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Ábaco. Revista de Cultura y Ciencias Sociales 59 Ábaco. Revista de Cultura y Ciencias Sociales

Por una nueva estética musical. Confesiones del Dr. Freak

por Emilio Azcárate
Ábaco. Revista de Cultura y Ciencias Sociales nº 59, 2009

Número de páginas: 5
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Si queremos analizar el futuro de la música o la música del futuro tendríamos primero que detenernos en el equívoco concepto en que dicho análisis se inscribe, esto es: EL TIEMPO.
Ya que el tiempo, contrariamente a la opinión más generalizada, no es el parámetro en que se desarrolla la música: una suerte de pentagrama dimensional de eventos sonoros en el que estos se producen. Antes bien el tiempo es el valor de las actividades humanas donde acontecen las miserias de la vida de las gentes: Un tiránico contable de nuestros días que es, justamente burlado, engañado, subvertido, cuando hace su aparición la música que es su enemiga jurada. Dicho de forma más simple: SI TIEMPO NO MÚSICA/SI MÚSICA NO TIEMPO. La música parecería que disuelve el tiempo en la presencia de un transcurrir y unos momentos que no son susceptibles de ser medidos en una escala temporal estándar.
Pues bien, sucede con el concepto de futuro que parece darse en una visión mayormente LINEAL del tiempo. Pasado en el pasado y futuro en el futuro. Alfa y Omega. Un único sentido. Principio y fin. Creación y Juicio Final. Nuestras investigaciones paleosóficas nos llevan en cambio a concebir el transcurrir en algo así como una espiral de ciclos en expansión. Pasado en el Futuro y Futuro en el Pasado. El Eterno Retorno (... de lo reprimido que diría Freud).
Si analizamos la historia de la música, más que un "progreso" de la forma, un destino lineal, lo que vemos es la aparición y desaparición de especies musicales en una suerte de "ecosistema" en el que las diversas músicas ocupan en cada momento del ciclo una serie de nichos "ecológicos". Hay en todo ello grandes periodos de extinción (la gran extinción de finales del Barroco, la de finales del siglo XX... etcétera). En el siguiente ciclo los nichos son ocupados por otras músicas cuyos elementos son redescubiertos y recombinados para dar lugar a una forma que es "nueva y sin embargo la misma".
Por tanto animamos al lector a desprenderse de las mezquinas consideraciones provenientes de un concepto erróneo de inspiración judeocristiana y sumergirse en el mar sin fin de posibilidades musicales que surgen de la amnesia tanto como de la memoria.
En fin: La música. A lo mejor no es tan importante. Después de todo la mayoría de la gente no oye música sino una especie de sucedáneo industrial: un fast-listening, un producto de consumo de usar y tirar. No voy ahora a pararme en contaros los estragos que la industria ha producido en la emergencia de nuevos "talentos", con esa ignorante arrogancia con la que unos seborreicos mercachifles han decidido de la vida o la muerte de tantas posibles músicas que se han quedado perdidas en los armarios de los despachos, hasta convertirse todo en un disco rayado: ¿Qué tocamos, maestro?... Lo de siempre.
Así que supongo que este artículo está destinado a los ya conversos, a los iniciados, que después de todo, no todo el mundo tiene oído. Si la mayor parte de la gente es incapaz de procesar mentalmente la cantidad de información que contiene una obra musical, y no voy a distinguir entre una simple canción o una obra de las dichas serias (que seriedad la hay en todo artista genuino, dedíquese al género que se dedique) pues, en fin, tampoco tienen los pobres la culpa. Después de todo les han llenado la vida con un ruidillo de fondo confortable y funcional y les han convencido de que ESO ES MUSICA y nunca han tenido tiempo de pararse a digerir algo más consistente. No deja de ser chocante que ahora que tenemos la oportunidad de repetir la escucha cuantas veces queramos (consideremos lo que pasaba antes de nuestra era si uno quería escuchar una determinada pieza: pensemos en Bach peregrinando leguas y leguas a pie para escuchar tocar a Buxtehude) decía que en vez de ir encontrando cosas "interesantes" susceptibles de repetida escucha hasta realizar una digestión, un metabolismo musical provechoso para la mente individual, un buen nutriente para el cerebro en crecimiento, la gente se queda con lo "fácil" con lo que puede ser digerido de una sentada. Y es que así la industria tiene el campo libre para inundar el mercado con ese sucedáneo que la mayoría de la gente toma por música. El caso es producir y consumir. Queda claro que cualquier consideración "artística" o "estética" resulta irrelevante frente al imperio de la máquina del Dinero que es lo que está detrás de todo ello: un negocio fraudulento donde se engaña a la gente, se la manipula mediante la propaganda y se la induce a un consumo masivo de productos desechables. Ya podéis imaginaros el alborozo con que el fenómeno de las descargas piratas me regala. He ahí el virus que acaso acabe de una vez con tan criminal imposición. Ahí quizás tengamos el primer vislumbre del surgir de una nueva inteligencia: El fin de la dinosáurica industria y lasfamosas unidades pequeñas móviles e inteligentes que decía el Sr. Fripp a mediados de los setenta. Amén.
Pero no nos engañemos: Tantas décadas de manipulación, de alienación industrial, han dejado muy mal paradas las capacidades del gran público para apreciar algo que no sea una repetición constante de clichés. Fijémonos por ejemplo que los terrenos que una vez fueron vanguardia y donde se consideraba como un valor primordial la creación original (como por ejemplo esa cosa del jazz) son abandonados a una pandilla de virtuosos meritorios que lo que se dice crear, crean más bien poco, pero que se regocijan con darnos la "lección" y ponerse las ropas de los grandes que en la mayoría de los casos les quedan anchas. "Jazz is not dead, it just smells funny", que decía ya entonces Zappa. Pero ellos tan felices poniéndose interesantes y engañando a cuatro simples algo menos simples, o al menos eso se creen ellos, que se sienten de esa forma parte de la "minoría selecta". Algún mequetrefe jazzofilo se cruzo en nuestro camino y, francamente, prefiero tratar con la vieja escuela del conservatorio si me apuráis, es tan triste pensar en las vidas tantas veces trágicas de aquellos que se atrevieron a ir más allá de lo establecido, a enriquecer el vocabulario de la música con nuevas vías de exploración, para al cabo ver a tanto "enterao" intentando aprovecharse de ello para pasar por el súmmum de la cultura y el refinamiento.
No sabemos cuál será el futuro. Aquello que crea la cultura es lo mismo que la destruye: el microsurco o el internet.
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