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Una encrucijada vital (Entre copas)

por Tomás Fernández Valentí
Dirigido por... nº 343, marzo 2005

Número de páginas: 2
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A pesar de partir de novelas de distintos autores, tanto A propósito de Schmidt (adaptación del libro homónimo de Louis Begley) como Entre copas (según una novela de Rex Pickett de la cual, en el momento de escribir estas líneas, ignoro si tiene o tendrá edición española) comparten su condición de relatos en torno a las crisis personales de un par de personajes que se encuentran frente a una determinada encrucijada vital, en el primer caso un hombre (Schmidt: Jack Nicholson) al cual le llega ese artificio llamado jubilación y que, de la noche a la mañana, se encuentra viudo, solo, triste y a punto de convertirse en suegro a causa de la boda de su hija, mientras que en el segundo caso se trata de un profesor de literatura (Miles Raymond: Paul Giamatti), divorciado desde hace dos años pero todavía enamorado de su ex mujer, que aspira a consolidarse como escritor gracias a la publicación de una novela.
Puede deberse a una simple casualidad el que el realizador Alexander Payne haya elegido de manera consecutiva esos dos libros de argumento relativamente parecido como base para sus últimas películas, pero también puede tratarse de una elección consciente por su parte, dado que sus dos primeros films del total de cuatro que componen su filmografía, Citizen Ruthy Election, narraban en parte situaciones bastante similares a las de A propósito de Schmidt y Entre copas: Citizen Ruth giraba en torno a una yonqui inculta y desastrada -Laura Dern- a la que su entorno le impedía hacer lo que realmente quería (es decir, ponerse hasta el culo de alcohol y pegamento esnifado), mientras que en Election asistíamos a la desesperación de un profesor de enseñanza secundaria -Matthew Broderick- a medida que iba tomando conciencia del arribismo incontenible y sin escrúpulos de una alumna -Reese Whiterspoon-absolutamente dispuesta a todo con tal de «triunfar».
Sea cual fuere la opinión general en torno a este realizador, para el que suscribe Entre copas es, hasta la fecha, el mejor de sus trabajos, por más que su planteamiento sea parecido al de A propósito de Schmidt, su título más insatisfactorio.
Lo que en A propósito de Schmidt pecaba por exceso de acumulación -el cúmulo de calamidades en la vida del protagonista era tal que, en vez de conmover, acababa produciendo el efecto contrario: creaba una distancia insalvable que provocaba, quizá sin querer, que el relato acabara pareciendo inverosímil-, funciona mucho mejor en Entre copas. Cierto: el guión que Payne ha escrito en colaboración con Jim Taylor es excelente, y los actores brillan a una gran altura (todos están muy bien, aunque Paul Giamatti y Thomas Haden Church, sobre todo el primero, merecen una mención especial). La diferencia fundamental reside, sobre todo, en que en Entre copas el trabajo del realizador tras la cámara resulta mucho más inspirado que en A propósito de Schmidt, demostrando una vez más que un buen guión y unos buenos actores no son suficientes, per se, para hacer una buena película: hace falta, además, un buen trabajo de puesta en escena.
LA RUTA VINICOLA
Está claro que Payne tiene un cierto estilo visual, por más que no sea ostentoso y llamativo como, pongamos por caso, el de David Lynch, sino que se encuentra en la línea, también pongamos por caso, de un Woody Allen (el buen Allen: no el rutinario, desganado, de Melinda y Melinda). Entre copas se desarrolla con el punto justo de ligereza y densidad. Su construcción narrativa -que, a falta de conocer la novela en la que se inspira, puede que sea obra del autor de la misma- sigue el procedimiento clásico del viaje: el que emprende Miles junto a su viejo amigo de los tiempos de la universidad, Jack Lopate (Thomas Haden Church), de una semana de duración, durante la cual ambos se tomarán un paréntesis y llevarán a cabo una especie de catarsis emocional.
Con la excusa de recorrer en coche la ruta vinícola de California (Miles es un experto en vinos), ambos personajes pretenden, en el fondo, liberar algunos de sus demonios interiores: Miles está pendiente de la llamada de una editorial que parece interesada en publicarle una novela gracias a la cual espera iniciar una triunfal carrera como escritor, mientras que Jack va a casarse la semana que viene y quiere aprovechar esos «últimos días de libertad». Ambos personajes basan su amistad en el fingimiento, ya que tras la erudición de Miles en vinos se esconde un mal disimulado alcoholismo, mientras que Jack es un actor profesional, lo cual explica su manera desvergonzadamente «simpática», calculada, de aproximarse al sexo femenino. El viaje exterior acaba convirtiéndose en una exploración interior de los personajes, sobre todo el de Miles, desde cuyo punto de vista está narrado el relato, a lo largo del cual descubrirá que su ex esposa, Victoria (Jessica Hecht), ha contraído segundas nupcias; y que una hermosa mujer, Maya (Virginia Madsen), recientemente divorciada, que trabaja como camarera y comparte con Miles su afición al vino, podría estar amorosamente interesada en él. Ese viaje será, también, un completo catálogo de frustraciones para Miles, pues a medida que pasen los días verá que Jack tan sólo quiere aprovechar esa semana para echar unos cuantos polvos antes de casarse; a la noticia de que su ex mujer se ha vuelto a casar, frustrando sus remotas esperanzas de una reconciliación, se unirá una difícil relación por Maya, que pasará por un primer y fallido intento de seducción, y por un segundo que, una vez consumado, se estropeará por desgraciadas circunstancias; y por la confirmación definitiva de que la editorial se niega a publicarle su novela por la sencilla razón de que lo que escribe no le interesa a nadie ...
Entre copas se erige en un film inteligente, a ratos muy divertido, en ocasiones también muy amargo, gracias a la excelente dirección de actores de Payne, quien demuestra aquí que sabe extraer densidad y calor humano de las situaciones planteadas con su manera de captar gestos y miradas que describen con agudeza a los personajes, sus sentimientos y sensaciones. Resultan ejemplares en este sentido secuencias como el episodio en casa de la madre de Miles (durante el cual este último aprovecha un descuido... para sisarle d0inero); la cena que comparten Miles y Jack con Maya y Stephanie (Sandra Oh), esta última una escanciadora de vino elegida por Jack para dar rienda suelta a sus necesidades de sexo extramatrimonial (los primeros planos, lejos de resultar redundantes, contribuyen a crear una lograda sensación de intimidad: los encuadres ligeramente desenfocados en los que vemos a Miles, borracho, llamar por teléfono a Victoria para reprocharle que no le haya dicho que se ha vuelto a casar, expresan bien la turbación, emocional y etílica, del personaje). También hay que anotar la secuencia, inmediatamente posterior, de la reunión de los personajes en casa de Stephanie: la incomodidad de Miles ante el hecho de verse «emparejado» con Maya mientras Jack y Stephanie dan rienda suelta a sus impulsos (pocas veces se ha visto últimamente en la pantalla una sensación de humillación captada con tanta sencillez y eficacia); la identificación que empieza a sentir Miles hacia Maya cuando ésta le confiesa su pasión por el vino; o el hilarante episodio de la recuperación de la cartera de Jack (¡con sus alianzas de boda!) por parte de Miles, abandonada por descuido en la casa de una de las ocasionales amantes del primero.
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