Exilios interiores más duros
El exilio interior de Catalán fue duro, pero en modo alguno comparable al de Enrique Moles, el líder de la Química española en el primer tercio del siglo XX. Al abandonar Cabrera España, Moles pasó a dirigir el Instituto Español de Física y Química. No sólo esto, en 1937 aceptó el nombramiento de Director de Pólvora y Explosivos, también firmó, junto a Menéndez Pidal, Mediaveitia, Ju an de la Encina, Zulu eta y Pedro Carrasco, un manifiesto publicado en El Socialista titulado «Contra la barbarie fascista». Al final de la guerra se exilió en Francia, obteniendo una plaza de Maitre de Recherches en el Conseil Scientifique de Recherches. Mientras en Madrid se le había desposeído de su cátedra. Pero ante la posibilidad de la invasión alemana, y a pesar de tener ofertas de trabajo en otros países, decidió regresar a España en 1941 (tal vez pensaba que la presión internacional que reclamaba que se le restituyese en su cátedra le protegería). Fue encarcelado inmediatamente y condenado a muerte en un Consejo de Guerra, pena que le fue conmutada por treinta años de prisión, aunque fue liberado finalmente en 1945. Nunca recuperaría su cátedra, ganándose la vida trabajando para laboratorios privados, como Energía e Industrias Aragonesas S.A. y el Instituto de Biología y Sueroterapia (IBYS).
Matemáticas, Física y Química
En una voluminosa obra titulada El exilio español en México publicado por la editorial Fondo de Cultura Económica, hay una sección con la denominación de «Matemáticas, física y química», de José Cueli. De ella tomamos las siguientes precisiones: El cultivo de las matemáticas, tendente a la formación de grupos de investigación, al fortalecimiento de los departamentos de esa materia en las escuelas profesionales, a la difusión y el desarrollo de los proyectos de investigación que requiere el país, está apuntalado históricamente por los cambios producidos a fines del siglo XIX en los niveles secundario y preparatorio; por la reestructuración de la enseñanza media, en la segunda mitad de los años veinte, y por sucesivas transformaciones que atienden a los dictados del desarrollo científico y al avance de las principales instituciones académicas y científicas, donde tienen principal aplicación terminal las matemáticas. Como todos los ramos de la enseñanza, el correspondiente a las matemáticas ha sufrido una acelerada evolución en la etapa posrevolucionaria, particularmente en los treinta, cuando grupos de ingenieros con estudios en el extranjero regresaban para ser el núcleo de la carrera de matemáticas, creada en 1936, cuando ya podía afirmarse que la ciencia se apoyaba crecientemente en las matemáticas, haciendo de esta disciplina «un factor decisivo en la dinámica actual del saber científico», a más que la gradual especialización del saber científico ha convertido a las matemáticas en una herramienta principal.
No tan importante cuantitativamente como en otras actividades, la contribución republicana en este campo se ha dejado sentir en la docencia y en la investigación, por medio de investigadores formados en la península y de refugiados políticos que se acogieron a esa disciplina en el exilio. A la primera generación corresponde Enrique González Jiménez, doctorado en Ciencias exactas en la Universidad Central de Mad rid, su lugar de nacimiento (1908), habiendo sido profesor de aritmética, álgebra, geometría analítica y cálculo infinitesimal en escuelas superiores, así como de ciencias en los Institutos de Segunda Enseñanza. Era catedrático en su
alma Mater cuando tuvo que salir de España, y en México desempeñó funciones igualmente destacadas, como director del Instituto Luis Vives. Dio a conocer estudios sobre la teoría de las sustituciones y los sistemas polares; ampliación y complemento de matemáticas, geometría analítica y descriptiva. González Jiménez murió en 1957, mismo año en el que expiró Ricardo Vinós Santos. Vinós había formado la Escuela de Orientación Profesional de Madrid. Desde 1940 dirig ió la Hispano-Mexicana, acompañándolo durante los d oce siguientes años Vicente Carbonell Chauro en la Secretaría de la Academia. Carbonell (Madrid, 1914) ha dejado conocimientos matemáticos y buenos recuerdos de su persona en los miles de alumnos que pasaron por las aulas del «Madrid», del «Luis Vives», La Academia, el plantel nº 4 de la Escuela Nacional Preparatoria y la Secundaria nº 17 de la SEP. La Hispano-Mexicana tuvo de maestro-fundador a Lorenzo Alcaraz, que pudo haberse quedado en España a disfrutar de una posición económica superior, pero prefirió venir como un exiliado más. La primera remesa colectiva, la del «Sinaia», traía a Marcelo Santaló Sors (Gerona, 1905), astrónomo en el Observatorio de Madrid. El Servicio de Emigración lo colocó en el « Luis Vives», alternando posteriormente con los otros colegios del exilio. Su creciente prestigio fue consolidándose con conferencias y noticias bibliográficas, lo que le valió para ser nombrado, en 1957, jefe de la sección de Ciencia y Tecnología de la OEA, recibiendo en 1960 el encargo de la UNESCO de estudiar la enseñanza de las matemáticas y de la Cosmografía en Ecuador, Perú, Chile, Argentina y Paraguay.
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Buscadores de simetrías (Los físicos)
A diferencia de otras actividades, en la que España concurrió con nutridos grupos científicos, en la física fueron unos cuantos los que llegaron formados. Terminaban los años treinta y en México cobraban sentido y fuerza las inquietudes por implantar la enseñanza de la física moderna. Nacían grupos de estudio que iban a los Estados Unidos y a Europa, y que luego regresarían a formar personal e instituciones. Claro está que hubo, y que hay, aportación republicana en el terreno de la física, pero en este aspecto con el ingrediente adicional de que españoles y mexicanos iniciaron al parejo una tarea que parte formalmente de la creación de la carrera de física en la Facultad de Ciencias. De los primeros en incorporarse al exilio Blas Cabrera Felipe. Blas Cabrera significaba de por sí una importante contribución: es descubridor de la ciencia del magnetón, nominada Wais-Cabrera en honor de sus elaboradores. Adscrito como miembro activo a los organismos científicos de Europa y América, estuvo en México, en 1926, retornando en 1939 para dar clases en la Facultad de Ciencias de la UNAM, en el Instituto de Física estudió las propiedades magnéticas de las tierras raras y desarrolló publicaciones sobre la teoría de la relatividad, el átomo y la estructura de la materia.
Hazaña meritoria fue la de Pedro Carrasco Gorronera, al sostener la edición del Anuario de A s t ro n o m í a durante los años bélicos. Carrasco (Badajoz 1883-México 1966) había alcanzado el Decanato de la Facultad de Ciencias de Madrid, dirigido el Obs ervato rio Astronómico y ostentado el rango académico de la Real de Ciencias.
Formó parte del segundo grupo de invitados al Colegio de México (Casa de Españ a) y transmitió sus conocimientos a varias generaciones de universitarios, politécnicos y alumnos de la Normal Superior. Presidió el Patronato de la Institución «Luis Vives», dejando una extensa producción editorial en la que se encuentran títulos sobre la filosofía de la mecánica, la relatividad, la mecánica experimental y la instrumental. Y así podríamos continuar detallando las actividades de otros físicos españoles exiliados.