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Revista Ábaco 43 Revista Ábaco

La interculturalidad como problema: esbozo de una propuesta filosófica

por David Porcel Dieste
Revista Ábaco nº 43

Número de páginas: 4
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En su ensayo España invertebrada (1921) Ortega desarrolla su propuesta de lo que debe ser una sociedad sana y vertebrada. Comienza analizando las causas de la aparición en España de movimientos nacionalistas y separatistas y propone soluciones a ellos. Fundamentalmente estas causas son dos: por un lado, la pérdida del sentimiento de pertenencia a una comunidad con un mismo proyecto común; por otro, la falta de la vertebración necesaria para llevar este proyecto a buen término. La conclusión de Ortega es que España es una sociedad enferma, una sociedad insana, debido a la falta de compromiso e implicación social ciudadanas para realizar un proyecto común: "La potencia verdaderamente substancial que impulsa y nutre el proceso es siempre un dogma nacional, un proyecto sugestivo de vida en común (...) Los grupos que integran un Estado viven juntos para algo: son una comunidad de propósitos, de anhelos, de grandes utilidades. No conviven por estar juntos, sino para hacer algo juntos." [ 10 ]

En este sentido, Ortega cree que es el deseo constitutivo humano de realizarse, es decir, el deseo de bienestar, unido al sentimiento de pertenencia a este proyecto común, lo que puede orientar al hombre hacia una vida mejor tras la crisis de los metarrelatos y devolverle así a una sociedad sana y comprometida. Los problemas de los nacionalismos es preciso solucionarlos desde su base, y su base es el sentimiento, el sentimiento de pertenecer a una comunidad absolutamente distinta con intereses y proyectos distintos, y el consecuente deseo de ser reconocido como tal por las demás comunidades, deseo que si no es satisfecho conduce al malestar y a la imposición. Por tanto, para atajar el problema es preciso lograr que el sentimiento de exclusión y la consecuente imposición se convierta en un sentimiento de inclusión que conduzca a la integración, para lo cual se requiere que los diferentes integrantes de la sociedad y de sus respectivas comunidades se sientan partícipes activos y responsables de un mismo proyecto deseado y compartido. Los problemas que Ortega observa en su tiempo, como él mismo advierte, no pueden solventarse con la acción del Estado de Derecho, ya que la causa de la desvertebración está en la falta de este sentimiento común de pertenencia, cuestión que es previa a todos los formalismos éticos y jurídicos. Por tanto, todo cambio en la estructura social o estatal no afectará a la raíz del problema que seguirá permaneciendo. En este sentido la construcción de un marco adecuado -determinado por una serie de principios cívicos -, si bien es necesaria para una sociedad que pretenda la convivencia social, no la asegura. El filósofo en este sentido afirma que es necesario que cada ciudadano se sienta integrado y partícipe de un mismo proyecto con el fin de asegurar su cumplimiento y la convivencia social. Para ello, precisa Ortega, es necesario avivar y fortalecer las relaciones entre las minorías, que deben guiar a las masas para el cumplimiento del proyecto común, y las mayorías, que deben dejarse guiar por aquellas.

PROPUESTA PARA UN NUEVO MODO DE CONCEBIR LA EDUCACIÓN DE ACUERDO A LOS PRINCIPIOS DE LA FILOSOFÍA MORAL ORTEGUIANA
A mi modo de ver, al hilo de las ideas que asienta Ortega en relación al problema de las relaciones interculturales, existe hoy día en España y en otros países europeos un problema fundamental que dificulta la posibilidad de un compromiso íntegro con un proyecto colectivo y compartido, compromiso que podría acercarnos más al proyecto político europeo y enfriar los movimientos separatistas y nacionalistas de algunas nacionalidades. Este problema consiste a mi juicio en el modo como hoy día se estructuran los actuales sistemas educativos, tanto en España como en otros países europeos. Una educación adecuadamente estructurada, según los principios que Ortega plantea en su teoría de la historia, debería conseguir que el ciudadano al final comprendiera la razón de que nuestros proyectos y ambiciones políticas, nuestras actuales formas de gobierno, nuestras tendencias científicas y tecnológicas, artísticas, sean las que son, en definitiva, de que nuestra forma de concebir como debe ser el mundo y nuestra sociedad sea la que es. Ello permitiría al alumno tomar consciencia de su lugar en la historia y de la importancia que han tenido las generaciones pasadas para la actual configuración del mundo.
A mi juicio la educación debe ser el elemento fundamental que asegure un espacio de convivencia e integración sociales y culturales, pero para ello es conveniente tomar consciencia de que nos corresponde a los ciudadanos de hoy, que compartimos más allá de las fronteras y banderas unas mismas creencias y valores, asumir el sentido de nuestra tradición y completar así el esfuerzo que generaciones pasadas realizaron con propósitos similares. En este sentido, una educación estructurada de acuerdo a la concepción la historia que defiende Ortega, avivaría los lazos de solidaridad, no sólo entre las diferentes culturas que mantienen una misma tradición, unos mismos proyectos e intereses, sino también entre los hombres de hoy y los de ayer de los que somos herederos.
La educación actual, en España y en otros países europeos, tanto en los niveles de Secundaria, Bachiller como universitarios, es básicamente una educación de conocimientos e ideas - en la asignatura de Física, por ejemplo se estudia lo que dice Galileo, lo que dice Newton; por otro lado, de forma independiente, en Filosofía se estudia lo que dice Platón, Aristóteles, Descartes; en Historia del Arte las obras de Mirón, Bernini, Miguel Ángel - Esta educación, estructurada en compartimentos estancos, priva al futuro ciudadano de la posibilidad de que comprenda la razón de que esas ideas aparezcan entonces y no en otro momento, su orientación y finalidad, su importancia para entender las ideas de hoy, etc. En este sentido, una educación de acuerdo a la teoría de la historia de Ortega permitiría comprender por ejemplo, por qué lo que Kant defendió hace doscientos años lo hizo necesariamente poco después de la muerte de Newton y teniendo en cuenta su sistema científico, o de un modo simultáneo a la defensa de los principios ilustrados que emprendían los teóricos políticos, cuál era el proyecto último que se perseguía con tales esfuerzos, qué creencias lo animaban, y de qué forma hemos heredado ese resultado en el proyecto que hoy día es Europa tanto desde una perspectiva política, científica, económica, social. De ese modo, una educación así planteada permitiría al ciudadano de hoy llegar a una comprensión adecuada del origen de nuestro tiempo, con sus intereses y proyectos, lo cual presumiblemente avivaría su sentimiento de solidaridad con respecto a generaciones pasadas y futuras y realizaría así con mayor compromiso la tarea de su tiempo.
En definitiva, al hilo de las ideas que plantea Ortega, para lograr estos fines de convivencia intercultural, a mi juicio sería interesante articular una educación cuyo fin último fuera lograr que cada ciudadano tomara consciencia de la responsabilidad de asumir su proyecto propio junto a aquellos que comparten y han compartido los mismos valores y creencias que caracterizan las actuales sociedades europeas. Ello puede ser una de las claves para lograr una sociedad donde convivan diferentes culturas animadas por un mismo deseo y una misma proyección futura.
BIBLIOGRAFÍA
Freud, Sigmund, El malestar en la cultura, Biblioteca Nueva, Madrid, 1968
Friedrich, Nietzsche, Voluntad de poder, Biblioteca Edaf, Madrid, 1998
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NOTAS
  • [ 10 ] Ortega y Gasset, José (1999) España invertebrada, Madrid, Alianza Editorial.

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