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Visual

Sergio Ibáñez, el sucesor

por José Luis Lizano

Visual nº 115, julio 2005

«Una revista bien diseñada debe ser capaz de evolucionar y cambiar continuamente sin traicionar su naturaleza». Eso afirma Jeremy Leslie y eso practica Sergio Ibáñez. Desde la dirección de arte de Marie Claire ha conseguido convertir un producto comercial en muestra de buen diseño contemporáneo de revistas. Cada día más interesado en proyectos artísticos, aunque sin dejar de lado su faceta más pop, el diseñador catalán nos muestra un sólido presente y un futuro ilimitado. ¿El sucesor de Fernando Gutiérrez? El tiempo lo dirá.

Portada CD “Mond Club Selection” Sinnamon RecordsA comienzos de los noventa surgió una generación de jóvenes que insuflaron un aire fresco en el diseño gráfico nacional. Desde el terreno de las revistas, con la reinterpretación del «háztelo tú mismo» como lema, y situados en el entorno de la música, animaron la gráfica con más ilusión y menos prejuicios que la generación de vacas sagradas del diseño. Algunos de aquellos nombres han desaparecido del mapa, seguramente escondidos tras un ordenador, ejecutando trabajos sin alma y sin convicción; otros, sin embargo, han dado el salto al mainstream manteniendo la actitud y las ganas. En este segundo caso podemos ubicar a Sergio Ibáñez.

Grafista vocacional y uno de los mejores diseñadores de revistas de la actualidad, su labor en la dirección de arte de Marie Claire demuestra cómo participar de un gran proyecto editorial no hace sino poner más medios para acrecentar la calidad del trabajo. Además, no satisfecho con la tensión que genera una redacción, ejercita su ratón en otros soportes. La vocación le viene de lejos. Criado entre resmas, cauchos y máculas, las visitas de la mano de su progenitor a la imprenta familiar fueron su particular iniciación en un mundo entonces casi mágico.

«Recuerdo que de pequeño mi padre me llevaba de vez en cuando a la imprenta y yo flipaba con los montones de cortes de papel, las tintas, los tipos móviles que todavía quedaban por ahí… Las máquinas me producían una impresión entre violenta y fascinante, me quedaba totalmente hipnotizado... Y cuando mi padre me traía cualquier muestra de papel o mácula para que lo destrozase, me sentía el rey del mambo… Y ya no te cuento el día en que me regaló una vieja guía pantone. Pero como nunca me ha gustado ensuciarme demasiado opté por el diseño. Ahora vas a las imprentas y parecen un quirófano. Eso sí, me siguen fascinando tanto como cuando tenía nueve años».

De lo “retro” a lo “arty”

Estudió en la Massana y Bau y sus primeros trabajos, como los de muchos grafistas de la época, se producen en el terreno de la comunicación ligada a la escena de clubs en plena ebullición en aquellos tiempos.

«Mis primeros trabajos fueron flyers para un montón de clubs en Barcelona. Me pilló en pleno boom y la verdad es que me lo pasaba genial. Ahora sólo hago este tipo de trabajo para el Mond Club porque tengo una vinculación sentimental muy grande con él y porque Sinnamon –la empresa que lo gestiona– es como mi casa. Los trabajos que hemos hecho juntos han sido los que más han hecho que me emocione. Los flyers para el Mond club siempre los he concebido como pequeñas series limitadas. Consigo que tengan un valor añadido y que la gente los coleccione».

Entre sus clientes han figurado o figuran nombres tan reconocidos como Sinnamon Promotions, Advanced Music, IFEMA Feria de Madrid, Pasarela Cibeles, Levi's, Homeless, CCCB, La Caixa, Planters Punch o, en el pasado, los clubs Bipp, Moviedisco o Florida 135 para cuya revista, de efímera existencia, realizó un estupendo diseño. Entre la estética de sus trabajos destaca una faceta de revisión o adaptación del pasado, recuperando gráficas denostadas en su momento pero que hoy en día aportan un punto de vista original una vez filtradas por su mirada personal.

«Es cierto que en mi trabajo más pop hay cierta constante retro… no lo puedo evitar. Lo que hace unos años nos parecía lo mas moderno ahora nos parece un horror pero seguro que en dos días a alguien se le ocurre recuperarlo». No obstante, en la actualidad mantiene líneas de trabajo definidas por su instinto colaborador, acercándose a lenguajes artísticos con trabajos a medias realizados con gente como Ramiro e, Jordi Labanda, Deygas & Kunzel o, actualmente, Alfredo Cáliz. «Normalmente hago colaboraciones con gente con la que ya he trabajado antes en otros medios o proyectos. Me encanta no tener que ser autosuficiente cuando hay gente que hace fotos o ilustra mucho mejor que yo. Recuerdo con especial cariño una serie de flyers que hicimos con el fotógrafo Oriol Maspons, recuperando fotos suyas de la época de la Gauche Divine. Ir a su estudio, ver fotos de su archivo y escucharle fue una clase magistral. Por supuesto, las colaboraciones con fotógrafos como Leila Méndez y Ramiro e, han sido siempre geniales y cualquier trabajo que he tenido la suerte de compartir con Jordi Labanda ha sido una experiencia estética sublime, de él he aprendido muchísimo en todos los sentidos».

Del “flyer” a la puesta en página

Flyer Razz Club / RazzmatazzEl gran paso, lanzadera para su salto a Marie Claire, fue su trabajo para la revista de tendencias aB. Gran parte del éxito que cosechó la publicación en tiempos pasados fue responsabilidad de la propuesta estética de Sergio Ibáñez. «Fue genial, porque el encargo coincidió con mi proyecto de fin de curso en la escuela Bau y verlo luego publicado en la calle, estando todavía estudiando, fue un subidón. La mecánica de trabajo era bastante rudimentaria. Eramos un poco como “el hombre orquesta” pero por las oficinas pasó lo mejor de lo mejor de los fotógrafos, ilustradores, periodistas, etcétera, que están trabajando ahora mismo en los mejores medios. Pese a las idas y venidas, los altos y los bajos, aB siempre me pareció la mejor revista gratuita». En aquellos primeros años al mando del ratón para la revista de Yolanda Muelas era clara la influencia de Carson y su Ray Gun. Además, traslucía una notable intención experimentadora que denotaba un ánimo de ruptura con los parámetros establecidos en el diseño de revistas.

«Estudiando en Bau, recuerdo una asignatura impartida por Jaume Pujagut en la que cada semana nos traía las últimas novedades editoriales del planeta (Emigre, Ray Gun, Blah Blah Blah…). Me fascinaba y la verdad es que me volvió un poco loco. Trabajaba con el Mac enfrente, el escaner a mi derecha y el fax a la izquierda. Ahora me parto de risa pensando en ello. Recuerdo el primer redactor jefe de aB con el que coincidí; editando un texto se levantó de la silla y le gritó a Yolanda Muelas –directora de aB– que estaba a mi lado: “¡Me niego a seguir escribiendo en esta revista si ‘él' continúa maquetando así!”. Fue muy violento pero, la verdad, si me hubiese cortado la cabeza, ahora lo entendería. Recuerdo que flipaba con Carson, Vaughan Oliver, Peter Saville, Tomato, Why Not, Designers Republic, Stylorouge, Farrow, Me Company, la familia Emigre y los holandeses. Vamos, ¡con todos! Ahora no me interesa tanto el trabajo de estudios de diseño como tal… Alucino más viendo un desfile de Lacroix, hojeando producciones de moda en revistas como Another Magazine, viendo una peli de William Klein en la filmoteca, pasando una tarde en El Prado o echando un vistazo al libro que acabo de encontrar de una revista que se llamaba Flair editada en los Estados Unidos en los cuarenta y cincuenta».

Libro “Hey Day, Jordi Labanda”. Editorial ReverteLa última etapa de Ibáñez en la gratuita se caracterizó por legar un diseño con clara intención comercial, manejando la sobriedad y la contención con elegancia para conseguir una maqueta pulcra e intentar dirigirse a un público más amplio. «Nuestra intención era transformar la revista en un producto más comercial sin perder cierta “independencia” en cuanto a contenidos. Dar el salto a un mayor marco de lectores y evidentemente, de anunciantes. Era un paso inevitable y positivo que desgraciadamente otras publicaciones (en mi opinión mucho peores) han aprovechado más que la propia aB. ¡C'est la vie!».

Desembarco en Madrid

Gracias al ilustrador más popular del momento –entonces y ahora–, Sergio Ibáñez cierra su etapa aB y se traslada a Madrid para responsabilizarse de la dirección de arte de la revista femenina del grupo GyJ. «Fue a través de un colaborador común (Jordi Labanda). En Marie Claire estaban buscando un director de arte. Me vine a Madrid para entrevistarme con Joana Bonet, su directora, y a los tres días estaba buscando piso en la capital». El cambio de función resultó significativo. De diseñador gráfico a director de arte. «La verdad es que dejar el hábito de tener el ratón en la mano constantemente y pasar al de tener el teléfono, la lupa, el marcador de contactos, el último cosmético de Chanel o un taconazo de Blahnik, fue un poco “shock”. Pero si trabajas con un buen equipo de maqueta y una buena editora gráfica todo es mucho mas fácil…». Cambiar una publicación independiente por un medio masivo, con el condicionante de contar con ediciones gemelas en otros países, no supone dificultad alguna a la hora de plantear la labor. «Evidentemente trabajar en un medio más masivo y comercial hace que tengas más cuidado con ciertos aspectos de la revista, tanto de cara al lector como a la empresa. Es cierto que hay cierta influencia entre las ediciones internacionales de una misma cabecera, pero es una influencia más orientada hacia la línea editorial que hacia la gráfica».

En la vorágine que supone el día a día en la redacción de una revista de estas características, la participación del director de arte es crítica. Su función como eje sobre el que pivotan otras responsabilidades lo convierten en un trabajo apasionante.

«Estoy en medio de los departamentos de redacción, maqueta y moda. La verdad es que a veces me vuelven loco. Siempre creí que nunca podía trabajar en equipo… ¡gran error! Tener contacto con todos los departamentos hace que avances en todo los sentidos porque estás constantemente procesando muchísima información . Por ejemplo, llegar a una producción de moda, impresa y en kiosko, supone haber asistido a los desfiles en París, Milán, Nueva York… Luego, poner en común lo que se ha visto con el resto del equipo (redactores, estilistas…), intuir cuáles van a ser las tendencias para la próxima temporada, planificar con los fotógrafos y el departamento de producción los viajes y finalmente la puesta en página y la edición de los textos… es el mejor ejemplo de lo que es un trabajo en equipo».

Una de las virtudes indispensables de un buen director de arte es saber rodearse de los colaboradores que mejor se acoplen a cada necesidad. «Cada semana recibo en mi despacho a un montón de fotógrafos o ilustradores. El contacto es importante, porque, al final, a lo que te llega por mail no le haces tanto caso. Es un trabajo pesado pero, al fin y al cabo, la mayoría de los colaboradores surgen de estos encuentros. Hay que estar muy despierto para ver a gente nueva que publica en medios a lo mejor más underground y llevarlos a un medio más mainstream antes que otros… no vamos de descubridores de nadie (es algo que odio), simplemente se trata de un intercambio».

La labor al frente de la gráfica de revistas en este país suele tener un componente personal de austeridad, que va acompañada de gran esfuerzo y poca recompensa pública. Salvo alguna starlette , pocos nombres de diseñadores de revistas trascienden en el ámbito público del diseño. «Es verdad que en España no es muy habitual la figura del director creativo-superstar como pueden ser Fabien Baron o Stephen Gan (curiosamente los dos han pasado por Harper's Bazaar como en su día lo hizo Brodovitch). Pero tampoco tenemos la misma historia reciente que otros países… En el fondo todos hacemos un poco el mismo tipo de trabajo, con más o menos medios y con más o menos talento».

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