Aunque ha dirigido grandes éxitos como «Scanners», «La zona muerta», «La mosca» e «Inseparables», el canadiense David Cronenberg ha sido uno de esos genios incomprendidos por el «status quo» hollywoodiense, si bien, como él mismo confiesa, los grandes estudios intentaron comprarlo durante años con ofertas millonarias para que dejara de filmar películas raras y se dedicara al cine comercial. Tal vez el hecho de haber podido concretar tan sólo tres películas en una década, «Crash» (1996), «eXistenZ» (1999) y «Spider» (2002), ayudaron a que finalmente Cronenberg aceptara rodar un proyecto por encargo. Pero la actitud respetuosa de los ejecutivos de New Line hacia el talento de este gran director permitió que «Una historia de violencia» se haya convertido en el film que probablemente hará justicia a la carrera del realizador canadiense. Un decidido favorito en la inminente carrera por los premios Oscar, el inusual «thriller» cuenta la historia del dueño de una fonda en un pequeño pueblo (Viggo Mortensen), cuya vida y la de los que lo rodean se transforma por completo la noche en que dos criminales deciden asaltar su restaurante.

-¿Por qué decidió mantener el título original de la historieta? Parece el título de un documental...
- Es cierto, y sería un documental muy, pero que muy largo. La verdad es que cuando leí el guión no sabía que estaba basado en una historieta, y lógicamente tampoco sabía que la historieta tenía ese título. Cuando leí el guión sabiendo que en New Line estaban decididos a financiar la película, desde un primer momento me aclararon que querían mantener el título. Al principio no estaba muy convencido porque me parecía que podía confundir al público y porque no es habitual poner la palabra «violencia» en el título de una película. Pero en cualquier caso, nunca hubo demasiado debate con respecto al título del film.
- Pero sí pidió otros cambios, sobre todo en el guión, ¿no es así?
- Sí. Por ejemplo, no había escenas de sexo en el guión de Josh Olson, y los personajes de Viggo y de William Hurt no eran hermanos. Me di cuenta de que si eran hermanos la relación entre ellos iba a cambiar por completo y los diálogos también tenían que cambiar. Con Olsen colaboramos muchísimo. En el guión de Josh había muchos personajes que quité. Cuando lo leí por primera vez tenía ciento quince páginas y lo dejé en ochenta. Lo que ves en la pantalla son apenas sesenta y seis minutos de guión.
- ¿Diría que el tema de este film es la redención?
- Creo que Una historia de violencia trata sobre un buen número de temas, e incluso me parece que tiene ciertas similitudes con los westerns clásicos del cine norteamericano, algo de lo que fuimos muy conscientes a lo largo del rodaje, si bien siempre se ha visto al western como un género bastante conservador, e incluso reaccionario, con ideas muy cristianas sobre la redención y ese tipo de cosas. Y creo que Una historia de violencia es un poco más subversiva, que empieza con una propuesta más o menos tradicional y luego se subleva contra ella, la cuestiona y la termina corrompiendo. Por lo tanto no creo que el único tema de la película sea la redención. Sí creo que el film se pregunta sobre si la redención es posible, pero la realidad es que no necesariamente la contesta. Muchas otras cosas quedan sin contestar porque no tengo las respuestas, sólo tengo las preguntas. Por eso la película no tiene un mensaje predigerido, porque para eso uno tendría que tener todas las respuestas e ir presentándoselas convenientemente a su público. Pero eso no es para mí. Para mí la experiencia cinematográfica, además de ser una fórmula narrativa que me resulta verdaderamente fascinante, es una exploración filosófica en la que constantemente me pregunto cosas y las debato conmigo mismo. Básicamente invito al público a que me acompañe en mi viaje exploratorio, que vea por sí mismo y decida qué piensa de lo que voy descubriendo.
- ¿Cuáles serían las preguntas que se hace este film?
- Son muchas. Una de ellas es si es posible escapar de nuestra herencia animal en lo que concierne a la violencia. Somos los únicos animales que podemos elegir no ser violentos, porque tenemos conciencia e intelecto y entendemos cuáles son las consecuencias de un acto de violencia. También parece que somos los únicos animales -probablemente en todo el universo- que somos capaces de imaginar algo que no existe. El resto de los animales no lo puede hacer. Podemos imaginar muy fácilmente un mundo en el que no exista la violencia, en el que podamos usar la discusión, la negociación, la racionalidad, la generosidad y la simpatía para resolver todos los problemas que nos aquejan como humanos. Podemos pensar que eso es posible, pero es obvio que nunca lo hemos podido lograr. Hubo momentos en los que las Naciones Unidas funcionaron bien durante dos minutos, cuando se evitó una guerra gracias a la acción de un grupo de diplomáticos brillantes que lograron unir a la gente. De alguna manera la película se plantea sí eso de verdad es posible. Mucha gente me ha preguntado si esta película es una crítica a Estados Unidos. Y mi respuesta es que está ambientada en Estados Unidos porque la única manera de ser universal es ser específico. Uno tiene que ubicar su arte en algún lugar y el actor no puede interpretar un concepto abstracto. El personaje tiene que tener un nombre y un pasado, pero todos estos elementos locales sirven para hacerse preguntas universales. Aun cuando lo que se pregunta Una historia de violencia es válido para Estados Unidos, también lo es para la condición humana en general. No hay una sola nación sobre la tierra que no haya sido fundada tras un acto de violencia. Cada nación del mundo fue creada aplastando a la gente que originariamente vivía allí...
- ¿Por qué decidió agregar las escenas de sexo?