Resumen: En este artículo se analizan los cambios producidos a largo plazo en la edición y la lectura en la España del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX . Nuevos libros, nuevos lectores y nuevas prácticas de lectura, que se desplegaron en un proceso compartido por una lectura oral y colectiva con nuevas formas de lectura individual y silenciosa cada vez más extendidas desde las elites letradas. Se analizan los discursos que se fueron construyendo sobre la lectura y las transformaciones desde los discursos paternalistas hasta la definición de una lectura popular y una lectura militante.
Palabras clave: libros, lecturas, edición, lectores, prácticas de lectura.
Abstract: This article analyses the changes produced in the long run in publishing market and reading in Spain during 19 th century and the first decades of 20 th century. New books, new readers and new reading practices open a process that shared oral and collective reading with new ways of individual and quiet reading, more and more spread between the reader elites. This work tries to understand the evolution of paternalistic discourses of reading to a popular and militant concept of it.
Key words: books, reading, publishing market, readers, reading practices.
Nuevos libros, nuevos lectores y nuevas prácticas de lectura
El siglo XIX fue una centuria de cambios en el ámbito del libro, la edición y la lectura en España que lentamente fueron configurando y definiendo nuevos libros, nuevos lectores y también nuevos discursos, usos y prácticas sociales de la lectura. Y el proceso estuvo alimentado por varias dimensiones técnicas, jurídicas, sociales, económicas y culturales inseparables de la forma en la que se construyeron el Estado y la sociedad liberales. Esas transformaciones lentas, que recogieron pautas de un mundo letrado anterior, se proyectaron y consolidaron en el siglo XX hasta quedar tejidas todas las categorías que en el ámbito de la edición y de la lectura se asociaron desde entonces a la lectura contemporánea.
La definición de nuevos libros y objetos impresos, como la prensa, estuvo ligada a las transformaciones de la edición, que adquirió el pleno sentido del término al calor de la economía de mercado, de las transformaciones técnicas y de las dimensiones políticas y jurídicas del Estado liberal, para colmar una demanda de lectores en reconversión.
Una historia de la edición que caminó en el siglo XIX y primer cuarto del siglo XX desde la edición artesanal hasta la edición moderna y multiplicada que industrializó las técnicas y modernizó la economía del sector. Un atraso relativo y una modestia tecnológica que evolucionó, en un contexto de modernización económica de mayor alcance a principios del siglo XX , hacia una producción multiplicada aumentando las tiradas con la revolución de las técnicas (máquinas, composición, ilustración) lideradas por la prensa. Todo ello a través de un largo proceso de transición entre un antiguo régimen tipográfico, protegido y encorsetado en arcaicos sistemas de producción, hacia fórmulas empresariales y comerciales modernas características del mundo industrial en el primer tercio del siglo XX .
Este proceso fue lento y sujeto a las tensiones del mundo preindustrial, que se resistió a desaparecer. Durante este periodo fueron los principales núcleos urbanos del país los protagonistas de los cambios, y Madrid y Barcelona consolidaron una importante industria tipográfica, convirtiéndose en uno de los puntos nodales y emblemáticos de sus procesos de industrialización. Las pautas jurídicas y económicas de mercado transformaron al impresor-librero en editor para configurar sus señas de identidad como elemento vertebrador entre autores, impresores, distribuidores y lectores, primero de forma individual, después bajo formas societarias.
Hasta finales del siglo XIX se fue despejando y diferenciando de impresores y libreros la figura del editor individual como pieza central del proceso de producción, que enlazó con los lectores y que reorganizó la nueva economía del libro. Durante el primer tercio del siglo XX las sociedades anónimas y la concentración empresarial reordenaron la economía del libro, aunque fue compatible con la continuidad de un minifundismo de negocios de estructura familiar y con prácticas tradicionales. Por su parte, los autores iniciaron un largo proceso de profesionalización a tenor de las nuevas pautas del mercado y de la propiedad intelectual como reconocimiento individual y único de la creación. Y también la definición de nuevos libros, con morfologías adaptadas a los nuevos tiempos con tipografías, encuadernaciones, tamaños y la incorporación avanzada de ilustraciones dibujando el diálogo del texto con la imagen. Se produjeron avances en las técnicas de composición e ilustración, que permitieron una oferta más barata y diversificada, con nuevos formatos, tiradas y libros especializados para todo tipo de lectores. Así, los textos fueron adaptados a través de variadas fórmulas materiales en función de la nueva demanda, extendiéndose las colecciones, desde la
novela por entregas hasta el
cuento semanal, mientras que la edición se especializó en los diversos públicos (edición escolar, libro religioso, libros infantiles y juveniles, las colecciones literarias...), y se distribuyó en circuitos libreros (de nuevo o de viejo), pero también informales, a partir de puestos ambulantes, matuteros o buhoneros. El proceso se vio acompañado de nuevas formas de comercialización y distribución: las entregas, la publicidad... con la transformación del mundo de la librería y su diversificación. Todo ello cambió el panorama de los libros y de la edición, construida y definida a largo plazo como moderna, con un tejido de operaciones técnicas, económicas e intelectuales cada vez más complejas que transformaron los textos en objetos impresos y los difundieron en la sociedad contemporánea, pulsando las inquietudes de la demanda
[ 1 ] .
Estas mutaciones estuvieron ligadas a la construcción y evolución del Estado liberal y los avatares en la legislación de imprenta, a las dificultades de los procesos de alfabetización
[ 2 ] y a la proyección del nuevo papel que jugaron los libros en el tejido social, y los discursos que se realizaron sobre la lectura. Desde el lado de la demanda se produjo un aumento cuantitativo del número de lectores y de su diversificación social, con nuevas categorías de lectores y espacios de sociabilidad cultural específicos. Se multiplicaron las bibliotecas privadas, gabinetes de lectura, bibliotecas populares, en una variada heterogeneidad social. La lectura se hizo más visible en los estratos superiores de la pirámide social
[ 3 ] . Pero también, y sobre todo desde el último tercio del siglo XIX , para consolidarse en el siglo XX , se produjo una mayor socialización de la lectura entre las clases trabajadoras urbanas, ya fuera la lectura individual ligada a los procesos didácticos, ya fuera la lectura oral (como el repertorio de voceadores que se extendían a lo largo y ancho de las ciudades y localidades, sobre todo los ciegos con los pliegos de cordel), mientras eran impulsadas las bibliotecas populares. La tipología de lectores estuvo vinculada a la configuración de productos específicos para mujeres, público infantil y juvenil, profesionales... A ello se unió una transformación a largo plazo en los hábitos y prácticas de lectura, individuales y en grupo. La propia diversidad de la oferta, con la multiplicación de todo tipo de textos, facilitó un tipo de lectura más rápida e individual.