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Ayer 63 Ayer

Marruecos y la crisis de la Restauración 1917-1923

por Pablo La Porte
Ayer nº 63, 2006 (3) 2006

Número de páginas: 7
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La aventura marroquí contribuyó a aumentar aún más la distancia que separaba al régimen de la Restauración de una parte creciente de la sociedad española, especialmente cuando mostró en toda su crudeza el coste económico y social de una desacertada administración, de una corrupción extendida y de innumerables faltas en el cumplimiento de deberes y responsabilidades. Ello no ha de hacer suponer, sin embargo, que Marruecos estuviera llamado, desde su inicio, a suponer una falla irremediable en la evolución del sistema. Por el contrario, el proyecto colonial marroquí se insertó desde el primer momento en un discurso regeneracionista que prefiguraba la otra orilla del Estrecho de Gibraltar como un nuevo El Dorado en el que el genio colonial español podría redimirse de sus amargas experiencias cubanas. En diversos momentos de la colonización española en Marruecos pareció que, efectivamente, el país recuperaba a los ojos de otras potencias europeas y quizás ante sí mismo, una nueva imagen más eficaz y moderna, una nueva confianza en sus instituciones y funcionamiento. Sin embargo, la áspera realidad de la zona de influencia española y los mecanismos defectuosos de su administración, ignorados o descuidados por los diversos actores que se dieron cita en el Protectorado y en la Península, terminaron por transformar la colonización marroquí en una carga excesivamente onerosa para la frágil estructura del régimen.
No debe colegirse de ello que la empresa africana acercara irremediablemente al régimen de la Restauración a sus últimas etapas. Más bien podría decirse que cada nueva crisis marroquí ofreció, por una parte, evidencia de los errores del régimen y, por otra, una oportunidad para reformarlos. Especialmente cierto fue ello en los años que siguieron al desastre de Annual, única crisis marroquí que tuvo una repercusión verdaderamente nacional (junto con la de julio de 1909), y que familiarizaría por primera vez a la mayoría de los españoles con el problema africano. La crisis de Annual fue, en este sentido, una oportunidad para el rejuvenecimiento del proyecto canovista, una brecha a través de la cual encontraron camino un número importante de iniciativas reformistas, avaladas por el compromiso político y la conciencia ciudadana que se despertó en diferentes lugares de la Península. No es de sorprender que a partir de la derrota de Annual y de la consiguiente sacudida experimentada por la sociedad española, el régimen viviera un último momento de vigor, de entusiasmo, de esperanza en su propia regeneración, tal y como han señalado acertadamente diversos autores [ 29 ] . Ello resulta indudable a tenor de los acontecimientos transcurridos en los años 1921-1923, que atestiguan con claridad cómo el impacto colonial dislocó y trastocó la dinámica del régimen y creó expectativas de un nuevo reajuste político y social que quebrara definitivamente sus fronteras. Estas esperanzas fueron reales y promovieron un número significativo de iniciativas renovadoras - tanto por su origen como por su finalidad- que se han visitado brevemente en este ensayo: manifestaciones, comisiones de responsabilidades políticas y militares, intervenciones en las Cortes, disolución de las Juntas, creación de nuevos partidos políticos... El drama para la supervivencia del régimen fue que dichas iniciativas no fructificaron debido a la exasperante y crónica lentitud y debilidad de su funcionamiento interno, que fue lo que, en último término, las condenó, y convenció a sus promotores de la imposibilidad de llevarlas a término. En este sentido, el golpe de Estado de Primo de Rivera tuvo su origen en la determinación de remediar la crónica debilidad del régimen, en mayor medida que protegerlo frente a las amenazas externas. El papel de Marruecos en este proceso sería el de servir como indicador del pulso social en la Península y catalizador de las últimas energías de la Restauración, encauzando aspiraciones de reforma social y política que la propia inercia del régimen se encargó de disipar.
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NOTAS
  • [ 29 ]

    Últimamente, WILSON , F. G.: Order and legitimacy: Political thought in national Spain, New Brunswick, Transaction, 2004, pp. 106-108.


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