- ¿Le parece que Alejandro era un neurótico?
- «Neurótico» es un término moderno. Era un hombre que estaba obesionado con un objetivo gigantesco y que se dejaba llevar por una enorme ambición. Y logró concretar esos objetivos. Una persona neurótica jamás podría lograr absolutamente nada. Más bien era un visionario, porque tampoco hay que olvidar su compasión. Los neuróticos sólo están obsesionados consigo mismos, y aunque Alejandro Magno era un hombre vano y paranoico en muchas cosas, también tenía muchos rasgos de grandeza. Para poder ser el objeto de la devoción de su ejercito, cabalgaba en la primera línea, exponiéndose en cada batalla que libraba. Hacía mucho más que lo que les pedía que hicieran sus soldados. Cuando murió, había sido herido en diversas batallas en ocho ocasiones. Se ganó el amor de sus hombres y parte de esta película tiene que ver con eso, con cómo logró vencer al miedo. Después del motín, durante la batalla contra los elefantes en la India, te das cuenta que termina pagando un precio muy alto por sus actos de arrojo. Pero también es cierto que es a través de su valentía que recupera la admiración de sus subordinados.
- ¿Cuánta investigación se hizo para esta película?
- Muchísima. Cada departamento se ocupó de investigar el área de su incumbencia, desde las armas a la utilería, pasando por la vestimenta. Tuve asesores indios, asesores de danza, asesores de música. Traté de recrear con la mayor fidelidad posible una época de la humanidad que nadie conoce. Espero que el público pueda apreciar a través de la película las diferentes culturas con las que Alejandro tuvo contacto.
- Hay ciertos paralelos llamativos entre la saga de Alejandro Magno y lo que está ocurriendo en este momento en el mundo...
- Pero cuando empecé a trabajar en este proyecto las cosas no eran así. Empecé a trabajar en el guión de Alejandro Magno en 1989 ó 1990. Y luego volví a trabajar en el guión en 1996 y otra vez me concentré en este tema en el 2001. Además hay una cuestión de perspectiva. Para poder tener la misma mirada sobre lo que está ocurriendo en este momento con Bush vamos a tener que esperar veinte años. El mito de Alejandro Magno se ha mantenido vigente durante dos mil quinientos años, porque era un hombre con una mirada muy particular, con mucha compasión y un espíritu muy generoso. Como general era más valiente que sus soldados en el campo de batalla. Por eso ha sido recordado durante tanto tiempo. Su historia va mucho más allá de una película, de mí o de Colin Farrell. Es cierto que hay coincidencias llamativas. Es curioso que Bush haya invadido Irak y Afganistán, los mismos territorios que conquistó Alejandro Magno. Pero aún no sabemos cuál va a ser la trascendencia de este enfrentamiento entre el este y el oeste que estamos viviendo. Es una historia que aún no ha terminado...
- ¿Cuán satisfactorio fue saber que el otro proyecto para hacer una película sobre Alejandro Magno no llegó a concretarse?
- No podría sentirme satisfecho por algo así, porque eso no tiene nada que ver conmigo. El mio fue un proceso que llevó muchos años y que culminó cuando finalmente pude escribir un guión satisfactorio entre el 2001 y el 2002. Esa es la parte más difícil. Esa es la verdadera llave para poder concretar un film. Si tienes un gran actor pero no tienes el material para trabajar no puedes hacer nada. Los otros proyectos sobre Alejandro Magno no llegaron a buen puerto porque también tuvieron problemas. La prensa siempre tomó a Colin Farel como el candidato menos atractivo para convertirse en Alejandro Magno, y siempre se mostraron mucho más interesados en Leonardo DiCaprio en ese papel, sobre todo teniendo en cuenta que Baz Luhrmann estaba de moda cuando se anunció el otro proyecto.
Fue un gran problema para nosotros durante un tiempo, porque nadie nos hacía caso. Le costó mucho a nuestros productores alemanes conseguir la financiación, lo que hizo que todo el proyecto se complicara mucho. Pero teníamos un guión sólido y estábamos convencidos de que la gente tenía que tener una respuesta positiva frente a nuestra propuesta, por lo que seguimos adelante como si tuvieramos orejeras y así fue como pudimos llegar a un final feliz. Baz tiene mucho talento y un gran reparto, y si algún día hace su película, me encantaría verla. Lo que no me va a gustar mucho es que comparen esta película con la que haga él, porque no entiendo por qué dos proyectos sobre el mismo tema no pueden coexistir sin que los estén comparando todo el tiempo. Sé que es inevitable, pero si se estrenan con un par de años de distancia, eso puede ayudar a que el público las separe. Veremos qué es lo que pasa...
- ¿En qué medida el éxito de «Troya» ayudó a que «Alejandro Magno» tuviera una distribución masiva a nivel mundial.
- Nos ayudó mucho porque Troya es un film que fue muy positivo para Warner Brothers, y de alguna manera la historia de Alejandro es la del hijo de Aquiles. Por eso le estoy muy agradecido a Troya , que además me pareció una película muy interesante. Por otro lado, si le prestas atención te darás cuenta que Brad Pitt hizo un trabajo mejor de lo que los críticos han admitido. Aquiles era un monstruo, era un hombre que mataba a sangre fría. En «La Ilíada» asesina gente como una máquina de matar, y no tiene piedad de nadie hasta que Príamo, el rey, lo va a ver. Y aunque Aquiles era el modelo que imitaba Alejandro, él nunca fue un hombre brutal.
- Pero «Alejandro Magno» fue producida fuera del sistema de los grandes estudios...
- Así es. Esta es una película independiente en el auténtico sentido de la palabra. Fue una coproducción internacional como se solía hacer en otros tiempos. Se inició en Alemania y luego fue apoyada por capitales británicos.
Conseguimos un importante subsidio inglés por lo que trabajamos muchísimo en Inglaterra, y buena parte del equipo técnico es inglés. Luego se sumaron los franceses y posteriormente los coreanos. Finalmente se sumó Warner y lo que puso fue muy poco. Por lo tanto no es una producción norteamericana. Técnicamente es una coproducción franco-británica pero los derechos son alemanes. Tuvimos que luchar mucho para poner este proyecto en marcha y lógicamente sufrimos presiones. Sufrí mucho durante el verano, mientras editaba y supervisaba al resto del equipo que se ocupaba del montaje. Hicimos muchísimos experimentos pero nunca perdimos el control de la película. Hubo presiones, pero no quiero dar mayores detalles...
- Cambiando de tema, ¿cómo fueron sus encuentros con Fidel Castro?
- Fidel es una figura muy impactante, un hombre encantador y sumamente inteligente. Tiene una impresionante capacidad de análisis de la situación mundial, especialmente de la globalización. El entiende el mundo desde una perspectiva clásica, donde todo pasa por la economía. Aunque uno pueda pensar que tendría que haber acompañado con reformas la caída de la Unión Soviética, hay temas que no conozco lo suficientemente bien como para discutirlos con él, pero me doy cuenta que es un hombre con una visión muy clara de las cosas. Es el ser humano más fuerte que he conocido, él y Nelson Mandela, que admira muchísmo a Castro. Por eso no entiendo cómo en Estados Unidos pueden pensar que Mandela es una mala persona por admirar a Castro, u Oliver Stone o Jack Nicholson. Al igual que Alejandro Magno, Fidel es un hombre con una mirada particular del mundo, por la que se ha guiado siempre.
- ¿Cree que alguna vez harán una película sobre él como la que ha hecho usted sobre Alejandro Magno?