Resumen
En este artículo se aborda el papel geopolítico de los Estados Unidos («el Tío Sam») en el entramado internacional. Cuestiones tales como el incremento de la brecha Norte-Sur, la rentabilidad económica obtenida de China, los beneficios logrados con el cobro de la deuda de los países del Tercer Mundo son tratadas críticamente. Especial atención se presta al control que «el Tío Sam» hace del petróleo mundial, la nueva situación del dólar frente a otras monedas pujantes, el papel del Pentágono como agente redistribuidor de los ingresos de los más desfavorecidos en favor de los más ricos, el unilateralismo en materia de política internacional, los nuevos focos de conflicto y las justificaciones que el Gobierno de Bush ha utilizado para la invasión de Irak.
Palabras clave: política internacional, deuda externa, brecha Norte-Sur, unilateralismo de EEUU, control del petróleo, Guerra de Irak.
PRESENTACIÓN DEL TÍO SAM AL DESNUDO
El Tío Sam acaba de faltar a su palabra dejando de pagar hasta el 40 por 100 de sus billones de dólares de deuda externa, y nadie ha dicho nada con la única excepción de una línea que le dedicó estos días The Economist . Hablando sin rodeos, eso significa que el Tío Sam lleva a cabo un fraude mundial con su dólar autosuficiente basándose en la confianza que ha obtenido y recibido del resto del mundo, y es un gorrón en la medida en que no hace honor a su deuda devolviendo el dinero que ha recibido. La cantidad que perdamos en nuestra apuesta por el dólar depende de cuánto hayamos pagado originalmente por él los acreedores. El Tío Sam dejó caer su dólar, o más bien lo hizo caer, mediante sus medidas económicas políticamente deliberadas, hasta en un 40 por 100, pasando de un euro a 80 céntimos de dólar a los actuales 135 céntimos respecto del euro, del yen, del yuan y de otras divisas. Y el dólar sigue bajando, decididamente dispuesto a caer en picado.
En la década de 1930 también se produjo una cascada de devaluaciones competitivas, y a eso se lo denominó «Política de empobrecer al vecino», que consiste en trasladar los costes a los vecinos. En realidad, con la bajada del dólar se ha reducido paralelamente el valor que los extranjeros pagan por el servicio de sus deudas al Tío Sam. Eso sólo funciona si ellos pueden por sí mismos sacar provecho de un aumento del valor de las demás monedas con respecto al dólar. De lo contrario, los extranjeros ganan y pagan en el mismo dólar devaluado, a lo que se suma la pérdida por la devaluación en el periodo transcurrido desde que reciben los dólares hasta que se los devuelven al Tío Sam. China y otros países del Este Asiático ganan y han estabilizado sus monedas con respecto al dólar, por eso han perdido ya una cantidad sustancial de su decidida apuesta mundial por el dólar. Y, al igual que los demás, también perderán el resto.
La deuda del Tío Sam con el resto del mundo se eleva, actualmente, a un tercio de su Producto Interior Neto, PIN, y sigue aumentando. Esto hace que su deuda no pueda ser jamás recuperable ni económica ni políticamente, incluso aunque quisiera pagarla, lo cual es obvio que no desea hacer. La deuda interna del Tío Sam, es decir, la de los titulares de tarjetas de crédito e hipotecas, representa casi el 100 por 100 del Producto Interior Bruto y del consumo, incluido el de China. La deuda federal del Tío Sam asciende actualmente a 7,5 billones de dólares, de los cuales 1 billón se contrajo en las tres últimas décadas, 2 billones en los últimos ocho años y 1 billón más en los últimos dos años. Eso cuesta alrededor de 330.000 millones en concepto de intereses, comparado con los 15.000 millones que gastan en la NASA. «¿Preocupado yo?». El Congreso acaba de elevar el techo de la deuda hasta 8,2 billones de dólares. Para que se vea mejor, sólo un billón de dólares en billetes de 1.000 dólares en fajos bien apretados equivaldría a la altura de un edificio de 40 plantas; por lo tanto, los 7,5 billones equivaldrían a 300 pisos o, lo que es lo mismo, a casi tres veces la altura del Empire State. Casi la mitad de esa cantidad se les debe a los extranjeros. Toda la deuda del Tío Sam, incluida la deuda de los hogares, que representa alrededor de 10 billones, la deuda corporativa y financiera, con sus opciones, productos derivados y otros, más la deuda de los Gobiernos estatales y locales alcanza la inimaginable cifra de 37 billones; para ayudar al lector 1.480 veces la altura del Empire State y casi cuatro veces el PIN del Tío Sam. La emisión del Tío Sam efectuada el año pasado, que alcanzó el récord de 140.000 millones en bonos basura de alto rendimiento, puede parecer una tontería, incluso si se los denomina así porque son (¡sólo!) los primeros que no se van a pagar, después de la deuda, o junto con ella, de consumo e hipotecas y de las empresas que se irán al garete. Sólo una parte de esa deuda y de su futura situación de impago se puede gestionar en el país, pero con peligrosas limitaciones para el Tío Sam, como se pone de manifiesto más adelante. Esa es sólo una de las razones por las que quiero que conozcan al Tío Sam, ese gorrón estafador, que tal vez le recuerde a la película ¿Conoces a Joe Black? Porque a medida que vayamos conociendo al Tío Sam nos daremos cuenta de que es también un usurero y un corrupto.
LA GUERRA FRÍA DEL TÍO SAM, UN CHEQUE EN BLANCO PARA LA GUERRA DEL NOROESTE CONTRA EL SUR
Antes de seguir adelante, traduzcamos este galimatías de números a un lenguaje más comprensible. Lo hizo ya en 1948 George Keenan, conocido también como Mr. X, el arquitecto de la Política de Contención del Tío Sam: «Tenemos alrededor de la mitad de la riqueza mundial... pero sólo el 5 por 100 de la población... En esta situación... nuestra auténtica tarea en los años venideros es establecer un modelo de relaciones que nos permita mantener esta posición de disparidad... Para hacerlo debemos dejarnos de sentimentalismos y de ensoñaciones...concentrarnos en todos los casos en nuestros objetivos nacionales inmediatos... [y] manejar directamente conceptos de poder.
Cuanta menos atención prestemos a las consignas idealistas, tanto mejor» (Estudio de Planificación Política, núm. 23, 1948, del Departamento de Estado). Como se puede suponer, dicha aseveración era sólo para el uso privado del Tío Sam. Para el resto del mundo, incluidos la mayoría de los hijos del Tío Sam, funcionarían mejor las «consignas idealistas», siempre y cuando no significasen un obstáculo para nosotros, desde luego. Esto es la concreción del mayor fraude realizado por el Tío Sam, mediante el sistema piramidal, en todo el mundo. ¿Qué más podía hacerse para «mantener esta disparidad»? El poder puro y duro ayuda, pero no es suficiente. Cuanto más si, desde que el Sr. X había escrito su informe, la ya terrible desigualdad en la distribución de los ingresos se había multiplicado casi por tres. En la actualidad sólo hay que echarle un vistazo a estos porcentajes: 265 MILLONES de Tíos Sam consumen más petróleo -el 22 por 100 del total mundial- que los más de TRES MIL MILLONES de asiáticos, que entre todos alcanzan el 20 por 100, pero que quieren más, especialmente China. Desde luego, el Tío Sam también es responsable de un porcentaje similar de la Buena Tierra. Para ayudarse en el cometido, también se apoya en el Pentágono, que, para colmo, es probablemente el mayor y menos visible contaminador individual del mundo.