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Historia, Antropología y Fuentes Orales 32 Historia, Antropología y Fuentes Orales

Estrategias de la memoria en la obra de Jorge Semprún

por Carlos Fernández
Historia, Antropología y Fuentes Orales nº 32

Número de páginas: 7
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En parte lleva razón Semprún, pero no siempre. Hay líderes del PCE que sí han hablado para referirse a él y a su labor dentro del PCE, que no han tenido esa desmemoria hacia los antiguos camaradas expulsados del partido. En sus memorias el dirigente comunista asturiano José Mª Laso Prieto, tras hacer una semblanza no precisamente favorable de la personalidad de Semprún, dice: «En ese sentido, cualquiera que sean sus rasgos de carácter, y su trayectoria política posterior, no se puede poner en duda la gran aportación que Federico Sánchez realizó a la oposición cultural a la dictadura franquista». [ 65 ] Juicio que, ciertamente, ha sido respaldado por la investigación histórica. [ 66 ]
Más arriba nos hemos referido a la utilización que hizo Santiago Carrillo de la figura de Noel Field para destruir a Jesús Monzón. Semprún emplaza a Manuel Azcárate, víctima también él de aquella dura purga, para que nos dé su versión: «Sea como sea, ¿nos dirá algún día Manuel Azcárate lo que sabe de Noel Field, lo que sabe de ese período siniestro de la vida del PCE? ¿Nos dirá cuál fue su participación ‘inventiva' y ‘autónoma' en la campaña desencadenada para aislar a Jesús Monzón, deshonrándolo? Mucho me lo dudo». [ 67 ] Tardó en hablar Azcárate, pero finalmente lo hizo, para confirmar lo que había dicho Semprún muchos años antes: «Enseguida me doy cuenta de que lo que de verdad le interesa a Carrillo no es mi caso, sino acumular combustible para lanzar el ataque contra Monzón, su objetivo desde que llegó a Francia: si no con pruebas, al menos con insinuaciones». [ 68 ] Esto es lo que dice Manuel Azcárate para referirse al interrogatorio al que le sometió Carrillo por sus relaciones con Noel Field. En otros casos Semprún tiene razón: la memoria de algunos dirigentes comunistas es pragmática y funciona a tenor de los intereses políticos del momento. Basta con leer sus intervenciones en el proceso que acabó decretando la expulsión de Claudín y Semprún o repasar las páginas de los libros de memorias que algunos publicaron más tarde. Se descubre en estos textos algo así como un teatro de la memoria, a la manera de Pirandello, en el que caben las mentiras, las medias verdades, las amenazas veladas, las insidias. Un teatro de la memoria en el que los autores son al tiempo actores de una farsa, a veces siniestra, en la que el lector tiene dificultad para saber a ciencia cierta quién es quién, y que nos obliga a leer dichos documentos con mucha precaución pues están llenos de inexactitudes y de trampas. El materialista Santiago Carrillo recurre a una causa de orden metafísico para explicar la crisis de 1964 dentro del PCE: «Para resistir era necesaria una primera condición: "creer". Y Fernando Claudín había dejado de "creer"». [ 69 ] Por su parte Santiago Álvarez, que ya en su momento había dicho con una buena dosis de mala fe: «Subjetivamente, no podemos decir que Fraga les pague. Todavía han cobrado su sueldo del Partido este mes.
Por lo tanto, todavía no tienen necesidad de cobrar de nadie», [ 70 ] treinta años más tarde, en sus memorias, sigue sosteniendo la misma tesis aunque en un tono menor. [ 71 ] Semprún había hecho un diagnóstico certero de la memoria de algunos comunistas: las razones de Carrillo y Álvarez se semejan mucho a las que Squaler da sobre Snowball en Rebelión en la granja, la ya clásica fábula de Orwell.
V
Muy pronto, dice Semprún, los testigos vivos de nuestra historia reciente desaparecerán. Por ejemplo, los que lograron sobrevivir a la dura experiencia de los campos alemanes. Él mismo acaba de cumplir ochenta años. Lo propio ocurrirá con los hombres y mujeres que tomaron las armas en la guerra civil española. También con los viejos líderes del PCE. «Llegaría un día, relativamente cercano, en el que ya no quedaría ningún superviviente de Buchenwald. Ya no habría una memoria inmediata de Buchenwald: ya nadie sería capaz de decir, con palabras surgidas de la memoria carnal y no de una reconstrucción teórica, lo que habrán sido el hambre, el sueño, la angustia, la presencia cegadora del Mal absoluto...». [ 72 ] Partiendo de este dato indiscutible, plantea Semprún un cuestión de gran interés: la existencia de una verdad que «no resulta fácilmente creíble... Resulta incluso inimaginable». [ 73 ]
¿Cómo acercarse a esa realidad, a ese rincón oculto de la vida al que el historiador profesional, desde su disciplina académica, no aspira a llegar? ¿Cómo trenzar un relato que resulte creíble sobre vivencias que más de uno, pueblos enteros, quisieran ver relegadas al olvido para siempre? Para presentar correctamente este problema voy a citar por extenso las palabras que el propio Semprún pone en boca de un profesor de la universidad de Estrasburgo, deportado en Buchenwald: «Me imagino que habrá testimonios en abundancia... Valdrán lo que valga la mirada del testigo, su agudeza, su perspicacia... Y luego habrá documentos... Más tarde, los historiadores recogerán, recopilarán, analizarán unos y otros: habrá con todo ello obras muy eruditas... Todo se dirá, constará en ellas... Todo será verdad... salvo que faltará la verdad esencial, aquella que jamás ninguna reconstrucción histórica podrá alcanzar, por perfecta y omnicomprensiva que sea...». [ 74 ]
Este párrafo le sirve a Semprún para establecer claramente la diferencia entre la investigación histórica y la creación literaria a la hora de contar y explicar los hechos. Porque como dice el mismo personaje: «... la verdad esencial de la experiencia, no es transmisible... O mejor dicho, sólo lo es mediante la escritura literaria... Mediante el artificio de la obra de arte, ¡por supuesto!». [ 75 ] En este punto la memoria recurre a la imaginación, a la literatura en suma. Semprún lo hizo conscientemente desde el primer libro, no lo oculta: «Inventé al chico de Semur, inventé nuestras conversaciones: la realidad suele precisar de la invención para tornarse verdadera. Es decir verosímil. Para ganarse la convicción, la emoción del lector». [ 76 ] En los libros sucesivos, y muy particularmente en La escritura y la vida, esta simbiosis de memoria y literatura es esencial. Estamos hablando de una memoria literaria, que recurre a la creación de personajes verosímiles no tanto para exponer fríamente unos hechos cuanto para explicar una situación en toda su complejidad. Son frecuentes las referencias, las citas literales, a escritores como Kafka, Proust, César Vallejo, Char, Malraux, Celan, etc. Estos novelistas y poetas atraviesan una y otra vez, constantemente, los libros de Semprún. Ellos, y muy particularmente Faulkner como hemos dicho más arriba, conforman la columna vertebral de su memoria literaria. Se aprende mucha literatura, mucho sobre literatura, leyendo esas páginas.
Número de páginas: 7
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NOTAS
  • [ 65 ] Laso Prieto, J.Mª., De Bilbao a Oviedo pasando por el penal de Burgos, Oviedo, Pentalfa Ediciones, 2002, p. 158.
  • [ 66 ] Sólo a título de ejemplo puede consultarse: Morán, G., Miseria y grandeza... ps. 222-227; Marín, J. Mª., Molinero, C. e Ysàs, P., Historia política, 1939-2000. Madrid, Istmo, 2001, ps. 109-110; Santidrián Arias, V. M., Historia do PCE en Galicia. Sada, Ediciós do Castro, ps. 451 y 617.
  • [ 67 ] Semprún, J., Autobiografía... p. 124.
  • [ 68 ] Azcárate, M., Derrotas y... p. 328.
  • [ 69 ] Carrillo, S., Memorias. p. 478.
  • [ 70 ] Semprún, J., Autobiografía... p. 185; Morán, G., Miseria y grandeza ... p. 396.
  • [ 71 ] Álvarez, S., Memorias V. Sada, Ediciós do Castro, 1994, ps. 405-408.
  • [ 72 ] Semprún, J., La escritura... p. 312.
  • [ 73 ] Semprún, J., supra., p. 140.
  • [ 74 ] Semprún, J., La escritura... p. 141.
  • [ 75 ] Semprún, J., supra., p. 141.
  • [ 76 ] Semprún, J., supra., p. 280.

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