los pobres que más sufre la disparidad que él observó. Efectivamente, él sugirió que la Guerra Fría Este-Oeste, de cuyos inicios fue uno de los responsables como embajador del Tío Sam en Moscú, era en gran medida un cheque en blanco para la guerra real del Norte -y especialmente del Tío Sam- contra el Sur por esa mitad, o por la totalidad, de la riqueza mundial. Por eso no debiéramos sorprendernos tanto por que no se haya materializado el erróneamente anticipado «Dividendo de la Paz» después de la caída del muro en 1989. La otra guerra, es decir, la real, continúa, sólo que mediante otras formas o con otras etiquetas, por los «derechos humanos», la «democracia», el «libre mercado» y el «libre comercio», la «libertad» en general y, por supuesto, la «civilización», que no son sino ecos de la «carga del hombre blanco» desde el siglo XIX . Sólo hay que añadir unos cuantos contras más; el primero «el narcoterrorismo» protagonizado por Papá Bush contra Noriega, y ahora mismo el indefinido «terrorismo» a cargo de Bush hijo contra todos los «que no estén con nosotros». Me olvidaba de las «armas de destrucción masiva», las que el Tío Sam ha usado, y usa más que nadie, y también las armas de engaño masivo que el Tío Sam usa sin tasa. Esta es, desde luego, una condición imprescindible de cualquier estafa, y él está detrás de la mayor que se haya producido nunca en el mundo, como comprobaremos hasta la náusea a partir de este punto.
EL TÍO SAM VIVE A CUERPO DE REY Y DEL TRABAJO DE LOS CHINOS
El Tío Sam es el más privilegiado del mundo porque tiene el derecho exclusivo de imprimir la divisa de reserva del mundo a voluntad sin que le cueste nada más que el papel y la tinta con que se imprime. Al hacerlo, también puede exportar a los extranjeros la inflación que genera su irresponsable emisión de dólares. Porque se da la circunstancia de que la cantidad de dólares que circulan por el mundo es casi el triple de los que circulan en la casa del Tío Sam. Además, es el único cuya deuda «exterior» está principalmente denominada en su propia divisa, el dólar. La mayoría de la deuda de los extranjeros está denominada también en dólares, pero ellos tienen que comprar los dólares al Tío Sam con sus monedas nacionales y sus bienes reales.
Así, el Tío Sam simplemente paga a los chinos y a los demás esencialmente con dólares que no tienen ningún valor real salvo el del papel y la tinta. Y así también, especialmente la pobre China, entrega al Tío Sam a cambio de nada el valor de cientos de miles de millones de dólares representados por los bienes reales que produce internamente y que consume el rico Tío Sam. Luego, China se da la vuelta y cambia estos mismos dólares de papel del Tío Sam por otros dólares de papel, también del Tío Sam, llamados Bonos del Tesoro, que incluso tienen menos valor, pero que perciben una tasa de interés. Por lo cual, como ya hemos dicho, nunca se podrán reembolsar ni rescatar ni en su totalidad ni siquiera en parte, y de cualquier modo ya han perdido mucho de su valor para el Tío Sam. En un ensayo escrito algún tiempo atrás, argumentaba yo que el poder del Tío Sam se asienta sólo en dos pilares, los dólares de papel y el Pentágono. Uno se apoya en el otro, pero la vulnerabilidad de cada uno de ellos por separado es también un talón de Aquiles que amenaza la viabilidad del otro. Desde entonces, Afganistán e Irak han demostrado que gran parte de la confianza en el Pentágono no estaba justificada. Eso ha contribuido a reducir la credibilidad y el valor del dólar, lo cual se ha transformado en una reducción de la capacidad del Tío Sam para usar esos dólares con el fin de financiar las aventuras extranjeras de su Pentágono. Véase mi ensayo de 2004, «Golpe de Estado y tigre de papel en Washington, fiero dragón en el Pacífico», que también se ocupa del crecimiento de la producción de China.
http://rrojasdatabank.info/agfrank/new_world_order.html#coup .
Además debemos constatar que las cifras del Tío Sam arriba mencionadas y las que siguen son también literalmente relativas . Hasta tal punto que las relaciones -especialmente con China- siguen favoreciendo al Tío Sam, pero contribuyen a mantener una imagen engañosa. Véase si no lo siguiente: «... un juguete vale 2 dólares cuando sale de una fábrica del Tío Sam en China, es un artículo importado de 3 dólares cuando llega a San Diego. En ese momento le cuesta a un consumidor del Tío Sam 10 dólares en Wal-Mart y la economía del Tío Sam registra 10 dólares de venta final, menos los 3 del coste de importación, con lo cual el Tío Sam suma 7 dólares a su Producto Interior Bruto (PIB)» [ mhttp://archives.econ.utah.edu/archives/a-list/2004w07/ msg00083.htm (el texto original leía «Estados Unidos», y no «el Tío Sam». En su versión en inglés: «US», y no «Uncle Sam»)].
Y aún hay más. El siempre astuto Tío Sam lo ha arreglado todo para ganar el 9 por 100 sobre las ganancias de sus haberes económicos y financieros en el exterior, mientras que los extranjeros reciben sólo el 3 por 100 de retorno real de las suyas propias, y sólo el 1 por 100 sobre sus Certificados del Tesoro, invertidos en el País de la Providencia del Tío Sam. Repárese en que esta diferencia del 6 por 100 es ya el doble de lo que el Tío Sam paga, y su percepción del 9 por 100 es el triple del 3 por 100 que retribuye. Por lo tanto, aunque en la actualidad los haberes extranjeros recíprocos de los unos con los otros y de todos con el Tío Sam y en el extranjero están casi equilibrados, el Tío Sam sigue siendo el GRAN ganador de intereses netos, exactamente como cualquier usurero, pero ninguno alcanzó jamás semejante altura en ese negocio.
Pero el Tío Sam también obtiene jugosos beneficios, gracias a todos, de otros haberes en el extranjero, por ejemplo de los pagos del servicio de la deuda de la mayoría de los deudores extranjeros pobres. Las sumas en juego no son una fruslería. Sólo de sus inversiones directas en propiedades extranjeras, los beneficios del Tío Sam ascienden actualmente al 50 por 100 del total de las ganancias del Tío Sam derivadas de todas las actividades nacionales juntas, y si se incluyen los beneficios de otros haberes en el exterior, se elevan ahora al ¡cien por cien de dichas ganancias nacionales! Estos ingresos extranjeros suman más de un 4 por 100 al Producto Interior Neto. Esto ayuda en gran medida a compensar la caída de los beneficios interiores e incluso a elevarlos hasta el nivel de 1972. Es por esto por lo que el Tío Sam no ha realizado inversiones suficientes en bienes reales dentro del país para aumentar la productividad y consecuentemente los beneficios. Ese beneficio extra procedente del exterior también compensa gran parte del déficit comercial del Tío Sam, que sigue en aumento y que se eleva a más de 600.000 millones de dólares anuales (el pasado mes de diciembre alcanzó una tasa anual de 666.000 millones de dólares, según se acaba de anunciar) debido al consumo interno que supera la propia producción nacional. Esto ha dado lugar a los billones de dólares (tres, según se dice) de su deuda externa. Sin embargo, el Tío Sam juega sin mostrar las cartas y es comprensiblemente reacio a realizar cualquier revelación oficial de a cuánto asciende (¿más altura que la del Empire State en billetes de 1.000 dólares?) realmente su deuda externa. Sea como fuere, podemos estar seguros de que esta abultada deuda externa es con mucho la más grande del mundo y sigue siéndolo aunque restemos las deudas que tienen con él los países extranjeros.