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Cinderella Man, nadie puede vencerle

por Hilario J. Rodríguez
Dirigido por... nº 348, septiembre 2005

Número de páginas: 3
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Desmitificar la mitificación / Mitificar la desmitificación

Cinderella Man, a diferencia de otros films sobre boxeo, no intenta ser el último grito cinético durante los combates. En ningún caso pretende impresionar, conforme con emocionar. Nunca busca el efectismo ni la espectacularidad, como le podría suceder a Toro salvaje (Raging Bull, 1980, Martin Scorsese), sin ir más lejos. Braddock no es ni un héroe ni un mártir; ni es Rocky Balboa (Silvestre Stallone) en Rocky (1976, John G. Avildsen) ni es Toro Moreno (Mike Lane) en Más fuerte será la caída (The Harder They Fall, 1956, Mark Robson). Tampoco pretende cambiar de clase social, como le sucede a Jim Corbett (Errol Flynn) en Caballero Jim (Gentleman Jim, 1942, Raoul Walsh). «Lucho para poder llevarle leche a mi familia», dice Braddock en una ocasión. Sus aspiraciones no tienen que ver con la gloria, ni siquiera con el afán de superación, sino con la supervivencia.
Las características del personaje, sumadas a la extraordinaria interpretación de Russell Crowe, son lo que hace más humano el retrato final de boxeador, que sólo utiliza los puños en el ring, sin dejarse provocar en una ocasión por Baer, a quien se limita a reprocharle que vaya diciendo en los periódicos y en las emisoras de radio que puede matarle si no se retira de la pelea que va a enfrentarles en breve. «¿Acaso no sabes que tengo hijos?», le pregunta Braddock a su futuro oponente. Y este último, lejos de mostrar arrepentimiento o vergüenza, insiste en sus provocaciones, hasta que Mae le tira un vaso de champán a la cara. Vale la pena recordar que el film se basa en hechos reales, lo cual contribuye a darle un cariz mucho más auténtico a las imágenes, que carecen del oropel de los grandes espectáculos a los que nos tiene acostumbrados Hollywood. Es posible que debido a todo lo anterior, en el film no se insista demasiado ni en la suerte de Braddock antes de caer en desgracia, al ser apartado del cuadrilátero, ni en lo que le sucede después del combate con Baer. Da la sensación de que Cinderella Man sólo pretende mostrar a un hombre que de pronto pierde su fortaleza y el lento proceso que ha de atravesar para recuperarla. Al fin y cabo, un boxeador puede que no sea otra cosa que un cuerpo que da y recibe golpes, pero de lo que no cabe duda es de que la mayoría de los seres humanos se sienten inútiles cuando no son capaces de hacer uso de sus cuerpos.
Mae, la esposa de Braddock, es quien sirve para ejemplificar la actitud del director hacia el boxeo. A ella le disgusta que su marido se vea obligado a practicarlo. Y a la cámara parece que le dé reparo mostrar a los púgiles peleando. Durante los combates, que suelen interrumpirse con tomas del público en los estadios donde se celebran o familias enteras en torno a una radio, siguiendo las incidencias de cada round con el corazón en un puño, no existe continuidad visual. Esa falta de continuidad es lo que emparenta a Ron Howard con la esposa de Braddock. Ella jamás va a ver a su marido pelear y tampoco quiere encender la radio para saber si gana o pierde. Prefiere mantenerse al margen. Sabe, como Joyce Carol Oates, que «el castigo -al cuerpo, al cerebro y al espíritu- que un hombre debe soportar para convertirse en un boxeador moderadamente bueno es inconcebible para aquellos de nosotros cuya idea del riesgo personal se basa mayormente en el ego y en las emociones». Cuando Braddock regresa a casa, Mae sólo quiere cerciorarse de que llega de una pieza, sin ninguna lesión de importancia.
El film no quiere recrearse en la sangre, aunque al último combate le dedique casi veinte minutos, que no se centran por completo en cuanto sucede en el ring, pues a veces muestran a los hijos de Braddock en el sótano de la casa de sus tíos, intentando escuchar los comentarios en la radio sin que se entere su madre. Cuando Mae les descubre, ella comienza a seguir el combate, aunque cada golpe que recibe su marido lo reciba ella también. Lo importante para todos los miembros de la familia es mantenerse unidos pase lo que pase, no permitir que la calamidad les hunda o les cambie, no dejarse corromper ni castigar de forma innecesaria. No hay aspiraciones por encima de la unión familiar. Mantener los lazos con los seres queridos es lo que intenta Braddock al combatir contra sus oponentes.
La rueda de la fortuna
Podría resumirse el periplo de Cinderalla Man como un viaje que va de la estabilidad a la pobreza, para acabar de nuevo en la estabilidad. De ahí que sea una historia tan absolutamente actual. Mucha gente vive ahora mismo con un enorme estrés, preocupada por mantener el trabajo, porque de otro modo su vida puede venirse abajo. Llegar a fin de mes supone un endeudamiento progresivo para bastantes personas. Nada es permanente. Larry Holmes, uno de los mejores campeones mundiales de los pesos pesados, dijo en una ocasión algo bastante esclarecedor al respecto: «Es duro ser negro. ¿Has sido negro alguna vez? Yo fui negro hace tiempo, cuando era pobre». Por supuesto, a lo que se refería es que la pobreza puede colocarte en una posición muy delicada, peor que la de los negros hace unas décadas, cuando todavía no gozaban de los mismos derechos que los blancos.
En el film de Ron Howard, Braddock sabe que la pobreza puede doblegar a una persona y obligarla a hacer cosas que nunca antes habría hecho. Pero sabe asimismo que esas cosas pueden ser buenas y malas. Su hijo mayor (Connor Price), por ejemplo, roba una salchicha en una carnicería y él le obliga a devolverla, a pesar de que nadie le ha descubierto y en casa no hay comida. A pesar de todo, no riñe al muchacho, porque en el fondo sabe que él se ha visto obligado a robar para aliviar su hambre. Además, la pobreza de la familia a quien más afecta es al hijo mayor, que puede verse obligado a abandonar su casa e irse a vivir con unos tíos ricos, una palabra que en aquella época sólo significaba que tenían un plato en la mesa cada vez que llegaba la hora de la comida. Cuando la situación toca fondo y cortan la luz en la casa, a la madre no le queda más remedio que enviar a su hijo mayor con unos parientes; es entonces cuando Braddock va al club donde antaño se reunía con su entrenador, con promotores de peleas y con otros boxeador, saca su gorra y la pasa entre sus antiguos amigos, para conseguir los dieciocho dólares que le hacen falta para afrontar el pago de la factura de la luz. Él está determinado a no dejar que su familia se fragmente y no le importa hacer cualquier cosa legal con tal de conseguirlo, incluso mendigar. Para él, de hecho, acudir a la cola del Auxilio Social, donde recoge unos cuantos dólares cada semana, es triste, aunque no humillante. Una de las características más positivas del film es que no arruga la nariz para convertir a Braddock en un cínico y tampoco en un santo, ni siquiera en las peores circunstancias (salvo al final, cuando su imagen queda santificada al contrastarse con la de Baer). Mientras que otros films viven ensimismados en su ironía y en su cinismo, Cinderella Man opta por presentar a un hombre con atributos de hombre, en un universo sombrío, maravillosamente fotografiado por Salvatore Totino. Como en Million Dollar Baby , se potencian los interiores oscuros y muchas secuencias (como la que tiene lugar en Central Park, en cuyos campos han instalado sus tiendas de campaña miles de parados sin otro sitio adonde ir) son nocturnas, para potenciar con ello un ambiente de desesperación social.
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