Mujer de mediana edad, cuida a su esposo de 60 años ( ela ), muy dependiente: «Me siento mal a nivel emocional y psicológico, en tratamiento por depresión. La situación económica ha empeorado mucho, llegando a fin de mes con mucha dificultad, no hay posibilidades de hacer proyectos, no me siento capaz de salir de casa más de unas horas ... Existe una necesidad imperiosa de apoyo psicológico público para las familias en las que hay algún afectado de ela , en especial para la persona enferma. Tengo la impresión de que dado que se trata de una enfermedad que afecta a un número relativamente reducido de personas, no existen profesionales de psicología que estén lo suficientemente formados como para poder aportar el apoyo necesario, que es muchísimo y muy importante, a mi entender, para una evolución positiva así como para poder "disfrutar" de una calidad de vida "aceptable". Pues se trata de una enfermedad que lo único que deja disponible en la persona afectada es precisamente aquello que más influye en su estado anímico y emocional: sus facultades intelectuales y su capacidad sexual, lo cual hace mucho mayor su sufrimiento y el de sus seres queridos más cercanos. En nuestro caso, el núcleo familiar se reduce a nosotros dos. Pueden pues, tal vez, imaginarse cómo la situación afecta, además de a nivel físico, a nivel psíquico. Asimismo, quiero hacerles partícipes (por si puede servir para algo) de la idea que tengo de que en el caso de enfermedades del sistema nervioso tales como parkinson, alzheimer, esclerosis múltiple, ela , está muy bien que se investigue a nivel biológico, genético y farmacológico, pero también hay que investigar a otros niveles, como emocional o psicológico, para dar con el reme dio de esas tan crueles enfermedades».
En conclusión, la vida social incluye los cuidados mutuos entre personas y, de manera especial, cuando hay relaciones de convivencia y parentesco. Sin embargo, no es justo que se siga exigiendo a las mujeres la obligación de asumir la responsabilidad principal de los cuidados. Del mismo modo que ha evolucionado la atención a las personas dependientes como una cuestión de derechos humanos, promoviendo su igualdad de oportunidades, así debe replantearse el reparto de responsabilidades para hacer efectivos los derechos de las personas que les prestan cuidados. Con este nuevo reparto se trata de equilibrar las responsabilidades tradicionalmente asignadas a las familias que en la práctica han recaído en las mujeres. Las mujeres tienen derecho a tener las mismas oportunidades de desarrollo personal y social que los hombres, sin discriminación social. Derecho a elegir su propio futuro, conciliando, siempre que sea una opción lib reme nte elegida, la prestación de cuidados con la posibilidad de independencia económica y protección social. Para hacer posible esa libertad de elección, necesitamos unas políticas públicas que promuevan, como dice Naciones Unidas, un cambio de mentalidad para redistribuir socialmente el costo de la carga de las tareas de cuidado equitativamente entre hombres y mujeres, entre Estado, familia, comunidad y empresas.