Un Cinegiornale LUCE tenía una duración media de unos diez
minutos y salía con una frecuencia de dos o tres veces por semana:
si examinamos la composición de cada número, veremos que era
inevitable la aparición del Duce, de cualquier ceremonia o conquista
del régimen que eran insertadas en un panorama de curiosidad y maravilla
ante la vida moderna proveniente de filmaciones de todo el mundo (aunque
con notable predo-minio de los EEUU). De ese modo, la presencia porcentual
del fascismo en cada Cinegiornale se dosificaba hábilmente, puesto
allí como uno de tantos aspectos de la vida moderna. Aún así,
mientras que de la vida moderna en el resto del mundo se ponía el
acento en los aspectos más extravagantes y raros, en lo que se refiere
a Italia se ponía frecuentemente en evidencia la estrecha relación
entre el fascismo y el progreso, por una parte, y entre el fascismo y la
conservación de los valores más "auténticos"
de la tradición, por la otra.
En resumen, el orden del discurso cinematográfico de los Cinegiornali
era una réplica a escala aumentada del principio de composición
de la propia imagen de Mussolini, construida sobre el principio de
hibridación
de modelos [ 23 ] muy lejanos entre sí, tal
y como ya hemos visto en el fotograma fijo con el que concluye
Il grido
dell'aquila. Si el modernismo reaccionario
[ 24 ]
es el oximoron que rige la política del fascismo, el oximoron iconológico
de la imagen mussoliniana es la hibridación de modelos iconográficos
opuestos y (en apariencia) incompatibles.
Esto debería inducirnos a reconsiderar lo que ha sido llamado
el transformismo mussoliniano, algo sobre lo que hay mucho escrito, hasta
el punto de haber convertido al jefe del fascismo en una especie de Fregoli
capaz de asumir las más diversas fisonomías
[ 25 ]
(hoy en día, para que nos entiendan aquellos que no están
familiarizados con la historia del espectáculo en Italia, citaríamos
más bien a
Zelig [Woody Allen, 1983]).
Si examinamos con mayor precisión el modelo adoptado, no podremos
decir que Mussolini se transforme o se travista de trillador, excavador,
aviador, etc, sino que él fascistiza (o, si puede decirse, "mussoliniza")
las funciones que lleva a cabo, los roles que asume: Mussolini es siempre,
inequívocamente, él mismo. Por lo tanto, no puede ser el transformismo
(que comporta la idea de camuflaje) el término que defina la estrategia
de imágenes, debería ser el de hibridación. Mussolini
no solo junta medios diferentes (la comunicación interpersonal del
contacto directo con la gente y la radio con su apéndice, el altavoz;
la radio y el cine) sino también modelos iconográficos distintos.
Tomemos el ejemplo que tal vez más haya sido citado, el del Mussolini
trillador, una imagen que ha sido ampliamente replicada y difundida en documentales
y fotografías. La ocasión es el inicio de la trilla en el
campo de Agro Pontino (
Il Duce trebbia il grano nell'Agro Pontino,
1938
[ 26 ] ), tierra que se había fertilizado gracias
al gran plan de bonificaciones que había sido puesto en marcha unos
años atrás. Concentremos nuestra atención en dos momentos
de la secuencia del Cinegiornale: 1) Mussolini hace un discurso entre las
gavillas de grano: la postura, el estilo y la retórica son los mismos
que los del balcón del Palazzo Venezia, la fuerza de esta imagen
está en el hecho de que la solemnidad y la impetuosidad de los comicios
oficiales del palacio del poder han sido descontextualizadas en medio de
un campo de grano y un entorno campesino, y el uniforme de militar, estadista
o marchista le ha dejado el puesto a la exhibición de un potente
tórax desnudo. 2) Una vez se pone a trabajar, el Duce se distingue
de los campesinos que le rodean por la gorra blanca (estilo
sportwear)
y sobre todo por unas muy vistosas gafas de motorista o, si se quiere, de
soldador mecánico que ningún trillador de los que aparecen
lleva (y que probablemente nunca llevaría). La verdadera novedad
iconográfica de esta representación está en la combinación
entre el modelo del hombre político (modelo Palazzo Venezia) y el
modelo campesino (batalla del grano, ruralización) con el modelo
vagamente futurista del motociclista o del soldador
[ 27 ] .
Las tesis clásicas de Walter Benjamin sobre la "estetización
de la política" y de George Mosse sobre la simbiosis entre
política y arte
[ 28 ] pueden verificarse en la
estrategia de imagen de Mussolini. La hibridación de los modelos
que acabamos de describir tiene una clara ascendencia más futurista
que dannunziana. La estrategia de imagen de Mussolini tiene lazos muy estrechos
con las prácticas artísticas contemporáneas, en particular
con las del futurismo. La comunión entre lo orgánico (lo biológico,
lo antropomórfico) y lo mecánico, celebrada en los puntos
más incandescentes del manifiesto de fundación del futurismo
(1909)
[ 29 ] está, por así decirlo, replicada
en el cuerpo de Mussolini: es esto lo que quiere decir la feliz intuición
de Italo Calvino sobre la perfecta esfericidad del cráneo del Duce
" la que la gran operación de transformar al dictador
en objeto de diseño no habría sido posible"
[ 30 ]
. Es en este plano que debe interpretarse la relación que la imagen
de Mussolini tiene tanto con las técnicas de publicidad como con
las prácticas de la vanguardia
[ 31 ] .
Colosal Mussolini
El Instituto Luce se sumó a la conmemoración del décimo
aniversario de la toma del poder por parte del fascismo, promoviendo un
concurso para la realización de una película que celebrera
dignamente el evento. Pese a una nutrida participación, Mussolini
confió finalmente el encargo de dirigir la película a Giovacchino
Forzano, director teatral y autor de libretos de ópera, con el que
el Duce había colaborado en otra ocasión (en la película
Villafranca (1933), basada en un drama escrito por el propio Mussolini)
[ 32 ] .
Se trata de un hecho fundamental en la estrategia de imagen de Mussolini
ya que con la película se pretende hacer una unión entre el
cine de ficción y el documental. De hecho, Camicia nera concluye
con una interpretación oratoria de Mussolini en persona con motivo
de la inauguración de la ciudad de Littoria, el clímax de
la política de grandes bonificaciones de Agro Pontino, pero también
clímax de la historia que cuenta la película. Esta última
se abre con la siguiente cartela:
Esta síntesis cinematográfica de las vicisitudes de
Italia de 1914 a 1932 creada por el Istituto Nazionale LUCE, de Giovacchino
Forzano, ha sido interpretada por verdaderos campesinos de las marismas
y hombres nacidos en los pueblos de cada región de Italia.
El hilo conductor de la "síntesis cinematográfica"
es la historia del "hijo del herrero" (como se le llama en la
película en una clara referencia a Mussolini, que era hijo de herrero)
que para huir de la miseria y los pantanos en los que ha nacido piensa primero
en emigrar, pero entonces es llamado a filas al estallar la I Guerra Mundial.
Herido en la cabeza, pierde la memoria y se le diagnostica una cura en un
hospital alemán. Al volver a la patria, vivirá las frustraciones,
la incertidumbre y el clima de violencia de la "victoria mutilada".
Pero la creación del partido fascista y su rápido ascenso
traerán de vuelta el orden y el renacimiento económico al
país. El repatriado bien pronto podrá unirse a la celebración
por la conclusión de las obras que han saneado las malsanas ciénagas
en las que nació. La película comienza con imágenes
de un gran realismo de las tierras pantanosas (enseguida traen a la memoria
los encuadres análogos de Sole, de Alessandro Blasetti) y
concluye con una especie de número especial del Cinegiornale sobre
la inauguración de la ciudad de Litoria.