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Historia, Antropología y Fuentes Orales 32 Historia, Antropología y Fuentes Orales

Estrategias de la memoria en la obra de Jorge Semprún

por Carlos Fernández
Historia, Antropología y Fuentes Orales nº 32

Número de páginas: 7
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De los varios libros que dedicó Semprún a la experiencia de los campos de concentración, La escritura o la vida supone un cambio importante frente a los publicados con anterioridad. Dejamos de lado, por evidentes, la mayor madurez y calidad literaria. El cambio radica, en nuestra opinión, en que Semprún ya no aspira sólo, ni siquiera fundamentalmente, a exponer unos hechos sino a explicarlos: aspira nada menos que a comprender y hacer comprender la esencia del nazismo como experiencia política y social. A este respecto es muy explícita la cita de Malraux al inicio del libro: «... busco la región crucial del alma donde el Mal absoluto se opone a la fraternidad». En este libro Semprún escribe una obra al modo de Primo Levi, un libro que supone «una interrogación sobre el hombre y lo humano». [ 77 ] Y es que Primo Levi, cuya trayectoria como superviviente de Auschwitz había sido tan distinta de la suya y que se había suicidado en 1987, está muy presente en esta obra de 1995, la tercera aproximación que realiza Semprún al tema del holocausto: «Pues no pretendo un mero testimonio. De entrada quiero evitarlo, evitarme la enumeración de los sufrimientos y de los horrores... Por otra parte, me siento incapaz, hoy, de imaginar una estructura novelesca, en tercera persona... Necesito pues un ‘yo' de la narración que se haya alimentado de mi vivencia pero que la supere, capaz de insertar en ella lo imaginario, la ficción... Una ficción que sería tan ilustrativa como la verdad, por supuesto. Que contribuiría a que la realidad pareciera real, a que la verdad fuera verosímil. Este obstáculo, algún día conseguiré superarlo». [ 78 ]
Este es el reto que se impone Semprún: no limitarse a testimoniar con datos objetivos, por importante, fundamental para el historiador, que eso pueda ser, sino re-crear la realidad, repensarla. Para ese propósito, ir más allá de la Historia académica, la memoria fáctica no basta, es insuficiente, será preciso una memoria literaria, capaz de poner la imaginación al servicio de la verdad: «Tal vez haya una literatura de los campos... Y digo bien: una literatura, no sólo reportajes... Tal vez. Pero el envite no estribará en la descripción del horror. No sólo en eso, ni siquiera principalmente. El envite será la exploración del alma humana en el horror del Mal... ¡Necesitaríamos un Dostoievski!». [ 79 ]
VI
En las páginas precedentes hemos establecido una taxonomía de los niveles o planos en que se despliega la memoria de Jorge Semprún. Estrategias de la memoria que recorren una vida entera. Rara vez tales planos se presentan de manera exenta, perfectamente diferenciados unos de otros; más bien tienden a confluir en el mismo texto, complementándose unos a otros a la hora de articular un discurso que aspira a ser sincero, a decir la verdad sobre aquellas cosas de las que habla.
Distinguimos en primer lugar una memoria-silencio, aquella que oculta, calla por muchos años o quizá para siempre aspectos de la vida que nos llevarían probablemente a la locura o al suicidio. «Para vivir hay que olvidar», escribió Nietzsche. El largo viaje es un ejemplo paradigmático que trasciende lo particular para iluminar comportamientos colectivos. No sólo las personas sino también los grupos o sociedades enteras pueden sentir necesidad de esa memoria-silencio, que a veces espera su momento para salir a la luz. El dolor, el miedo, la prudencia son sus catalizadores, dependiendo de las condiciones personales o históricas. Pasados sesenta años los muertos de la guerra enterrados en campo abierto reclaman, por medio de sus deudos o compañeros, una fosa digna y una lápida que los rescate del olvido. Por otro lado, en España durante los últimos veinticinco años esa memoria-silencio se ha manifestado en un «esfuerzo cultural paralelo, en parte consciente, en parte inconsciente, por olvidar algunos fragmentos de nuestra historia, y por mantener vivos, o reinterpretar, otros fragmentos». [ 80 ] Pero como dijo Borges en un verso memorable: «Sólo una cosa no hay. Es el olvido». Siempre habrá, como en la biografía de Semprún, un Manuel Azaustre que despierte del letargo nuestro recuerdo.
En segundo término, la falsa memoria, la memoria-mentira, aquella que se construye con frecuencia a la sombra del poder, cualquiera que éste sea. Se trata de una suerte de memoria artificial, cerrada sobre sí misma, autoenvolvente, que Semprún constata en su misma persona y en la de los camaradas comunistas. En su autobiografía insiste en la capacidad de la memoria para seleccionar, tergiversar u olvidar datos del pasado, para convertirse en una damnatio memoriae que en su momento resultó ser nefasta para la estrategia del partido y que ahora debe ser tomada con todas las reservas por los historiadores que utilizan las relatos de sus compañeros como fuente para escribir la historia de España.
Frente a esa damnatio memoriae cabe, al modo del padre del Hamlet, reivindicar la verdad de los hechos, denunciar la impostura y restablecer una verdad usurpada. La Autobiografía de Federico Sánchez, a pesar de algunos datos inexactos y de ciertos juicios discutibles, es tal vez el mejor ejercicio de memoria crítica que ofrece Semprún frente a la falsa memoria de los líderes del PCE. En ese libro relata el proceso que le llevó «a rebasar las fronteras de un discurso político monolítico y monologante, monoteísta y monomaníaco, de una logomaquia autosuficiente y autosatisfecha, para comenzar a situarte en una posición que te permitiera escuchar las voces de la realidad». [ 81 ]
Esa memoria crítica establece un tercer plano en las estrategias del recuerdo y el olvido: memoria frente a uno mismo y contra los demás. Es ésta una suerte de memoria retrospectiva, que vuelve la vista desde la distancia de los años, capaz de quebrar el círculo vicioso de una memoria falsaria y de proponer un análisis alternativo de la realidad. Aspira a superar, a partir de nuevos datos, concepciones demasiado esquemáticas o reduccionistas de la historia, renunciando a hipótesis tópicas y proponiendo otras más complejas y verídicas. Aquel domingo es el libro que replantea la visión de los campos nazis tal y como Semprún la había descrito en El largo viaje, tras conocer la existencia del Gulag y de saber que Buchenwald acabó siendo, al término de la Segunda Guerra Mundial, un campo soviético: «Mi libro estaba en prensa cuando leí Un día en la vida de Iván Denisovich. Así que, antes de que apareciese mi libro, sabía ya que algún día tendría que reescribirlo. Sabía ya que habría que destruir aquella inocencia de la memoria. Sabía que tendría que revivir mi experiencia de Buchenwald, hora tras hora, con la desesperada certidumbre de la existencia simultánea de los campos rusos, del Gulag de Stalin». [ 82 ] «No existe ya memoria inocente, no para mí». [ 83 ]
Finalmente, una memoria literaria; aquella que trata de ir más allá de los fríos datos de la realidad, incluso de sus análisis lógicos más sutiles, por medio del recurso de la ficción. Algunos temas de nuestra historia que ya antes habían aparecido en los libros de memorias de Semprún, como por ejemplo las protestas universitarias de febrero de 1956 o el inicio de la política de reconciliación nacional por parte del PCE, han ocupado su sitio definitivo en Veinte años y un día, su última novela. La literatura al servicio de la verdad. El gran novelista siciliano
Leonardo Sciascia, de quien Joseph Fontana ha podido decir que «es capaz de elevar el relato de un crimen a página de historia», [ 84 ] escribió a este respecto una frase que sin duda suscribiría Semprún, tanto por la verdad que encierra cuanto por su belleza intrínseca: «Pues nada de sí mismos ni del mundo entienden la generalidad de los hombres, si la literatura no se lo explica». [ 85 ]
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NOTAS
  • [ 77 ] Cuesta Bustillo, J. (ed.), Memoria e Historia. p. 87.
  • [ 78 ] Semprún, J., La escritura... ps. 181-182.
  • [ 79 ] Semprún, J., supra., p. 144.
  • [ 80 ] Pérez Díaz, V., La primacía de la sociedad civil . Barcelona, Alianza, 1994, p. 38.
  • [ 81 ] Semprún, J., Autobiografía... p. 131.
  • [ 82 ] Semprún, J., Aquel domingo . p. 441.
  • [ 83 ] Semprún, J., supra ., p. 139.
  • [ 84 ] Fontana, J., La historia después del fin de la historia . Barcelona, Crítica, 1992, p. 23n.
  • [ 85 ] Sciascia, L., La bruja y el capitán . Barcelona, Tusquets, 1987, p.17.

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