www.revistasculturales.com

El portal de la Asociación de Revistas Culturales de España

 >> arce.es


Última actualización: (CET)

La cultura pasa por aquí

Ayer 63 Ayer

Marruecos y la crisis de la Restauración 1917-1923

por Pablo La Porte
Ayer nº 63, 2006 (3) 2006

Número de páginas: 7
imprimir

Además de su influencia en las vicisitudes gubernamentales, la empresa marroquí contribuyó a ahondar las divisiones entre las formaciones políticas que, ya desde comienzos del siglo XX , habían diversificado el original bipartidismo de Cánovas. La actitud ante el problema de Marruecos se convirtió, de este modo, en una de las razones que más agitaron la escena política española y que más crispación creó en su entorno. La política colonial pareció exigir de cada formación política una toma de postura y una declaración de intenciones, tanto más definida cuanto más urgente era su resolución. Desde comienzos de los años veinte, y especialmente desde el desastre de Annual, la empresa africana actuó como un catalizador de la vida política en torno al cual se alcanzaron todas las formas posibles de disenso y escasas bases de compromiso, creando fosos aparentemente insalvables entre facciones políticas (y aun en el seno de las mismas). No es de extrañar, por tanto, que la colonización de Marruecos se erigiera en protagonista de prolijas sesiones parlamentarias que retardaron la discusión o aprobación de importantes proyectos para el país. El saneamiento del presupuesto, la reforma agraria, las modificaciones en el sistema tributario y las reformas del sistema electoral -que eran esenciales para acometer la revitalización de un régimen cada vez menos en consonancia con las transformaciones sociales y económicas que se estaban produciendo en España desde finales del siglo XIX - se vieron pospuestos y aplazados ante la urgencia y gravedad del problema marroquí. Éste, sin embargo, no sirvió para despertar el espíritu y el genio nacional, tal y como esperaban -quizá ingenuamente-los regeneracionistas de comienzos de siglo, sino que, por el contrario, confirmó los peores defectos del funcionamiento del sistema [ 12 ] .
Junto con un aumento de la crispación política, el problema africano provocó también un recrudecimiento de la tensión entre el poder civil y el militar, que se extendió a ambos márgenes del Estrecho, y que se concentró en las prioridades de la política colonial y la responsabilidad de sus diversos actores. Éstas constituyeron una fuente inagotable de suspicacias y rivalidades que paralizaron en reiteradas ocasiones la acción de gobierno, tanto en la Península como en Marruecos. Dicha rivalidad se originó, en buena medida, en la falta de una dirección colonial firme por parte de los gobiernos peninsulares -eternamente cambiantes en sus criterios sobre la administración colonial y la asignación de responsabilidades-, reproduciéndose a menor escala en Marruecos, donde el corporativismo militar, la debilidad de la posición de las autoridades civiles y la conflictiva situación en las líneas avanzadas, crearon una situación ambigua en el Protectorado español. No debería entenderse aquí, sin embargo, que los gobiernos de la Restauración se vieran impotentes para hacer respetar su autoridad en Marruecos. En repetidas ocasiones, diversos gabinetes utilizaron esa pretendida debilidad para asegurar la puesta en marcha de políticas expansivas en Marruecos y justificar su actuación ante otras potencias extranjeras [ 13 ] .
La pugna entre el poder civil y el militar alcanzó su máxima expresión a lo largo del esclarecimiento de las responsabilidades políticas y militares por el desastre de Annual, que dio lugar a acusaciones entre ambos bandos, precariamente disimuladas bajo el manto de un debate parlamentario. A lo largo de dicho proceso -que se prolongó durante dos legislaturas sin llegar a resolverse- el prestigio del ejército quedó definitivamente en entredicho, incluso en mayor medida que en 1898. Sin embargo, la pronta exigencia de responsabilidades militares por los sucesos de Annual -que se habían resuelto con ejemplar rigor para el verano de 1923- colocó en una posición insostenible a la clase política del régimen, aún parapetada tras interminables sesiones parlamentarias. No es de extrañar, por tanto, que las primeras conspiraciones para llevar a cabo un golpe militar tuvieran lugar precisamente al abrigo de este proceso de depuración de responsabilidades políticas, que, finalmente, se demostraría tan estéril como las iniciativas renovadoras que se iniciaron bajo su impulso. Dichos signos de revitalización de la vida pública -tales como la creación del Partido Social Popular, la victoria de los socialistas en la candidatura de Madrid en las elecciones de abril de 1923 o la formación de una comisión parlamentaria para el esclarecimiento de las responsabilidades - pronto quedaron sumergidos también en la rutinaria marcha política del régimen, enredados en sus requisitos legales e inermes ante sus interminables aplazamientos. A la altura de septiembre de 1923, la presumible eficacia de las mismos había quedado seriamente cuestionada [ 14 ] .
Marruecos y el ejército
Al igual que ocurrió en la escena política del régimen de la Restauración, el problema marroquí contribuyó a exasperar algunas de las tensiones que existían en el seno de la institución militar española. El Protectorado marroquí, o, por decirlo más exactamente, la zona de influencia de España en Marruecos, proporcionó al ejército una oportunidad para redimir sus errores coloniales y para desplegar de nuevo su capacidad militar. Al mismo tiempo, sin embargo, también facilitó un escenario en el que acabarían reproduciéndose las mismas irregularidades y desajustes de la institución militar peninsular. Con el tiempo, esta duplicación iniciaría su propio retroceso, y la actuación del ejército en África acabaría teniendo un impacto determinante en la vida militar española.
Marruecos se convirtió, en definitiva, en una oportunidad para aquellos oficiales que intentaban ascender en medio de un sobrecargado escalafón superior, y que encontraron en la otra orilla del Estrecho de Gibraltar una posibilidad para sortear la lenta y ardua promoción que les esperaba en la Península. A la inversa, la actuación colonial se convirtió también en una amenaza para aquellos oficiales peninsulares que, sin opción, oportunidad o energía para afrontar un destino colonial, veían con alarma que el estricto sistema de ascensos en el que habían depositado sus esperanzas podía verse adulterado por rápida elevación de los oficiales enviados a Marruecos. La introducción de los ascensos por méritos de guerra, medida aprobada por el gobierno Canalejas en 1911 para recompensar la bravura de los oficiales coloniales, confirmó estos temores, que, en último término, sirvieron para constatar la división del ejército español en dos corrientes de opinión. Mientras los junteros continuaron defendiendo la escala cerrada (uno de los motivos fundamentales para la constitución de las Juntas en 1917), los africanistas pasaron a convertirse en los defensores de los ascensos por méritos de guerra.
Número de páginas: 7
imprimir

NOTAS
  • [ 12 ]

    «Una larguísima serie de problemas -afirmaba La Libertad - se alinean como esfinges, esperando hombres que sepan zanjar su indefinido estado de irresolución» (21 de abril de 1922).

  • [ 13 ]

    Como ocurrió durante la Primera Guerra Mundial (PRO FO: 371/3251, White, cónsul británico en Tánger, 26 de abril de 1918).


Todos los artículos que aparecen en esta web cuentan con la autorización de las empresas editoras de las revistas en que han sido publicados, asumiendo dichas empresas, frente a ARCE, todas las responsabilidades derivadas de cualquier tipo de reclamación
Página generada el Viernes, 19 de Marzo de 2010 12:03:04