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Visual

Veinte años aprendiendo

Visual nº 135, Diciembre 2008

Con este número, el último del año, celebramos los veinte de existencia de esta revista.

En estos casos es fácil acabar en los tópicos y los lugares comunes. Para evitarlo, hemos querido realizar el ejercicio a la inversa. Vamos a dedicar esta página a relatar los que creemos que han sido los grandes errores cometidos por esta revista. Con ello, además, nos declaramos propensos al “propósito de enmienda”, y pedimos otros veinte años para ir subsanando algunos. Otros han sido intencionados, y no hay voluntad de corregirse.

El primer error: la primera cabecera. Era terrible, y algo parecido podría decirse del diseño del resto de la revista. Andábamos entonces descubriendo (todos) las posibilidades que aquellos primeros macs nos ofrecían: batientes y deformaciones, sombras, superposiciones… Duró poco, pronto vino Mario a ponernos las pilas y marcarnos el camino.

Segundo: La informática en aquellos primeros años ocupaba mucho espacio en la revista. Es cierto que los diseñadores andábamos muy perdidos, conscientes de que el cambio tecnológico podía dejar muchas bajas en el camino y posiblemente lo que se nos demandaba era aquello: información para el tránsito a los nuevos modos de hacer. A la vuelta de los años, aquellos extensos artículos filosofando acerca de las bondades enfrentadas de Illustrator y Freehand hoy resultan casi ridículos.

Tercero: En los primeros años esta revista se volcó en la creatividad publicitaria entendida como motor de arrastre del diseño. Poco a poco nos dimos cuenta de que el diseño gráfico tomaba rumbos y personalidad propia y aquel modelo anglosajón en el que diseño y dirección de arte eran indisolubles cada vez se alejaba más de nuestra realidad. Hubo que rectificar.

Cuarto: Nadar sin guardar la ropa. Ha sido una constante en la trayectoria de Visual alinearse con lo que creíamos correcto, asumiendo las consecuencias. Estuvimos del lado de las productoras en los años de desencuentro con las agencias de publicidad, defendimos casi en solitario la libertad de colegiación cuando un sector minoritario y sin representación pretendió llevar a ese corral a todos los profesionales, fuimos y somos críticos con muchas de las políticas de promoción del diseño que se llevan a cabo desde organismos públicos, a sabiendas de que esa actitud nos deja fuera de ellas en el “reparto”; no siempre ha sido fácil, empresarialmente no es la mejor opción, pero en el balance el resultado es positivo.

Quinto: la red. Somos conscientes de que sigue siendo nuestra asignatura pendiente. No creímos en ella en los inicios, y sabemos que tiene que ser nuestra prioridad de modo urgente. En un momento en que el mundo editorial está reinventando las fórmulas para su presencia en internet, cuando nadie tiene claro cómo hay que estar, nosotros vamos a tomar un rumbo definido para los próximos años: internet es una importante herramienta para la difusión de contenidos y de ideas, habrá que encontrar los medios para que, sin entrar en conflicto con la viabilidad empresarial, ese acceso sea gratuito y generalizado.

Sexto: Los concursos. Quizá no hemos sido durante mucho tiempo todo lo beligerantes que el tema exigía. Hoy son una lacra. Y no nos referimos sólo a los concursos de carteles al uso, que son anécdota. Muchos organismos públicos y cada vez más empresas convocan en inaceptables condiciones a los profesionales para que especulen con su trabajo. Hay que ser inflexible con eso.

Séptimo: el precio. Puede parecer anecdótico, pero cada ejemplar de Visual sigue costando lo mismo que hace nueve años, esos 7,21 euros que entonces eran mil doscientas pesetas. No hace falta argumentar que los costes se han visto incrementados en estos años. Fue una decisión meditada y que mantendremos mientras sea posible: la publicidad es quien realmente mantiene esta revista, y a ella le adeudamos el esfuerzo por tener la mayor difusión: y para ello, una buena manera es abaratar el precio, procurando acercar al grupo de lectores a diseñadores jóvenes y estudiantes de diseño.

Octavo: las subvenciones. Ni una en veinte años, porque no las hemos pedido. Por un lado, entendemos que el dinero público puede ser mejor invertido en cosas realmente importantes y necesarias y que nos corresponde a nosotros equilibrar nuestros beneficios espirituales, que son muchos, con los económicos. Hay una excepción, los Premios Visual de Diseño de Libros, que reciben una pequeña ayuda del Ddi, mucho menos de lo que están pensando. Es una actividad que no genera ningún ingreso y que debe hacerse de un modo digno. Su carácter cultural nos animó a saltarnos nuestra propia regla.

Noveno: las actividades paralelas. En la medida de nuestras posibilidades queremos que Visual no sea un proyecto que acaba en sí mismo, puede ser detonante de otras iniciativas interesantes y soportarlas. Ese esfuerzo, que podría enfocarse hacia la rentabilidad, preferimos dedicarlo a actividades no necesariamente “eficaces”, empresarialmente hablando. Hemos editado camisetas de autor, procurado proyectos editoriales fallidos, editamos libros inviables, periódicamente realizamos exposiciones, procuramos implicarnos en proyectos de terceros que consideramos importantes, como el “bookcrossing”, o lúdicos, como el “Campeonato de Futbolín para Diseñadores”…

Hasta aquí, los nueve errores, el décimo que cerraría la lista queda a la imaginación del lector, cada cual puede elegir el suyo. En cualquier caso, veinte años dan para arrepentirse muchas veces de muchas cosas, pero el desequilibrio a favor de los aciertos no alberga dudas, al menos para nosotros. Nos queda sólo agradecer la paciencia de nuestros lectores y pedirles una prórroga de, al menos, otros veinte.

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