«Una revista bien diseñada debe ser capaz de evolucionar y cambiar continuamente sin traicionar su naturaleza». Eso afirma Jeremy Leslie y eso practica Sergio Ibáñez. Desde la dirección de arte de Marie Claire ha conseguido convertir un producto comercial en muestra de buen diseño contemporáneo de revistas. Cada día más interesado en proyectos artísticos, aunque sin dejar de lado su faceta más pop, el diseñador catalán nos muestra un sólido presente y un futuro ilimitado. ¿El sucesor de Fernando Gutiérrez? El tiempo lo dirá.

Portada CD "Mond Club Selection"
Sinnamon Records |
A comienzos de los noventa surgió una generación de jóvenes que insuflaron un aire fresco en el diseño gráfico nacional. Desde el terreno de las revistas, con la reinterpretación del «háztelo tú mismo» como lema, y situados en el entorno de la música, animaron la gráfica con más ilusión y menos prejuicios que la generación de vacas sagradas del diseño. Algunos de aquellos nombres han desaparecido del mapa, seguramente escondidos tras un ordenador, ejecutando trabajos sin alma y sin convicción; otros, sin embargo, han dado el salto al
mainstream manteniendo la actitud y las ganas. En este segundo caso podemos ubicar a Sergio Ibáñez.
Grafista vocacional y uno de los mejores diseñadores de revistas de la actualidad, su labor en la dirección de arte de Marie Claire demuestra cómo participar de un gran proyecto editorial no hace sino poner más medios para acrecentar la calidad del trabajo. Además, no satisfecho con la tensión que genera una redacción, ejercita su ratón en otros soportes. La vocación le viene de lejos. Criado entre resmas, cauchos y máculas, las visitas de la mano de su progenitor a la imprenta familiar fueron su particular iniciación en un mundo entonces casi mágico.
«Recuerdo que de pequeño mi padre me llevaba de vez en cuando a la imprenta y yo flipaba con los montones de cortes de papel, las tintas, los tipos móviles que todavía quedaban por ahí... Las máquinas me producían una impresión entre violenta y fascinante, me quedaba totalmente hipnotizado... Y cuando mi padre me traía cualquier muestra de papel o mácula para que lo destrozase, me sentía el rey del mambo... Y ya no te cuento el día en que me regaló una vieja guía pantone. Pero como nunca me ha gustado ensuciarme demasiado opté por el diseño. Ahora vas a las imprentas y parecen un quirófano. Eso sí, me siguen fascinando tanto como cuando tenía nueve años».
De lo "retro" a lo "arty"
Estudió en la Massana y Bau y sus primeros trabajos, como los de muchos grafistas de la época, se producen en el terreno de la comunicación ligada a la escena de clubs en plena ebullición en aquellos tiempos.
«Mis primeros trabajos fueron flyers para un montón de clubs en Barcelona. Me pilló en pleno boom y la verdad es que me lo pasaba genial. Ahora sólo hago este tipo de trabajo para el Mond Club porque tengo una vinculación sentimental muy grande con él y porque Sinnamon -la empresa que lo gestiona- es como mi casa. Los trabajos que hemos hecho juntos han sido los que más han hecho que me emocione. Los flyers para el Mond club siempre los he concebido como pequeñas series limitadas. Consigo que tengan un valor añadido y que la gente los coleccione».
Entre sus clientes han figurado o figuran nombres tan reconocidos como Sinnamon Promotions, Advanced Music, IFEMA Feria de Madrid, Pasarela Cibeles, Levi's, Homeless, CCCB, La Caixa, Planters Punch o, en el pasado, los clubs Bipp, Moviedisco o Florida 135 para cuya revista, de efímera existencia, realizó un estupendo diseño. Entre la estética de sus trabajos destaca una faceta de revisión o adaptación del pasado, recuperando gráficas denostadas en su momento pero que hoy en día aportan un punto de vista original una vez filtradas por su mirada personal.
«Es cierto que en mi trabajo más pop hay cierta constante retro... no lo puedo evitar. Lo que hace unos años nos parecía lo mas moderno ahora nos parece un horror pero seguro que en dos días a alguien se le ocurre recuperarlo». No obstante, en la actualidad mantiene líneas de trabajo definidas por su instinto colaborador, acercándose a lenguajes artísticos con trabajos a medias realizados con gente como Ramiro e, Jordi Labanda, Deygas & Kunzel o, actualmente, Alfredo Cáliz. «Normalmente hago colaboraciones con gente con la que ya he trabajado antes en otros medios o proyectos. Me encanta no tener que ser autosuficiente cuando hay gente que hace fotos o ilustra mucho mejor que yo. Recuerdo con especial cariño una serie de flyers que hicimos con el fotógrafo Oriol Maspons, recuperando fotos suyas de la época de la Gauche Divine. Ir a su estudio, ver fotos de su archivo y escucharle fue una clase magistral. Por supuesto, las colaboraciones con fotógrafos como Leila Méndez y Ramiro e, han sido siempre geniales y cualquier trabajo que he tenido la suerte de compartir con Jordi Labanda ha sido una experiencia estética sublime, de él he aprendido muchísimo en todos los sentidos».
Del "flyer" a la puesta en página

Flyer Razz Club / Razzmatazz |
El gran paso, lanzadera para su salto a Marie Claire, fue su trabajo para la revista de tendencias aB. Gran parte del éxito que cosechó la publicación en tiempos pasados fue responsabilidad de la propuesta estética de Sergio Ibáñez. «Fue genial, porque el encargo coincidió con mi proyecto de fin de curso en la escuela Bau y verlo luego publicado en la calle, estando todavía estudiando, fue un subidón. La mecánica de trabajo era bastante rudimentaria. Eramos un poco como
"el hombre orquesta" pero por las oficinas pasó lo mejor de lo mejor de los fotógrafos, ilustradores, periodistas, etcétera, que están trabajando ahora mismo en los mejores medios. Pese a las idas y venidas, los altos y los bajos, aB siempre me pareció la mejor revista gratuita». En aquellos primeros años al mando del ratón para la revista de Yolanda Muelas era clara la influencia de Carson y su Ray Gun. Además, traslucía una notable intención experimentadora que denotaba un ánimo de ruptura con los parámetros establecidos en el diseño de revistas.
«Estudiando en Bau, recuerdo una asignatura impartida por Jaume Pujagut en la que cada semana nos traía las últimas novedades editoriales del planeta (Emigre, Ray Gun, Blah Blah Blah...). Me fascinaba y la verdad es que me volvió un poco loco. Trabajaba con el Mac enfrente, el escaner a mi derecha y el fax a la izquierda. Ahora me parto de risa pensando en ello. Recuerdo el primer redactor jefe de aB con el que coincidí; editando un texto se levantó de la silla y le gritó a Yolanda Muelas -directora de aB- que estaba a mi lado: "¡Me niego a seguir escribiendo en esta revista si ‘él' continúa maquetando así!". Fue muy violento pero, la verdad, si me hubiese cortado la cabeza, ahora lo entendería. Recuerdo que flipaba con Carson, Vaughan Oliver, Peter Saville, Tomato, Why Not, Designers Republic, Stylorouge, Farrow, Me Company, la familia Emigre y los holandeses. Vamos, ¡con todos! Ahora no me interesa tanto el trabajo de estudios de diseño como tal... Alucino más viendo un desfile de Lacroix, hojeando producciones de moda en revistas como Another Magazine, viendo una peli de William Klein en la filmoteca, pasando una tarde en El Prado o echando un vistazo al libro que acabo de encontrar de una revista que se llamaba Flair editada en los Estados Unidos en los cuarenta y cincuenta».