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Revista Ábaco 42 Revista Ábaco

El exilio científico español

por José María Laso
Revista Ábaco nº 42

Número de páginas: 6
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Una de las consecuencias más negativas de la guerra civil española fue el exilio masivo de republicanos que se produjo al finalizar la contienda bélica, para escapar de la feroz represión franquista. Más de medio millón de españoles tuvieron que exiliarse en Francia, al producirse la caída de Cataluña, y fueron internados en los campos de concentración que creó el Gobierno Daladier en las playas del Mediterráneo cercanas a la frontera española. Sin embargo , tan masivo exilio no sólo fue masivo por la cantidad sino que también alcanzó altos niveles cualitativos, ya que en él estaban integrados los más insignes personajes de la cultura española.
De entre tales personajes se podía también desglosar a figuras prominentes de la ciencia española, que se habían ido desarrollando gracias a la labor de la Institución Libre de Enseñanza y la Junta de Ampliación de Estudios. Este fenómeno se desarrolló, sobre todo, en el primer bienio de la II República Española. Este elemento cualitativo del exilio español se manifestó, ante todo, en el exilio español de México, gracias al apoyo del Presidente de la República, el general Lázaro Cárdenas. Ya en 1942, en un ejemplar de la revista Selecciones del Reader 's Digest -que me regalaron en el Consulado norteamericano en Bilbao cuando recogía propaganda aliada antinazi- se publicó un artículo, titulado «Emigrados que enriquecen su nueva patria», en el que se informaba de cómo los intelectuales y científicos españoles exiliados habían contribuido a la prosperidad del pueblo mexicano.
Pero no fue México el único país donde se produjo este fenómeno. Ocurrió lo mismo en Francia, Gran Bretaña, Bélgica, República A rgentina, Chile, Cuba y la URSS. Uno de los ejemplos que se puede considerar paradigmático de la excelente labor científica de un exiliado republicano español es la del físico Arturo Duperier Vallesa (1896- 1959). Natural de Pedro Bernardo (Ávila), estudió en la Universidad Complutense de Madrid hasta doctorarse en Ciencias Físico-Químicas en 1924. En 1921 había ingresado en el Cuerpo de Auxiliares de Meteorología y Magnetismo aunque fueron sus estudios sobre los rayos cósmicos los que le proporcionaron celebridad mundial. Al finalizar la guerra civil española se exilió y en 1939 fue llamado por la Universidad de Manchester para colaborar con el profesor P. S. M. Blackett y muy pronto puso a punto una nueva técnica experimental de mucha más precisión que las utilizadas anteriormente, que permitió relacionar las diversas variaciones diurnas de la radiación cósmica con la actividad solar. De regreso a España en 1953, el Departamento de Investigaciones Científicas y el Imperial College le hicieron donación de las instalaciones creadas por él, y en las que había trabajado con tanto fruto, como homenaje de reconocimiento por su labor. Dificultades de diverso orden retrasaron su montaje de España, tiempo que aprovechó Duperier para formular una hipótesis explicativa del «efecto positivo» que anteriormente había descubierto y que dio a conocer en el Congreso Internacional de Rayos Cósmicos celebrado en México en 1955. Por entonces, la Emisora BBC difundió diversos artículos, de científicos y periodistas, en los que se criticaba la desidia del régimen franquista en facilitar la relevante labor del profesor Duperier. Así, por ejemplo, el hecho insólito de que la Aduana española hubiese retenido durante meses el material científico del profesor Duperier. El éxito de la comunicación del profesor Arturo Duperier al Congreso Internacional de Rayos Cósmicos le valió para ser invitado por varias Universidades y Centros de Investigación norteamericanos a dar conferencias exponiendo sus notables teorías. La última y más importante contribución del profesor Duperier al conocimiento de la radiación cósmica se titula «Nuevo método para el cálculo de los fenómenos de interacción entre las partículas dotadas de altísimas energías y el de sus trayectorias», cuya primacía sorprendió a los especialistas reunidos en el Congreso Internacional de Edimburgo de 1958, muchos de los cuales opinaban que este trabajo, de carácter eminentemente teórico, constituía la más importante aportación a la física realizada en los últimos años. [ 1 ]
Otras particularidades del exilio español
En su relato autobiográfico «Mi exilio», de Ramón López Barrantes, se sostiene: Ninguna emigración de las múltiples españolas, tuvo las penosas características de la que impuso la pérdida de la guerra civil a los republicanos españoles. Ni por su volumen ni por la dureza a la que obedeció. Aun remontándonos a los Reyes Católicos, tanto en la expulsión de los moriscos como en la de los judíos, no encontramos precedentes de tanto encono y desamparo. A unos y otros se les permitió llevarse bienes y ajuares que no fueran plata y oro. Nosotros, los republicanos españoles, tuvimos en pleno siglo XX, mundo de progreso y esplendor, peor suerte, porque lo hicimos hostilizados de trato implacable. Los que se quedaron -y cuando lo hicieron por torpes que fueran ¿de qué se considerarían responsables?- porque millares y millares engrosaron las cárceles: y de ellos, muchos, muchos, demasiados, sucumbieron ante los pelotones de ejecución [...]. Éstas y otras consideraciones fueron las que, sin duda, motivaron que, perdida la guerra, se constituyese en París el Servicio de Evacuación de Republicanos
Españoles (S.E.R.E.). Se prescindió por el Gobierno -sus razones tendría- del anuncio y publicidad previos de tan sensata medida. Y se dispuso, ya en el exilio, a proteger cuanto fuera posible, a lo mucho que necesitaba protección. Por esa incomprensible ofuscación de nuestro temperamento, que ni aun en los trances más peligrosos deja de manifestarse, no se dio la unanimidad en las altas esferas políticas para realizar un esfuerzo común. Dos hombres eminentes, Negrín y Prieto, ambos socialistas, mentes esclarecidas, tuvieron la debilidad -ellos y sus camarillas- de continuar en el exilio, las diferencias que ya en la guerra y en España les venían separando. Ninguno de los dos se soportaban, y menos querían someterse el uno al otro. Unirse y actuar juntos parecía lo conveniente. Dieron suelta en folletos de dudoso gusto y marcada inoportunidad a sus antagonismos más que discrepancias.
El momento, tan crítico, no era para eso. La emigración merecía sacrificios de todo género, superar las rencillas, unanimidad. Que los fondos de que se disponía se acumulasen. A muchos espectadores esta absurda disputa ni la comprendíamos ni nos agradaba. Parecía absurda de las angustiosas circunstancias y del talento de ambos antagonistas. El resultado fue que junto a la S.E.R.E. apareció y operó la Junta de Ayuda a los Republicanos Españoles (J.A.R.E.) patrocinada por Prieto. Y la emigración -según simpatías o conveniencias-, se adscribía a un grupo u otro. Innecesario decir que en la S.E.R.E. intervenía Negrín . [ 2 ]
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NOTAS
  • [ 1 ] Síntesis biográfica de Arturo Duperier Vallina, publicada en el tomo 6 de la Gran Enciclopedia del Mundo. Editorial Durvan, Bilbao, 1977.
  • [ 2 ] Ramón López Barrantes, Mi Exilio , G. del Toro Editor, Madrid 1974. Págs. 187 y ss.

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