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Visual

Jim Flora. Horror vacui a ritmo de jazz

por Eduardo Bravo

Visual nº 116, septiembre 2005

Con sus extrañas herramientas, el frenópata examinaba y medía el cráneo del joven Jim Flora. Aprovechando el paso por la ciudad del científico, una de las profesoras del instituto resolvió llevar al chico con objeto de encontrar una explicación a su costumbre de estar continuamente dibujando. “Este muchacho será un artista comercial” sentenció el doctor tras unos minutos de exploración.

Años después Flora declarará que nunca entendió a qué se refería ese hombre con lo de ser “un artista comercial” [ 1 ] . Era cierto que se pasaba el día dibujando –especialmente barcos, un motivo que rescataría en su vejez–, pero sin finalidad alguna. No pretendía ser artista, según ÉL, “sólo dibujaba”.

El tiempo demostraría cómo esas palabras, además de proféticas, no podían haber sido más acertadas a la vista de los trabajos de Jim Flora, uno de los más importantes ilustradores y diseñadores de la historia, con un prolífico trabajo sembrado en campos tan diferentes como la publicidad, las publicaciones periódicas, los discos de jazz o los cuentos infantiles.

Del campo a la ciudad

Jim Flora había nacido en Bellefontaine, una pequeña ciudad que no llegaba a los 10 mil habitantes en el estado de Ohio, en 1914. Aficionado desde niño al dibujo y a la música, consiguió un trabajo de acomodador en dos de los teatros de la ciudad animado por el hecho de que, por tan sólo hora y media de trabajo, podía disfrutar de una butaca para ver los espectáculos. Obtuvo una beca para estudiar arquitectura en la Boston Architectural League pero al llegar a la capital de Nueva Inglaterra en plena Depresión, la dificultad para encontrar un trabajo con el que pagarse el alojamiento y la manutención le obligó a regresar a casa.

Hacia 1934, abandonada ya la idea de la arquitectura, Flora decidió volver a probar suerte trasladándose a Cincinnati, ciudad en la que tenía resuelto el problema del alojamiento gracias a un familiar, para estudiar arte en la Art Academy. Para un joven Flora criado en una pequeña ciudad en una época en la que apenas existían medios de comunicación, la llegada a una gran urbe con museos, galerías y bibliotecas le permitió descubrir algunos de los artistas que influirían en sus trabajos posteriores como Picasso, Klee, y los muralistas mexicanos Diego Rivera, Siqueiros y José Clemente Orozco.

Durante su etapa en la escuela de arte conocerá a dos personas claves en su carrera: Karl Zimmerman, su profesor de composición y reconocido muralista, y Robert Lowry. Con el primero comenzará a colaborar en la realización de sus pinturas para establecimientos e instituciones de la ciudad; con el segundo pondrá en marcha uno de los primeros pero no por ello menos sorprendente –trabajos de Flora–: la revista Little Man Press, una publicación literaria que a pesar de su amateurismo, contaba con colaboraciones de reconocidos escritores norteamericanos e incluso llegó a publicar una carta de apoyo del mismísimo Thomas Mann.

Pertrechados con una pequeña imprenta de 8x10 pulgadas y un único juego de tipos Baskerville, Flora y Lowry lanzan su primer número en 1938. En él, como sucederá con los que vendrán después, Flora desplegará buena parte de su talento y calidad artística realizando dibujos, tallando tipografías en madera, y desarrollando todo tipo de labores creativas supliendo las carencias materiales con imaginación. “Como sólo teníamos un juego de tipos –comentaba el propio Flora en una entrevista en 1990– íbamos haciendo las páginas enfrentando la primera con la última, la segunda con la penúltima... Al final, si lo habíamos hecho bien, teníamos que encontrarnos en el centro del pliego. Si no, rellenaba los huecos con dibujos míos” [ 2 ]

Los años de Columbia

A través de Zimmerman, Flora había conocido al vicepresidente de la empresa Procter&Gamble. En un arrebato de decisión –uno de los muchos que decidirían la suerte de Flora como artista–, se presentó en las oficinas de la compañía para mostrarle su trabajo y al día siguiente ya estaba trabajando en el departamento de promoción realizando folletos y displays para los puntos de venta. Mientras pasaba el tiempo en ese trabajo tan aburrido como poco creativo, el Flora aficionado al jazz reflexionaba sobre lo poco acertado de las portadas con las que el sello Columbia estaba reeditando sus grabaciones de 78 rpm. Convencido de que sus dibujos podían resultar mucho más interesantes para el público y aumentar las ventas, se dejó llevar por ese mismo impulso que le hizo presentarse en Procter&Gamble, organizó una muestra de su trabajo y la envió por correo al Alex Steinweiss, uno de los responsables de la Columbia en Nueva York. De nuevo, esa impetuosa decisión de Flora acabaría en éxito y al poco tiempo estaba trabajando en el departamento de música popular y jazz de la compañía, lo que le permitía, además de desarrollar un trabajo más atractivo para él, recibir los discos de sus músicos favoritos de fábrica antes de que salieran a la venta e incluso asistir a algunas de las sesiones de grabación portando su block de bocetos como salvoconducto.

Por esa época, Columbia era una empresa pequeña en la que las decisiones de marketing y diseño resultaban sencillas de tomar. Según recordaba el propio Flora, en apenas media hora era posible aprobar una portada o una campaña promocional y la confianza depositada en él era prácticamente infinita, hasta el punto de que se le permite poner en marcha CODA, un boletín interno de la compañía de periodicidad mensual destinado a informar a los distribuidores de las noticias y novedades de la empresa, en el que Flora desarrolla casi todo el trabajo artístico, sin remuneración alguna, simplemente por gusto y con completa libertad creativa. “La gente de hoy en día no podrían hacer lo que hicimos entonces –recordaba Flora–. Hay mucho cuento a propósito de las cubiertas de los álbumes y de cómo deberían hacerse. Todo el mundo opina. En aquella época, casi todo lo que hacíamos era aceptado” . [ 3 ] Ciertamente, parece complicado imaginar a un responsable de discográfica actual, con sus postgrados en marketing o international bussines, que aceptando un trabajo en el que la expresión artística prima por encima de todas las cosas mientras se obvian informaciones como el nombre del músico o el título del disco, y que está construido con extraños personajes de mandíbulas desencajadas, ojos desorbitados, con múltiples brazos, múltiples piernas, ataviados con extravagantes vestimentas y que portan instrumentos imposibles, que parecen deformados por la fuerza de los músicos al soplarlos o golpearlos mientras la onda expansiva de sus ágiles movimientos inunda las cuatro esquinas de la carpeta dando lugar a un festival de colores y formas en el que el horror vacui es el protagonista.

Con el paso del tiempo, la posición de Flora va mejorando dentro de Columbia. Tras el abandono de Alex Steinweiss, ocupa su puesto y poco a poco va ascendiendo en el organigrama de la compañía. Director de arte, gerente de publicidad, gerente de promoción y ventas... trabajos que le obligan a pasar cada vez más tiempo en reuniones en las que no se habla de música ni arte sino de ventas, balances y estrategias empresariales. Harto de no poder continuar desarrollando lo que realmente le gusta, Flora abandona Columbia y se traslada con su mujer y sus tres hijos a México, donde permanecerá hasta 1959.

Los tiempos están cambiando Los tiempos habían cambiado o, como cantaba otro Zimmermann (Robert) que empezaba su carrera en el sello Columbia por esa época, al menos estaban cambiando. A su regreso a Estados Unidos, Flora descubre que la situación del mundo discográfico no era la misma que antes de su partida. Con la explosión del Rock and Roll y el fenómeno de fans en ciernes, los criterios estéticos a la hora de decidir el diseño de las portadas se habían decantado en favor de la fotografía del artista o ídolo de jovencitas en perjuicio de la ilustración.

Aunque todavía realizará algunas portadas para la compañía RCA-Victor, las necesidades de dinero obligan a Flora a ponerse a trabajar como dibujante para diferentes publicaciones –muchas de ellas de gran tirada como Fortune, New York Times o Look– donde, sin renunciar a su estilo personal, sí es cierto que se ve obligado a trabajar con unos márgenes creativos más estrechos y a desarrollar un trabajo más correcto y acorde con los gustos de los lectores de dichas revistas. En una de sus visitas a las redacciones y editoriales, la casualidad hará que Flora comience a explorar otra de las vertientes de lo que será su trabajo futuro: la escritura e ilustración de cuentos infantiles. Su estreno será con “The fabulous Fireworks Family” –un curioso librito sobre una peculiar familia con la que coincidió durante su estadía en México cuyos miembros, desde el abuelo hasta los niños, se dedicaban al negocio de los fuegos artificiales –, al que seguirán dieciséis libros más en los siguientes años.

Fallecido en 1998, Flora mantuvo hasta el último momento su pasión por el jazz y la ilustración. Agradecido por la vida que le había tocado vivir y de la que, como confesaría, había recibido mucho más de lo que esperaba, resumía el éxito como profesional en el hecho de haber sido un trabajador infatigable [ 4 ] . Para él sus trabajos tenían más de lúdico que de obligación laboral y a pesar de ser consciente de su trascendencia como uno de los más importantes diseñadores del siglo XX, no daba un excesivo valor a sus creaciones. Ninguno de los originales realizados para Columbia o RCAVictor se conserva y lo mismo sucederá con el grueso de su trabajo como ilustrador para revistas.

Según su propia declaración, un día recibió una llamada de la redacción del New York Times para preguntarle qué quería que hicieran con todos los originales de los dibujos que había ido enviando para acompañar diferentes secciones de la revista. Flora sencillamente respondió, “tíralos” .

NOTAS

  • [ 1 ] Entrevista con Jim Flora. Angelynn Grant. Catálogo de la exposición Jazz Gráfico. Diseño y fotografía en el disco de jazz . 1940-1968. IVAM. Valencia, España, 1999.
  • [ 2 ] Ibid
  • [ 3 ] Ibid
  • [ 4 ] The mischievous art of Jim Flora . Irwin Chusid. Fantagraphics Books, 2004. Seattle, EE.UU., 2004.

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