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Ayer 59 Ayer

Ni tan jóvenes, ni tan bárbaros. Juventudes en el republicanismo lerrouxista barcelonés

por Joan B. Culla y Clarà
Ayer nº 59, (3) 2005

Número de páginas: 6
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Resumen: El artículo estudia la incorporación de las juventudes en el republicanismo barcelonés de comienzo del siglo XX como un importante elemento de dinamización y modernización del partido. Este rejuvenecimiento de la política republicana tuvo una vertiente de explicitación teórica de contenido regenerador, pero también tuvo contenido pragmático a través de la agresividad verbal y de hecho contra los rivales políticos y sociales. Tras la «Semana Trágica», el traslado a Madrid de las actividades de Lerroux marcó el arranque del prolongado y conflictivo declive del lerrouxismo popular barcelonés, que hasta fines de los años diez mantuvo como rasgos fundamentales la agitación y la estridencia juveniles.
Palabras clave: juventud, republicanismo, Cataluña, España siglo XX .
Abstract: The article analyses the incorporation of young republican members into the Radical party in early twentieth century Barcelona. This recruitment had a remarkable, modernizing twofold effect. First, it led to a theoretical renewal of the party's message by incorporating a «regenerationist» discourse. Second, the inclusion of youth into the party led to a more radical discourse and increasing aggressive actions against political and social opponents. Following the «Tragic Week» (1909), the moving of the party's leader, Alejandro Lerroux, to Madrid was the starting point of a long and conflictive decline of Barcelona's popular lerrouxism as a movement that was to maintain youth stridency and stir as its main features until the end of the 1910s.
Key words: youth, republicanism, Catalonia, 20 th Century Spain.
La concurrencia a las elecciones generales del 19 de mayo de 1901 -las primeras del flamante siglo x X - ofreció, en la circunscripción de Barcelona, dos novedades significativas. Una de ellas era la entrada en liza de una candidatura catalanista -llamada «dels Quatre Presidents» - que iba a ser el hito fundacional de la Lliga Regionalista. La otra fue la presentación de una lista de confusa amalgama republicana en cuyo seno, junto a dos ilustres septuagenarios (Francesc Pi i Margall y Nicolás Salmerón) y a otros dos respetables cincuentones (Tiberio Ávila y Josep Maria Vallès i Ribot), aparecía un personaje de treinta y siete años recién cumplidos, periodista de extrema izquierda y presidente a la sazón de la Juventud Republicana de Madrid: su nombre era Alejandro Lerroux García.
Una vez comprobadas la pasividad, la resignación ante el caciquismo, la inhibición de sus compañeros de candidatura (ni Pi ni Salmerón, por ejemplo, se molestaron en abandonar sus respectivos domicilios madrileños para acercarse a la capital catalana), Lerroux resolvió improvisar una campaña personal, discursiva y metodológicamente rompedora con las pautas del republicanismo decimonónico. A su término, la víspera de los comicios, el aspirante a diputado tuvo la ocurrencia de contratar a un grupo de ociosos para que esparciesen por el centro de la ciudad miles de hojas volanderas con su candidatura y su manifiesto electoral. Los redactores del órgano catalanista La Veu de Catalunya, escandalizados por la novedad, comparaban al día siguiente tan insólita práctica con «las mil artimañas de que se valen los americanos para hacer propaganda electoral» [ 1 ] . Y así era, en efecto: la dinamización, la modernización y el rejuvenecimiento constituían los tres e inseparables vectores del incipiente revival republicano barcelonés. La política de masas comenzaba a hacer su irrupción en la Ciudad Condal, y uno de sus efectos más visibles iba a ser la puesta en marcha de un proceso de relevo generacional en la cúpula antimonárquica.
Si la esforzada elección de Alejandro Lerroux como diputado a Cortes en mayo de 1901, su ruidoso debut en el Congreso y su intenso protagonismo político a lo largo del bienio siguiente ya constituyen síntomas claros de ese relevo generacional, cuando, desde principios de 1903, Lerroux pone en marcha la reestructuración bajo su égida del magmático movimiento republicano barcelonés para convertirlo en un partido, es sobre todo entre los elementos jóvenes donde encuentra apoyo y colaboración. Muchachos casi adolescentes o que acaban de superar la veintena, poco o nada vinculados a las viejas facciones y a los antiguos próceres del Ochocientos, se erigen en los «incondicionales» de Lerroux, los «lerrouxistas genuinos», los activistas más incansables y audaces, aquellos que nutrirán un primer equipo de propagandistas y oradores semiprofesionales, todoterreno, imprescindibles al nuevo diseño político que su jefe se halla en trance de desplegar: gentes como Manuel Santamaría (Zaragoza, 1880), Rafael Ulled (Sariñena, 1885), Juan G. Balugera (Barcelona, 1886), José Ulled (Sariñena, 1886), Enrique Orobitg, José Méliz, Alfonso Rocabruna, etc. [ 2 ]
Al mismo tiempo, el protagonismo juvenil se manifiesta también en la estructura orgánica del partido barcelonés, que desde marzo de 1903 ha adoptado la etiqueta de la nueva Unión Republicana Española. Si, hasta esa fecha, sólo existía en la ciudad una modesta Juventud Republicana de Barcelona, de ascendencia zorrillista, a lo largo de 1904 surgen la Juventud de Unión Republicana, las Juventudes Republicanas del distrito VII y del distrito IX, y la Juventud Obrera Republicana, que totalizan casi 400 socios, son baluartes del extremismo y, a la vez, vivero de futuros cuadros.
El rejuvenecimiento de la política republicana barcelonesa no es sólo un proceso práctico, sino que alcanza también en esos primeros años un cierto grado de explicitación teórica. Cuando, en octubre de 1905 y a través de uno de sus artículos más detonantes, Lerroux reclame para sí todo el poder dentro de la Unión Republicana local, incluirá entre los requisitos que debe reunir en adelante cualquier aspirante a concejal el siguiente:
«Ha de ser joven. A la tradición y a la experiencia contrastada dióseles ya representación longánima en el anterior bienio. De viejos es el arte de gobernar, me decía una vez, poco antes de morir, Castelar. Y le argüía yo que Cromwell, Pitt, Napoleón, Gambetta, Prim, no eran viejos. Y el incomparable orador me replicaba que ésos eran creadores de pueblos nuevos, de vida nueva, de nuevo régimen. Y que la juventud gobierna desde la oposición. Éste es el caso: vamos a gobernar desde la oposición y necesitamos juventud inteligente, robusta, capaz de toda lucha, de toda iniciativa de toda audacia, de todo sacrificio. Sus ardores se atemperarán con la templanza, mesura y experiencia de los varones ilustres que ya llevan dos años en el Ayuntamiento» [ 3 ] .
Sin embargo, es con el deslinde de campos que suscita en el seno del republicanismo barcelonés la aparición de Solidaritat Catalana cuando esta militancia juvenil que Lerroux ha ido atrayendo durante el quinquenio 1901-1905 cobra su máximo protagonismo. Significativamente, el primer periódico antisolidario lerrouxista - El Descamisado - lo promueve en junio de 1906 un grupo de jóvenes «de abolengo federal y admiradores de Lerroux» que, para provocar, se autodenominan La Purria. Poco después, en septiembre y bajo la presidencia de Rafael Ulled, la Juventud Republicana de Barcelona les imita creando otro semanario de combate que se hará célebre: La Rebeldía . Más en general, y cuando a finales de 1906 se consume la escisión de la Unión Republicana local entre solidarios y antisolidarios, todas las Juventudes Republicanas de la ciudad -seis en total-, así como la Asociación Escolar Republicana (que reunía a los estudiantes universitarios) marcharán con Lerroux a luchar contra la Solidaritat [ 4 ] .
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NOTAS
  • [ 1 ] La Veu de Catalunya, 19 de mayo de 1901.
  • [ 2 ] Los lugares y fechas de nacimiento en NAVARRO , E.: Historia crítica de los hombres del republicanismo catalán en la última década (1905-1914), Barcelona, Ortega & Artís, 1915.
  • [ 3 ] «Al pueblo», La Publicidad, 12 de octubre de 1905.
  • [ 4 ] Sobre todo este proceso véase CULLA I CLARÀ , J. B.: El republicanisme lerrouxista a Catalunya (1901-1923), Barcelona, Curial, 1986, pp. 139-155.

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