c) La legitimidad, pues, de los juicios de valor -así lo leo yo- implicaba la construcción de una teoría de la justicia que junto a su teoría del Derecho y su teoría de la ciencia jurídica constituyen -creo- el corpus coherente de la filosofía del Derecho de Norberto Bobbio. No escribió éste un tratado sistemático de todo ello, o de sus partes (al modo, por ejemplo, de sus coetáneos Hart o Rawls), pero, a mi juicio, hay en su obra suficientes «fragmentos», suficientes elementos y aportaciones para la reconstrucción en su pensamiento de una verdadera teoría de la justicia. Y, desde luego, unida a ella, de una filosofía política
(Quale socialismo. Discussione di un'alternativa, 1976) de carácter socialdemócrata o, si se prefiere, cercana al socialismo liberal. De ello, de su filosofía política, hemos hablado todos en la mayor parte de nuestros trabajos
[ 19 ] . Pero, de manera muy especial, otra vez querría yo subrayar aquí en nuestro contexto que esa filosofía política de Norberto Bobbio, con unos u otros caracteres diferenciales, encontraba buena conexión y hasta sólida concordancia con una buena y más clara tradición socialista española (Fernando de los Ríos o Julián Besteiro entre otros), cuya relectura sirvió de fuerte apoyo -junto con el aportado, desde luego, por otros sectores políticos- para esa transición pactada hacia la democracia y su concreción en la España de las Autonomías -ahí tendríamos un Bobbio federalista con Carlo Cattaneo
[ 20 ] - y en la Constitución de 1978.
Ese crítico y autocrítico socialismo de Norberto Bobbio era liberal -como muy bien ha subrayado el propio Perry Anderson- no por su amor al libre mercado, en cualquier caso no por su deificación «liberista» y economicista; sino -añado yo por su enraizamiento de fondo en el pasado y en el presente con lo mejor del liberalismo ético y político: es decir, por el respeto a los demás, a la tolerancia, a la libertad de pensamiento y de opinión, al Estado de Derecho, a los derechos humanos, a la dignidad humana... Escribe Anderson en este sentido: «Ese liberalismo derivaba de una profunda fe en el Estado constitucional, más que de cualquier particular apego al libre mercado. Era de naturaleza política y no económica, una diferencia que en italiano es expresable, más precisamente que en otras lenguas, según la distinción (hecha en la más célebre de sus formulaciones por Croce) entre
laberasmo y liberalismo. Desde aquí -reconoce Anderson- era posible un tránsito igualitario al socialismo. Para explicar su idea de la relación entre estos dos conceptos, liberalismo y socialismo, Bobbio -recuerda aquél- dejará escrito años después (y siempre, creo yo): "Personalmente considero el ideal socialista superior al liberal" porque el primero incluye al segundo y no viceversa (...) El socialismo -concluye Anderson en aplicación a Bobbio- es, por tanto, el término más inclusivo»
[ 21 ] .
Ese no particular aprecio ni apego por el libre mercado lo amplia y conceptualiza también Bobbio, cuando se refiere sin más a esa cuestión en términos directos, y hoy poco habituales, de «capitalismo»: el suyo -a mi juicio- no es para nada un socialismo débil, meramente idealista o de un cierto retórico humanismo. Por el contrario, se plantea expresamente el tema que yo mismo he designado críticamente en otros escritos míos como «falacia de la identidad entre democracia y capital»: es decir, de la supuesta esencial e inherente uniformidad e indisociabialidad entre ambos, democracia política y economía capitalista. Ahí están, sin mayores extralimitaciones, los siguientes textos de Norberto Bobbio: «El capitalismo ha sido hasta hoy el único sistema económico -reconoce aquél- que la democracia haya tolerado. No digo que el capitalismo sea algo incondicional para un ordenamiento democrático, pero lo soporta por ahora. Sin embargo, este abrazo de la democracia y del capitalismo me lo pregunto (señala Bobbio)- ¿no podría en un cierto momento transformarse, por el contrario, en un abrazo mortal? Y ello porque en un sistema económico de mercado, en el cual todo puede ser potencialmente reducido a mercancía, también sin duda alguna el número de votos se convierte en tal mercancía. Hasta ahora -insiste aquél- el capitalismo ha sostenido y soportado así a la democracia, pero hoy podría resultar que a lo que aquél lleve sea precisamente a la degeneración de tal democracia». Frente a todo ello, el significado de la izquierda a nivel internacional, mundial, es -dice- «intervenir a favor de los pobres, de los sometidos, de los humillados, de los marginados (...) que son probablemente las nueve décimas partes de la población mundial». A pesar de las dificultades, incumplimientos y frustraciones, «mi utopía -no abdica Bobbio-, que es en verdad una utopía de la Ilustración, va más allá» (...): consiste en «la democratización del sistema internacional». «A pesar de todo --concluye el pseudopesimista turinés- continúo en la lucha por las ideas de la Ilustración»
[ 22 ] .
Socialismo liberal, socialismo no reducido ni disfrazado de mero capitalismo, izquierda como igualdad, liberalismo ético y cultural, no liberismo economicista, democracia política en constante proceso de autentificación, de realización, universalización de derechos humanos, libertades, Estado de Derecho, con especial preocupación hoy por esos grandes colectivos de (pueblos e individuos) pobres, sometidos y marginados: éstas son las ideas básicas de Bobbio, ideas que derivan (no mimética ni acríticamente) de la lejana Ilustración. Todo ello, que aquél sitúa y estudia en su tiempo y lugar -aquí, entre otros, sus libros Maestri e compagni (1984), Italia fedele (1986) o Profi'lo adeologa'co del'900 (1990)-, encontraba una vez más espléndida conexión y correspondencia, vuelvo a mi enfoque, con la mejor, no reductiva, no economicista, y más profunda tradición liberal española.
«De la Institución a la Constitución» suelo yo resumir respecto de este último siglo, desde 1876 -creación por Giner de los Ríos de la Institución Libre de Enseñanza- a 1978, promulgación de la nueva, actual, Constitución. Y entre ambas y después hasta hoy todo un mundo de luchas, teóricas y prácticas, de resistencia frente a la opresión, para la construcción y reconstrucción -filosofía, ciencias sociales y naturales, historia, literatura, poesía- de ese pensamiento, de esa realidad. Hablamos, en consecuencia, de una tradición de fuerte raigambre cultural, ética y política que con tanta frecuencia ha sido negada y perseguida en el pasado por el tradicionalismo católico integrista, encarnación -se pretendía- de la única España, todo lo demás no siendo sino la nefanda y aniquilable anti-España. Frente a ello, frente a la dictadura y el totalitarismo, la recuperación de la España heterodoxa, crítica, plural, laica, liberal, socialista, democrática ha constituido asimismo objetivo preferente -creo poder decir- de no pocos de quienes en todos estos años tuvimos la fortuna (¿y la «virtud»?) de ser discípulos y amigos del gran Norberto Bobbio.