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Revista Ábaco 43 Revista Ábaco

La interculturalidad como problema: esbozo de una propuesta filosófica

por David Porcel Dieste
Revista Ábaco nº 43

Número de páginas: 4
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El filósofo español advierte a comienzos del siglo pasado que uno de los problemas fundamentales con los que se enfrenta el positivismo y las nuevas ciencias de la naturaleza es el problema de la imposibilidad de conocer lo humano, lo constitutivo de la realidad humana. El hombre es el único ser que no tiene una naturaleza ya dada y definida, su ser no se reduce a un código genético o a un conjunto de átomos, su ser va a estar determinado por lo que en su vida desee hacer. Estas ciencias no pueden dar respuesta a la pregunta por la esencia de lo humano ni por la identidad biográfica y cultural del hombre: ¿Qué soy?, ¿quién soy? En efecto, asegura Ortega, un humanismo científico que pretenda concebir lo humano como algo substante, como tal, susceptible de ser observado y conocido, como hoy día defienden aquellos científicos y filósofos herederos del positivismo8, no puede aprehender lo constitutivo y esencial al hombre. El hombre, cada uno, no somos algo ya dado, de una vez para siempre, sino algo que está por hacer, que está por decidir. Por tanto, no es el código genético lo que determina nuestro porvenir, lo que constituye nuestra naturaleza, sino nuestro deseo de ser aquello que creemos nos hará más dichosos: "El hombre no tiene empeño por estar en el mundo. En lo que tiene empeño es en estar bien. Sólo esto le parece necesario y todo lo demás es necesidad sólo en la medida en que haga posible el bienestar." [ 9 ] Este deseo de bienestar, unido a la imaginación, nos sitúa ante un repertorio de posibilidades imaginadas sobre las cuales debemos decidir una, renunciando a las demás. Por ello, el hombre en su vida puede ser muchos hombres, muchos yoes, dependiendo del proyecto imaginario que opte llevar a cabo. Entonces, si como afirma Ortega, las ciencias de la naturaleza no pueden conocer lo que somos, ¿a qué debemos recurrir para conocer la realidad humana, para comprender nuestra identidad? A la razón histórica, responde el filósofo español.
En su ensayo Historia como sistema (1936) Ortega asienta los fundamentos de su teoría de la historia y del progreso humano. La historia, frente a la visión racionalista y positivista, que la considera como un proyecto seguro hacia un conocimiento total del mundo y hacia una educación que asegure una convivencia pacífica, Ortega la concibe como un camino constante de errores que debemos considerar para elegir mejor nuestro porvenir. Para ello es necesario narrar desde el presente nuestra historia, mediante la razón histórica, teniendo en cuenta el sistema de creencias y valores fundamentales desde los que el hombre del pasado ha pensado y actuado: el hombre cristiano, por ejemplo, desde la creencia en Dios como causa suprema, el hombre racionalista desde la creencia en la capacidad de la razón para conocer el mundo... Esta narración permite descubrir, por ejemplo, al hombre europeo como el hombre que sigue siendo liberal, absolutista, feudal, pero que ya no lo es. Si no hubiese hecho esas experiencias, nos recuerda Ortega, si no las tuviese a sus espaldas y no las siguiese siendo en su recuerdo de haberlas sido, es posible que ante las dificultades de la vida política actual se resolviese a ensayar con ilusión alguna de esas actitudes.
LA FILOSOFÍA MORAL ORTEGUIANA COMO BASE PARA LA PROPUESTA DE UN NUEVO MODELO DE SOCIEDAD Y DE CONVIVENCIA INTERCULTURAL
Como respuesta a la crisis de la concepción positivista del progreso y de la legitimidad de los grandes relatos, Ortega considera que es el deseo originario de bienestar la fuerza que debe impulsar a cada hombre y a cada pueblo para la realización de su respectivo yo o proyecto vital. El hombre no debe guiarse por ningún ideal de vida buena y menos debe hacer caso de todo relato que trate de demostrar que existe un único camino verdadero o correcto. Debe, simplemente, seguir su deseo de bienestar, su deseo de realizarse, el deseo de cumplir su yo.
Como veremos a continuación, este nuevo imperativo de bienestar, de autenticidad, constituye para Ortega el impulso que deben seguir el hombre y los pueblos para lograr una convivencia intercultural sana y adecuada. El filósofo español se va a centrar en los problemas de desvertebración que observa entre las comunidades y las clases sociales en la España de los años veinte. A mi juicio me parece interesante considerar estas ideas teniendo en cuenta el proyecto unificador que hoy día pretende llevarse a cabo en torno a la nueva idea de una Europa cosmopolita, proyecto que pretende aglutinar y vertebrar diferentes nacionalidades y culturas en torno a un mismo ideal de convivencia. A su vez, como al final veremos, creo que sería interesante proponer un nuevo modo de entender la educación teniendo en cuenta la nueva concepción de la historia que propone Ortega y ante la nueva proyección que hoy día es Europa, con el fin de contribuir a la propuesta orteguiana de convivencia intercultural.
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NOTAS
  • [ 9 ] Ortega y Gasset, José (2000) Meditación de la técnica, Madrid, Alianza Editorial.

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