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Historia, Antropología y Fuentes Orales 32 Historia, Antropología y Fuentes Orales

Estrategias de la memoria en la obra de Jorge Semprún

por Carlos Fernández
Historia, Antropología y Fuentes Orales nº 32

Número de páginas: 7
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Estamos por tanto ante una estrategia de la inhibición, de olvido voluntario en cierto modo. ¿Existe realmente un olvido voluntario? ¿por qué la memoria prefiere olvidar? Dice Primo Levi al respecto: «Los que han tenido la experiencia de la cautividad (y mucho más generalmente todos los individuos que han pasado por pruebas espantosas) se dividen en dos categorías muy diferentes, con escasos matices intermedios: los que se callan y los que cuentan». [ 43 ] Pero los matices existen, y Semprún es buena prueba de ello, porque como bien dice Josefina Cuesta, «no hay que confundir aquí silencio con olvido». [ 44 ] Semprún decide permanecer en silencio largos años: «Escogí el olvido, dispuse, sin demasiada complacencia para con mi propia identidad, fundamentada esencialmente en el horror -y sin duda, el valor- de la experiencia del campo, todas las estratagemas, la estrategia de la amnesia voluntaria, cruelmente sistemática. Me convertí en otro para poder seguir siendo yo mismo». [ 45 ] Su frenética actividad de militante comunista le facilita ese proyecto de ruptura con el pasado inmediato, pero el recuerdo sigue ahí, latente, custodiado por un silencio que, efectivamente, no es olvido. Es más, la memoria, por su cuenta, sistemáticamente, va trabando los materiales de un complejo discurso que un día, inesperadamente, saldrá a la luz: «Bueno, mejor dicho me puse a escribir algo que terminó siendo El largo viaje. Y tal vez sería más exacto decir que aquel libro se fue escribiendo por su cuenta y riesgo, como si yo sólo hubiese sido el instru mento, el trujimán, de ese trabajo anónimo de la memoria, de la escritura». [ 46 ] Y sabemos con exactitud cuándo y en qué circunstancias tuvo lugar esa emergencia: en Madrid, en un piso de la calle Concepción Bahamonde, nº 5, a comienzos del año 1960. Fue allí cuando la memoria de Semprún se activó, a la manera proustiana, no ciertamente con el dulce sabor de una magdalena mojada en una taza de té, tal y como le ocurre al protagonista de Du côté de chez Swann, sino con el amargo relato que el camarada comunista Manuel Azaustre, en cuya casa vivía clandestinamente Semprún, le hacía de sus años de deportado en el campo de Mauthausen: «A veces, por la noche, cenaba con Manuel y María. Durante aquellas cenas, en el momentodel café y de la inevitable evocación de recuerdos, me contaba Manuel su vida de Mauthausen. Cinco años había pasado en aquel campo, uno de los más duros del sistema nazi... No sabía que a mí también me habían deportado. Así que, sin abrir yo la boca, le oía contarme, torpe, interminablemente, con la prolijidad natural en esta clase de relatos, su vida en el campo, la vida de los campos». [ 47 ]
Fue por tanto la narración de su camarada la que, sin pretenderlo, despertó los recuerdos dormidos de Semprún, la que los rescató de un silencio que había durado casi veinte años: «En fin de cuentas, fueron sus relatos, por muy confusos y prolijos que a veces me parecieran, los que avivaron mi memoria adormilada de toda aquella época de Buchenwald. De no haber vivido aquel año en Concepción Bahamonde, número cinco, y de no haberme encontrado allí con Manolo Azaustre, es muy posible que nunca hubiese escrito El largo viaje». [ 48 ] La enorme importancia que el encuentro con este camarada comunista tuvo en su vida y sobre su obra lo prueba el hecho de que Semprún da cuenta del mismo con mucho detalle en varias de sus obras. [ 49 ] Ese primer libro sería la respuesta de Semprún al monólogo de Manuel Azaustre, su contribución a un diálogo imposible en un piso clandestino del barrio de Ventas, en Madrid, a comienzos de los años sesenta.
Así comenzó a nacer esa larga serie de libros de memorias y sobre la memoria que conforma la obra de Semprún. Lo podemos leer en su autobiografía. Pero cabe añadir dos precisiones para comprender cabalmente el porqué de esa repentina emergencia del recuerdo. Por una parte, las disensiones de Semprún con el grupo dirigente del PCE están en este momento en proceso de incubación y van a evidenciarse muy pronto poniendo fin a su actividad política clandestina y dejando paso a la posibilidad de que ese recuerdo, tanto tiempo silenciado voluntariamente, quede definitivamente plasmado en la escritura. Por otro lado se había producido en ese momento un distanciamiento temporal suficiente con una etapa dolorosa de su vida, lo que le permitía poder abordarla y contarla a los otros. Una suerte de astucia de la memoria habría retardado estratégicamente el primer relato de Semprún sobre la experiencia de Buchenwald, porque «uno ha vuelto a casa, cuenta con pasión y con todo tipo de detalles en el círculo familiar la experiencia vivida, los sufrimientos padecidos. Pero nadie le cree. Estos relatos acaban creando una especie de malestar, provocando un silencio cada vez más espeso». [ 50 ] Eso explicaría el fracaso inicial de Primo Levi. En 1963 sin embargo la situación era otra, como «si una capacidad de escucha hubiese madurado objetivamente» [ 51 ] en el público lector. Era ya posible, necesario incluso, hablar de los campos alemanes y del Gulag soviético. En ese año salen a la luz: La tregua, Un día en la vida de Iván Denisovich y El largo viaje. A partir de esa fecha hasta hoy Semprún realiza lo que cabe llamar una administración de la memoria: el exilio, el campo de concentración, la vida clandestina en el Madrid de los años cincuenta, su etapa de ministro, van desplegándose en una morfología cada vez más nítida, más precisa, de recuerdos rescatados unas veces con dolor y otros con rabia. «Desde El largo viaje, escrito de un tirón, en unas pocas semanas, en unas circunstancias que explicaré cuando llegue el momento, los demás libros que se refieren a la experiencia de los campos vagan y divagan prolongadamente en mi imaginación. En mi labor concreta de escritura. Me empecino en abandonarlos, en reescribirlos. Se empecinan en volver a mí, para ser escritos hasta el final del padecimiento que imponen». [ 52 ] De este modo Semprún se transforma en un hombre-memoria, por utilizar un término acuñado por Pierre Nora.
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NOTAS
  • [ 43 ] Cit. en Cuesta Bustillo, J., «La memoria del horror, después de la II guerra mundial», en Cuesta Bustillo,J. (ed.), Memoria e Historia. p. 84.
  • [ 44 ] Cuesta Bustillo, J. (ed.), Memoria e Historia. p. 102.
  • [ 45 ] Semprún, J., La escritura... p. 244.
  • [ 46 ] Semprún, J., Autobiografía... p. 244.
  • [ 47 ] Semprún, J., Aquel domingo. ps. 69-70.
  • [ 48 ] Semprún, J., Federico Sánchez..., ps. 239-240.
  • [ 49 ] Cfr. Semprún, J., Autobiografía...ps. 236-245; Aquel domingo, ps. 68-71; La escritura..., ps. 256-260.
  • [ 50 ] Semprún, J., La escritura..., p. 268.
  • [ 51 ] Semprún, J., supra., p. 269.
  • [ 52 ] Semprún, J., supra., p. 249.

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