Esto no quiere decir que no se pueda definir una política de imagen
del fascismo y de Mussolini en el cine de ficción. Brunetta ha mencionado
en varias ocasiones el fenómeno de la "fascistización"
en el cine italiano ya en los años veinte, fenómeno que a
menudo se configura como una especie de "autofascistización"
por la ausencia de un plan de intervención orgánica verdadero
y propio, que solo será desarrollado en los años 30
[ 10 ]
. Me limitaré a dos ejemplos, tomados del cine italiano de los años
veinte, esto es, antes de la intervención directa del régimen
en este campo. Se trata de
Il grido dell'aquila (Mario Volpe, 1923)
y
Maciste all'inferno (Guido Brignone, 1926).
Il grido dell'aquila es un incunable en la filmografía
de la propaganda fascista, sobre el que no existe una vasta literatura
[ 11 ]
. Producido por el Istituto Fascista di Propaganda Nazionale, narra las
vicisitudes de Italia desde la derrota de Caporetto hasta la marcha sobre
Roma, asumiendo como punto de observación el microcosmo de una pequeña
ciudad de la región del Veneto. A través del destino de los
personajes de tres generaciones (la de los garibaldinos, la de los soldados
que lucharon en la primera guerra mundial y la de los "marchistas"
que invadieron Roma y que con la "santa cachiporra" devolvieron
el orden y la paz social que la "fiera bolchevique" había
disturbado), la película cuenta la historia de Italia, con un recurso
que abusa de la técnica del
flash-back, en función
de la victoria final del fascismo. Bastante irregular en cuanto a la interpretación
y la técnica (la situación de decadencia del cine italiano
en los años veinte es bien visible), el interés de esta película
viene dado por otros motivos: en ella se encuentran ya definidos los temas
de la política cultural del fascismo, que más tarde contarán
con interpretaciones cinematográficas formal y técnicamente
más elaboradas en las películas
Vecchia guardia (
Vieja
guardia, Alessandro Blasetti, 1935),
Camicia nera (
Camisa
negra, Giovacchino Forzano, 1933) y
Condottieri (
Condottieri,
Luis Trenker, 1937): la unión entre la tradición que resurge
y el fascismo, la exaltación del mundo rural en oposición
al mundo obrero, la recuperación de las tradiciones populares (las
máscaras de la comedia del arte) y para finalizar, un nacionalismo
exasperado. Incluso el tratamiento absolutamente esquemático de los
personajes que son más bien arquetipos (el ciego de guerra, el industrial
o el agitador socialista) y el uso de estereotipos iconográficos
y de símbolos, si no figuras alegóricas (como las máscaras
de la comedia, las plazas de Italia, el Soldado Desconocido, la fiera bolchevique),
antes que definir un estadio atrasado en la evolución del lenguaje
cinematográfico, son ya expresiones de la retórica y la simbología
de la propaganda fascista (como podrá verificarse, tal y como haremos
más adelante, con
Camicia nera, de Forzano)
[ 12 ]
.
Sin embargo, hay en ella anomalías que vale la pena subrayar:
pese a que concluye con una imagen de Mussolini, la película no pudo
disponer del riquísimo repertorio de tomas de la marcha sobre Roma,
tomas que no obstante existían (véase el vasto material recogido
por Umberto Paradisi para
A noi! [ 13 ] ). Bien
es cierto que las imágenes de la marcha sobre Roma fueron reconstruidas
(exactamente como el
actualités reconstituées del cine
primitivo) con tal pobreza de medios (la penuria de las comparsas y los
lugares abandonados, casi desiertos) que seguramente están en la
línea de la estética pobre de la película, pero que
no pueden compararse con los materiales que podían verse en los documentales.
La otra anomalía consiste en que la imagen de Mussolini es un fotograma
fijo
[ 14 ] . Esta imagen aparece al final de una secuencia
que enlaza, sucesivamente, el monumento al Soldado Desconocido, los escuadrones
de la marcha sobre Roma, las plazas de Italia, escenas de lo laboriosos
que son los italianos, el símbolo del fascismo lictorio y, por último,
la imagen de Mussolini, cuyo nombre ni siquiera se cita (y por tanto se
establece como icono universalmente conocido). Ya que se trata de un fotograma
fijo (una especie de
frame stop "avant la letre"), es una
imagen significativa: se trata de la imagen de Mussolini que, ya sin la
camisa negra y vestido de hombre de estado, se apresta, rodeado de los cuadrunviros
de la marcha, a recibir el nombramiento de primer ministro del rey. Se eligió
significativamente el momento en el que asume la pose, que repetirá
en varias ocasiones, de las manos apoyadas en la cadera con ostentación,
un gesto que expresa a la vez impaciencia y paciencia mal llevada: en otras
palabras, una imagen en la que Mussolini está vestido de jefe de
estado pero asume una postura más propia de una ama de casa de Emilia-Romaña
o de un herrero de un pueblo de Lazio (en resumen un rasgo, de apariencia
casual, de lo que Calvino llama el "orgullo plebeyo"
[ 15 ]
: desde el momento en que esta comunión será uno de los elementos
característicos de la estrategia de imagen del Duce, no se trata
de distracción o falta de control).
Es probable que, pese a este cierre tan típicamente mussoliniano,
la interpretación de los hechos históricos que se hace en
Il grido dell'acquila fuese juzgada demasiado atrevida. La unión
entre el desencanto de los veteranos de la primera guerra mundial (la "victoria
mutilada") y el nacimiento y triunfo del fascismo estaba en la línea
de las directivas mussolinianas, pero no ocurría lo mismo con el
enlace de estos hechos con el Risorgimento (esta tesis de continuidad solo
será abrazada más tarde, en el fascismo inicial prevalecía
la tesis de la ruptura con respecto a la tradición decimonónica
y del Risorgimento
[ 16 ] ).
El caso de Maciste all'inferno (1923) es bien distinto, ya que
esta película, al menos en apariencia, no tiene vínculos evidentes
con el fascismo y su propaganda. Se trata de una manifestación tardía
del mito de Maciste, el típico héroe forzudo del que Bartolomeo
Pagano, con su interpretación de Maciste en Caribia (G. Pastrone,
1914), había fundado un linaje.