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Arquitectura Viva 93 Arquitectura Viva

Voces en vanguardia. Pequeño diccionario de ideas del diseño actual

por Hal Foster
Arquitectura Viva nº 93, noviembre-diciembre 2003

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X, de Xsed (tachado)

Eliminada, anulada; ésa parece ser la situación actual de la arquitectura ‘crítica', al menos, según los defensores de la postura ‘poscrítica'. Si bien es cierto que en algunos casos queda Justificada la necesidad de una arquitectura poscrítica -por ejemplo, cuando se utiliza la teoría como justificación para imponer deter­minadas modas de vida efímera- no vayamos a tirar al niño con el agua sucia, declarando que el pensamiento crítico arquitectónico no tiene ya razón de ser. En términos políticos, esa afirmación poscrítica refuerza el neocon­servadurismo dominante. «Existen intereses creados que pretenden hacernos creer que no hay alternativa posible», comenta Hilde Hey­nen, «por eso, no debemos limitarnos a de­nunciar la situación, sino que hay que reeva­luar y resucitar el análisis crítico». Realmente vivimos en una época extraña, tan trágica­mente extraña -tanto en la arquitectura como en la política-, que no podemos permitirnos renunciar a la crítica.
Con frecuencia, el discurso poscrítico viene acompañado de cierta fe futurista que consi­dera que el uso de nuevos materiales y medios de representación es algo avanzado y progre­sista de por sí. No cabe duda de las grandes po­sibilidades que éstos tienen -una ampliación de las técnicas de diseño y la recuperación de los medios de producción por parte de los ar­quitectos-, pero también pueden acabar ca­yendo sin darse cuenta en ingenuidades pre­críticas (por ejemplo, nadie parece cuestionar la vuelta a la perspectiva clásica en las info­grafías utilizadas habitualmente en las presen­taciones de los proyectos).
Otra postura bastante habitual del discurso poscrítico es la confrontación deliberada entre ‘crítica' y ‘creación', como si ambos términos fueran en realidad opuestos. De la misma ma­nera, se da por supuesto que el ‘pragmatismo' viene ‘después de la teoría', como si el prag­matismo no fuese una teoría y como si la teo­ría no pudiera ser pragmática. Desde la posi­ción poscrítica se entiende por ‘pragmatism' un nuevo tipo de compromiso con el mundo que se expresa mediante la ‘inteligencia en el diseño'. Según Michael Speaks, «la innova­ción es el resultado de un proceso afirmativo y no lineal de retroalimentación continua, me­diante el cual se descubren oportunidades que acaban siendo explotadas al máximo y con­vertidas en resultados formales que se salen de lo previsto e incluso de lo planteado por el pro­blema inicial». Observemos, sin embargo, que esta formulación suena sospechosamente a un nuevo tipo de formalismo, e incluso a la feti­chización del propio proceso.
Y, de Yahoo
Sírvase rellenar el espacio en blanco...
Z, de Zero
Pero no la Zona Cero, que puede localizarse en muchos sitios: en Manhattan, en Afganis­tán, en Bagdad, en Estambul... Cero de Grado Cero, una arquitectura de grado cero, como la ‘escritura de grado cero' que defendía Roland Barthes hace cincuenta años. Una arquitectu­ra no tan explotada por la ideología; una ar­quitectura normal, cotidiana, lo que no impi­de que pueda ser reflexiva.
Dada la atención desmesurada que reciben algunos proyectos, la arquitectura convencio­nal queda progresivamente marginada. Exis­ten muchas razones que explican esta situa­ción: desde la tradicional separación entre ar­quitectura e ingeniería hasta el más reciente dominio de las grandes constructoras. Algo de culpa tiene también la postura autista de los ar­quitectos de vanguardia; autismo que nada tiene que ver con la investigación creativa, ni con la autocrítica, y que no es aplicable a los chivos expiatorios habituales -la academia y la teoría-, como algunos críticos pretenden. Esta falta de arquitectura reflexiva favorece la proliferación de lo que Koolhaas denomina ‘espacio basura' y Luis Fernández-Galiano llama ‘Babel horizontal'. ¿No se puede res­ponder al ‘realismo de mercado' sin construir una Babel de basura? ¿Por qué no lanzar ese reto en vez de conformarse con lo que hay? Ar­quitectos y promotores deben prestar más aten­ción a la construcción convencional, a la ar­quitectura cotidiana, que no sea de usar y tirar, que no sea una reiteración de fealdad y vulga­ridad, ni un despliegue de efectos especiales.
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