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Revista de Estudios Orteguianos 16-17 Revista de Estudios Orteguianos

Posibles lecturas de los epistolarios

por Javier Zamora Bonilla
Revista de Estudios Orteguianos nº 16-17, Mayo / Noviembre 2008

Número de páginas: 7
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El epistolario Marañón, Ortega, Unamuno nos permite enterarnos de otras muchas cosas, algunas serias, como la forma en que el filósofo intentó hacer llegar al presidente de la República su oposición a que se ejecutasen las penas de muerte a los inculpados por su implicación en la revolución de octubre de 1934; otras más anecdóticas, como que "uno de los espectáculos de aquí -le escribe Marañón a Unamuno desde París el 8 de septiembre de 1921- es ver a Don Santiago Alba correr detrás de las putillas, en frenesí francamente morboso" (p. 103). O la opinión que a Ortega, no sé si con ironía bromista o desde una profunda reflexión filosófica, le merecía el matrimonio, según lo que le dice a Marañón en carta del 5 de mayo de 1944:
"Claro que al ver casarse a mis hijos o los de mis amigos queridos, enseño un poco los colmillos por mi falta de simpatía hacia la institución matrimonial, terrible petrefacto incrustado aún en nuestra civilización (p. 212)."
Alguna de las cartas recopiladas por López Vega eran ya muy conocidas y habían sido editadas o citadas largamente, pero no deja de tener interés encontrarlas aquí juntas y en su contexto. Es el caso, por ejemplo, de la del 22 de mayo de 1935 en que Ortega rechaza ingresar en la Academia Española, que entonces no era Real por motivos obvios. Ésta expresa de forma muy diáfana la personalidad del filósofo, sobre todo frente a las críticas de ventajista u otras similares que se le han hecho:
" La carta en que me comunica usted el deseo manifestado durante alguna de sus reuniones por los miembros de la Academia Española, de facilitar mi ingreso en ésta, me ha causado viva emoción. Sé muy bien que hay hoy contadísimos españoles con pleno e incuestionable derecho a ser elegidos miembros de esa máxima Academia y sé también que yo no me encuentro entre ellos. Mi obra, además de escasa y adventicia, es poco sólida y lo es muy especialmente en el orden literario e idiomático. [...]
Por desgracia, al penetrar en mí esa generosidad y esa benevolencia, emanadas de tan alto lugar [ser refiere a la Academia], me encuentran ya muy dentro de la vida, con la mayor porción de ella a la espalda y esto quiere decir que endurecida en hábitos y modos. Ahora bien, los más constantes de la mía han sido precisamente buscar los rincones y la media luz y evitar todo aventajamiento público. [...]
Como usted ve, los motivos que me vedan acudir al deseo expresado en su carta, no rozan lo más mínimo la autoridad de la Academia. Se refieren al orden interior de mi vida e ignoro si un día esos motivos cesarán."
Luego le dice a Marañón que desde hace muchos años es académico electode la de Ciencias Morales y Políticas, y que no podría ingresar en una sin hacerlo en la otra, y
"[n]o he de ocultar a usted que me produce terror perspectiva pareja. Porque no había de aceptar esos honores sin atenderlos y servirlos con lo cual mi tiempo sufriría terrible contracción. Repito que estoy muy adelante en esa faena del vivir y empieza a angustiarme la visión de que de mi obra, a la que he dedicado todos mis esfuerzos, está por hacer. Es verdaderamente angustioso saber con atroz precisión que esa obra está ya ahí, es decir, en la propia cabeza, completamente formada y que al mismo tiempo no está ahí porque no está fuera de uno, materializada, escrita. No hay ya holgura para esperar. El paisaje se angosta: ya se ve, nada lejos, como una serranía, la fina línea blanca del fin de la vida. ¡Y queda tanto por manuscribir, letra a letra, palabra a palabra...! (pp. 186-189)."
Son muchas las cuestiones de interés que aparecen en la correspondencia entre Marañón y Ortega, pero no puedo extenderme ahora en más pormenores, sólo apunto: la situación internacional entorno a la posible segunda guerra mundial y el acuerdo de Múnich, la edición del libro español en Iberoamérica y cómo quedaría ésta tras la guerra civil, o cómo ellos mismos fueron viendo los acontecimientos que pasaban por su propia vida o por la del otro. "Estoy aprendiendo a ser viejo" (p. 213), le dice Ortega al médico el 5 de abril de 1944.
Es una pena que las cartas que falten en el epistolario publicado por López Vega sean precisamente las de Unamuno, excepto una porque el resto se debieron perder durante la guerra. Don Miguel es de los tres el que más abre su corazón y entrega toda su personalidad en las cartas, como muestran los varios y dispersos epistolarios suyos publicados [ 16 ] . En la única que se conserva, del 28 de enero de 1933, Unamuno habla de su mujer, "mi costumbre", que dice que es la única que ha conocido y así una vida sin devaneos le ha permitido dedicarse "además a mi familia de hogar, a la patria, a la universal y a mi Dios desconocido" (p. 163). Y habla también que por su mujer conoció el espíritu de los Larraza, familia materna de ella y también del padre de Unamuno, una "especie de ánimo de un quaquerismo católico-liberal" (p. 164). Con un pincel mezcla de Sorolla y Zuloaga, Unamuno no hubiera hecho mejor autorretrato.
Marañón, Unamuno y Ortega quisieron implicarse en la historia de su país y sufrieron los avatares de la misma. Se ha criticado mucho sus planteamientos intelectuales, sus posibles incongruencias, sus posiciones políticas -y no digo que no sean criticables-, pero a veces uno se pregunta por qué estos hombres que lo tenían todo -una profesión estable, una grata vida familiar, prestigio profesional y suficiente fortuna para vivir holgadamente-, por qué decidieron implicarse en la cosa pública, cuando sabemos que en muchos casos rehusaron los honores que se les ofrecieron. Todos dudaron en algún momento de si habían acertado y pensaron que su vida podría haber sido más feliz si se hubieran dedicado a lo suyo, sólo a lo suyo, como algunos les reclamaban. Las palabras de Marañón a Ortega en una carta sin fecha, seguramente de los años cuarenta, reflejan muy bien esta inquietud:
"Le aseguro a Vd. que en España hay un subsuelo neutral donde se vive bastante bien. Es más, a veces, siente uno el pesar de no haber estado siempre en este estrato, que debe haber existido en todos los regímenes. En él se halla cuanto hay de grato en nuestra vida nacional y apenas llegan filtraciones de lo demás (p. 271)."
No creo que hubieran cumplido su vocación si hubieran hecho esto.
Número de páginas: 7
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NOTAS
  • [ 16 ]

    Además del epistolario con el propio Ortega ( Epistolario completo Ortega-Unamuno , edición de Laureano ROBLES y Antonio Ramos GASCÓN, introducción de Soledad ORTEGA SPOTTORNO. Madrid: Ediciones el Arquero, 1987), son muy interesantes, entre otros, las cartas cruzadas con Joan MARAGALL ( Epistolario y escritos complementarios . Madrid: Seminarios y Ediciones, 1971) y con Luis de ZULUETA ( Cartas 1903-1933 , recopilación, prólogo y notas de Carmen de ZULUETA, nota biográfica de Antonio JIMÉNEZ-LANDI. Madrid: Aguilar, 1968).


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