
© Nick Knight |
Me gustaría empezar dando un repaso a su historia personal, a su formación, y finalmente a su relación con la cultura arquitectónica en Gran Bretaña.
Estudié en la Architectural Association (AA) durante la época en que Robin Middleton organizó un congreso sobre las Beaux Arts. Los Smithson dieron una conferencia sobre Labrouste;1 alguien más vino y habló de Henry Hobson Richardson; y realmente todo el mundo estaba metido en ello. El congreso tenía un reparto que incluía a Henry-Russell Hitchcock. Leon Krier, Joseph Rykwert, James Stirling, Anthony Vidler, Alan Colquhoun y muchos más: era la primera línea del movimiento postmoderno. Este congreso era una respuesta a la extendida crítica popular; la gente odiaba la arquitectura moderna, y si alguien intentaba defenderla, no encontraba muchas pruebas sobre el terreno para lograr que el público en general le creyese.
¿Qué hubo en su formación que le llevase a defender o intentar recuperar la arquitectura moderna como legítimo ámbito de investigación?
Recibí las enseñanzas y la influencia de personas como Ed Jones, David Dunster, David Shalev y Patrick Hodgkinson. Este último tuvo una profunda influencia en mí; era un moderno acérrimo.
Así pues, estaba usted en una especie de célula que era fruto de una época en la que el Movimiento Moderno se aplicaba exhaustivamente en Gran Bretaña en proyectos de viviendas sociales y escuelas.
Sí, era la época en que el grupo London Borough of Camdem Architects estaba construyendo sus grandes proyectos residenciales. Neave Brown estaba levantando las viviendas de Fleet Road, en Camdem, y Benson & Forsyth estaban haciendo Mansfiel Road, en Hampstead; en ese momento yo estaba estudiando en el Kingston Polytechnic, y me estaba cuestionando todo. Durante esos primeros años, David Dunster me aconsejó ir a la AA, donde había mucha más investigación y creación; así que me fui a la AA, que me ofrecía más oportunidades.
De modo que, mientras usted estudiaba en los círculos modernos, el prestigio del proyecto moderno en Gran Bretaña decayó hasta el punto que usted llegó a formar parte de los conservadores.
Así es. Estuve en una institución muy conservadora intentando ser progresista; y luego me fui a una institución progresista y me volví más conservador. En Kingston se trabajaba de un modo muy convencional. Había clases de fontanería y estructuras; era un buen plan de estudios, pero uno se sentía un poco fuera: mirábamos las revistas y veíamos que en otros sitios pasaban otras cosas. La arquitectura posmoderna estaba empezando a andar y Leon Krier era una figura destacada. Fue una época en la que se plantearon muchas cuestiones acerca del simbolismo arquitectónico y la idea de la memoria. No se podía eludir esa atmósfera dominante que estaba poniendo en tela de juicio el Movimiento Moderno no sólo desde la óptica popular, sino también desde un punto de vista institucional. Se produjo un gran despliegue de energía en torno a la exposición de las Beaux Arts y a las conferencias pronunciadas, que a su vez llegaron a ser muy influyentes.
Es curioso que el modelo que se estaba proponiendo en el Reino Unido como alternativa al Movimiento Moderno fuese el Beaux Arts, que es también un modelo universal. En cierto modo, el Movimiento Moderno podría tener su fundamento en el proyecto de la Ilustración. El modelo Beaux Arts no es necesariamente opuesto a esos valores universales del Movimiento Moderno. Una de las críticas más habituales a la arquitectura moderna en otros países tenía que ver con su falta de compromiso con los problemas locales, pero parece ser que en Gran Bretaña la alternativa al Movimiento Moderno era igualmente universal.
Recuerdo a Neil Levine haciendo una descripción de la Biblioteca de Sainte-Geneviève y explicando lo que significaba cada detalle. Había una gran fascinación acerca de ese asunto: sobre si la arquitectura moderna había perdido el significado y la memoria hasta convertirse en algo completamente neutro. La ambición por llegar a ser universal al tiempo que se cambiaba el mundo acabó produciendo justamente una arquitectura moderna insulsa que no significaba mucho, así que todo el mundo miraba a las Beaux Arts, de nuevo.
Lo que resultaba fascinante de este estilo decimonónico era el hecho de que se ocupaba del lenguaje, y esto era precisamente lo que se consideraba perdido en el Movimiento Moderno. Y terminábamos hablando no de las mejores versiones del lenguaje moderno, sino del cambio general que se había producido. No debería olvidarse que, por la misma época, personas como Manfredo Tafuri o Aldo Rossi estaban cuestionando temas similares de un modo diferente y en un lugar diferente. Sin embargo, en Inglaterra, de un modo típicamente inglés, todo el mundo miraba simplemente a Lutyens, Labrouste o Mackintosh. La gente miraba hacia atrás; no era algo de dimensión intelectual, era sólo una tendencia general a decir: "Mira qué interesante era Lutyens". Lutyens era un gran héroe que había creado edificios dotados de atributos que el Movimiento Moderno ya no parecía tener: un hermoso suelo de madera, una preciosa chimenea o una interesante silueta.
Así que usted aterrizó inconscientemente en una especie de oposición conservadora que se enfrentaba a lo que llegó a ser la arquitectura postmoderna.
Sí, supongo que sí. Además de los ya citados Ed Jones, David Dunster, David Shalev y Patrick Hodgkinson, también Su Rogers y John Miller influyeron en mí. Como ya he dicho, Patrick me puso bajo su tutela; yo solía ir a su casa de Bayswater a ver cosas de Aalto, Asplund y Kahn. Esto era muy estimulante, porque Patrick me enseñaba lo que podía ser la arquitectura moderna y, al mismo tiempo, lo que había acabado siendo. El periodo pasado en la AA fue muy emocionante y estuvo plagado de figuras interesantes y diversas: Rem Koolhaas, Leon Krier, Bernard Tschumi, Nigel Coates, Zaha Hadid, etcétera.
Luego estuvo usted trabajando una temporada para Richard Rogers.
Sí, después de dejar la AA, trabajé para Richard.
De modo que, entre las opciones disponibles, decidió trabajar para un tipo más moderno, aunque su posición era ligeramente crítica con la arquitectura high-tech .
Sí. Estuve trabajando para Douglas Stevens, fue mi primer empleo; y mientras trabajaba allí recibí una llamada de Richard para ver si le podía ayudar en un concurso, que era el del Lloyd's. Así que trabajé en el concurso del Lloyd's y me quedé allí después de ganarlo. Cuando me marché para trabajar por mi cuenta, volvió a ocurrir lo mismo: recibí una invitación del estudio de Foster para ver si quería trabajar con ellos en un concurso; así que trabajé allí durante un año y el último concurso en que participé fue el del centro de radio de la BBC en Langham Place.