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Ayer 63 Ayer

Marruecos y la crisis de la Restauración 1917-1923

por Pablo La Porte
Ayer nº 63, 2006 (3) 2006

Número de páginas: 7
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La situación se vio compensada durante la Primera Guerra Mundial por los dividendos que aportó la neutralidad española en el capítulo del comercio exterior. Sin embargo, cuando esta bonanza comenzó a difuminarse en los años de posguerra, se hizo más evidente el gravamen que el presupuesto para África suponía para el Estado, cada vez más empeñado en una inversión de escaso resultado. Ciertamente, los únicos beneficios reales que el gasto en Marruecos parecía garantizar se traducían en el mantenimiento de un cierto status internacional del cual se derivaban facilidades para la firma de acuerdos comerciales con otros países europeos (especialmente Francia y Gran Bretaña). Sin embargo, y especialmente se reiniciaron las operaciones tras el fin de la Primera Guerra Mundial (1919-1920), volvió cuando a hacerse patente que la colonización marroquí absorbía cada vez más recursos y que éstos no servían para asegurar una administración eficaz del territorio asignado a España [ 18 ] .
El peso cada vez mayor del presupuesto marroquí se vio multiplicado por el desastre de Annual, que exigió un enorme esfuerzo económico por parte del gobierno Maura para rehacer la estructura militar y administrativa que había desaparecido en julio de 1921, deshecha por los ataques de las harkas y el desmoronamiento de las posiciones españolas. El deseo de restablecer prontamente el honor nacional, la presión de los sectores africanistas del ejército, y el cumplimiento de los acuerdos internacionales de 1912 volvieron a actuar como revulsivo para destinar nuevos fondos a la causa africana, en este caso, para reconstruirla desde sus cimientos en la Comandancia de Melilla.
La manera en que el gobierno intentó hacer frente a la situación confirmó un modus operandi que ya había sido habitual en años anteriores, y que consistía en la puesta en circulación de nuevas emisiones de obligaciones del Estado para cubrir los gastos. Esta opción había sido recurrente en la Hacienda Pública desde la Primera Guerra Mundial, y, en último término, alimentaba una tendencia perjudicial para la economía española, ya que conducía a una progresiva acumulación de capital inmóvil en deuda pública que restaba iniciativa y vitalidad a otras actividades productivas. Las condiciones generosas ofrecidas por el gobierno tras el desastre de Annual -con el fin de asegurarse el éxito de la emisión- perpetuaron de este modo los mecanismos que estaban mermando la capacidad de crecimiento de la economía española y la precaria estabilidad de las cuentas públicas [ 19 ] . Además de ello, el gasto marroquí -que ya pasó incluso a ocupar un lugar destacado en las discusiones parlamentarias de 1921 y de 1922- aplazó la financiación de otros proyectos que se consideraban de señalada importancia para la economía del país, y de los que el ministro de Hacienda, Cambó, dio detallada cuenta ante el gobierno en 1922 [ 20 ] . La dimensión económica del problema marroquí contribuyó así a retrasar reformas fundamentales en el capítulo presupuestario e, indirectamente, a restar estabilidad a los diversos gabinetes que se sucedieron tras el desastre, al convertirse en la desencadenante de la dimisión de varios ministros (Cambó en 1922, Pedregal en 1923).
Marruecos y la opinión
Si es cierto que la empresa marroquí contó desde su inicio con una financiación problemática, también lo es que apenas atesoró simpatías populares en España. Los políticos españoles de comienzos del siglo eran conscientes del estado de la opinión pública con respecto a nuevas aventuras coloniales, especialmente tras el desastre de Cuba, de ahí que fueran especialmente cuidadosos no sólo a la hora de justificar la firma de nuevos acuerdos internacionales, sino también de presentarlos en los mejores términos posibles. El africanismo en España no consiguió, en este sentido, atravesar los límites de un movimiento marginal, reservado a viajeros, científicos y literatos, que creían encontrar en la otra orilla del Estrecho remedios para los males que sufría el país.
En realidad, puede decirse que la Semana Trágica de 1909 estableció la pauta del que sería el papel de la acción colonial marroquí en la opinión pública peninsular en el primer tercio del siglo XX : el de servir de acicate, de chispa, de desencadenante para la manifestación de tensiones sociales nacidas de la falta de adaptación institucional a la cambiante realidad económica de España a comienzos del siglo XX . Marruecos se convirtió, en ese sentido, en un detonante de reivindicaciones nacidas de la precaria situación de amplios sectores de la sociedad española, agravada por el estancamiento del régimen en procedimientos y prácticas que impedían la renovación de sus estructuras y que lo alejaban cada vez más de la realidad social. Esto no significa que la acción en Marruecos fuera siempre recibida en España con desidia u hostilidad. Hubo ocasiones en que campañas victoriosas al otro lado del Estrecho de Gibraltar levantaron ráfagas de entusiasmo en la Península (como en 1913, tras la campaña del Kert), aunque, por lo general, la respuesta de la opinión pública se mantuvo entre los límites del recelo y el distanciamiento [ 21 ] .
Este distanciamiento se redujo dramáticamente tras el desastre de Annual. La magnitud de la derrota, las dimensiones de las pérdidas, el dramatismo de la caída de las posiciones y la agónica supervivencia de algunos soldados y oficiales se unieron para convertir por espacio de unos meses a Marruecos en el centro de atención de la vida nacional. De ese modo, el desastre de Annual sacudió a la opinión pública española y la hizo interesarse como pocas veces hasta entonces por la labor en Marruecos. Esto fue sorprendente incluso para los propios medios de difusión, que percibieron este cambio de actitud, y ésta fue también una oportunidad singular para el régimen, que se vio rodeado por el apoyo de la mayoría de los españoles [ 22 ] . Porque así fue, en efecto. Tras los primeros instantes de estupor e incredulidad, la campaña patriótica iniciada por el gobierno Maura para conseguir un estado favorable de opinión que permitiera el envío de tropas encontró una adhesión generalizada en la mayoría de las ciudades del país, dando lugar a un momento de singular sintonía entre los ciudadanos y la labor de gobierno, en un reverso paradójico de la situación en 1909. Campañas patrióticas, donaciones, fiestas y recaudaciones en la mayoría de los pueblos de España se unieron a las despedidas multitudinarias de los soldados, en las que participaron autoridades religiosas y civiles. Esta oportunidad fue claramente percibida por los defensores del régimen, que consideraban que podía ser una ocasión idónea para iniciar un nuevo rumbo en la vida política de la Restauración [ 23 ] .
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NOTAS
  • [ 18 ]

    GARCÍA DELGADO , J. L.: «El ciclo industrial de la economía española entre 1914 y 1922», Estudios de Historia Social, 24-25 (1983), pp. 7-22.

  • [ 19 ]

    «Los enormes gastos que Marruecos origina -afirmaba El Economista en enero de 1923- son factor esencial del déficit que sufren los presupuestos a pesar del aumento natural de la productividad: esos gastos determinan el aumento de la deuda pública [...], y esa absorción de capitales por emisiones del Tesoro resta elementos de elasticidad a las Bolsas y priva a la industria de capitales para su desenvolvimiento» (6 de enero de 1923).

  • [ 20 ]

    FAMM: leg. 441, carp. 10.

  • [ 21 ]

    DESVOIS , J. M.: Presse et politique en Espagne (1898-1936), Thèse de doctorat, Université de Bordeaux-III, 1989, pp. 493 y ss.

  • [ 22 ]

    El Socialista, 14 de agosto de 1921.

  • [ 23 ]

    ABC, 21 de septiembre de 1921.


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