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Arquitectura Viva 93 Arquitectura Viva

Voces en vanguardia. Pequeño diccionario de ideas del diseño actual

por Hal Foster
Arquitectura Viva nº 93, noviembre-diciembre 2003

Número de páginas: 6
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Mediante el recurso del "glosario de ideas" el autor analiza varios temas recurrentes en el discurso arquitectónico actual: el espectáculo, el trauma o la nueva economía.
A, de Arquitectura
Es evidente que la arquitectura ha adquirido una nueva relevancia en la cultura en general. Si bien esta importancia tiene su origen en los debates suscitados por el posmoderno en los años setenta, recientemente se ha vuelto a poner de manifiesto debido a la presencia in­vasiva del diseño en los más diversos aspectos del capitalismo consumista: el arte, la moda, el comercio, el mundo empresarial, etcétera. La importancia concedida a la arquitectura tiene, además, algo de compensación: el ar­quitecto es la última personificación del genio artístico, del creador dotado de una visión su­perior y medios sofisticados a los que la ma­yoría de los mortales no podemos aspirar. El arquitecto estrella es la versión contemporá­nea del antiguo mito del artista. (A pesar de la distancia existente entre la arquitectura de van­guardia y la edificación convencional, creo que cualquier ciudadano de a pie es capaz de nom­brar a un par de arquitectos más fácilmente que a un par de artistas o de escritores.)
La misma actitud compensatoria hacia el estatus de la arquitectura se detecta en el pro­pio discurso arquitectónico actual, habitual­mente esquizoide en el sentido de que los sue­ños de grandeza alternan con los sentimientos de impotencia. «Desde los primeros años no­venta, lo que manda es el mercado, de modo que la única herramienta que nos queda es la seducción», comenta Kamiel Klaasse. «Esto crea una incómoda situación de dependencia. Los arquitectos combinan la arrogancia con la impotencia; somos mendigos y fanfarrones.»
«Hoy en día los arquitectos tienen la capaci­dad de hacer cualquier cosa y a la vez no hacer nada», añade Maarten Kloos. «La arquitectu­ra se ha convertido en un concepto amorfo, eva­sivo, flotante, como una esencia en el aire o la última tendencia de moda.»
B, de Bonaventure
En su famoso análisis del espacio posmoder­no, The Cultural Logie of Late Capitalism, Fredric Jameson utiliza el inmenso atrio del Hotel Bonaventure de Los Ángeles, de John Portman, como ejemplo de un nuevo tipo de ideal arquitectónico: el hiperespacio abruma­dor. Jameson considera este delirio espacial (exacerbado en obras posteriores de Portman como el Hotel Marriot Marquis en Atlanta) un síntoma de nuestra incapacidad para aprehen­der el universo del capitalismo avanzado, para hacernos un mapa mental del mismo. Curio­samente, lo que Jameson utilizaba como críti­ca a la cultura posmoderna es lo que muchos otros arquitectos han tomado como modelo: la creación de espacios extravagantes cuyo obje­to es seducir y subyugar al individuo; un ba­rroco sublime a mayor gloria de la Iglesia de nuestro tiempo: la Empresa. En vez de des­confiar de «la lógica cultural del capitalismo», estos arquitectos operan a su dictado.
C, de Carcassonne
Carcassonne es un destino turístico al sur de Francia, una cité medieval llena de cháteaux, iglesias y fortificaciones. A mediados del siglo XIX , Viollet-le-Duc restauró sus torres y torre­tas, y el lugar conserva hoy un brillo irreal: una ciudad histórica convertida en parque temáti­co, con sus muros blanqueados como las den­taduras de las estrellas de televisión. A1 menos los americanos construyen sus Disneylandias partiendo de cero; hasta ahora, pues cada vez más ciudades americanas están en proceso de carcassonización --canonización de la carca­sa urbana-. Por ejemplo, los edificios con es­tructura de hierro fundido del SoHo neoyor­quino brillan ahora con el lustre de artefactos convertidos en artículos de consumo. Igual que hizo Viollet-le-Duc, los promotores justifican estos liftings en nombre de la conservación de la memoria histórica, aunque su objetivo es, por supuesto, el crecimiento de su cuenta co­mente. Del mismo modo que las víctimas de la cirugía estética, estas fachadas pueden en­mascarar la edad histórica, pero adelantan la decadencia mnemónica.
D, de Diseño
Absolutamente todo, desde la arquitectura y el arte a los vaqueros y los genes, está sobredi­señado (argumento de mi librito Design and Crime). Los héroes de la modernidad indus­trial, el artista-ingeniero y el artista-productor, hace tiempo que desaparecieron; hoy impera el diseñador posindustrial. Ya no hace falta estar podrido de dinero para convertirse en di­señador y objeto diseñado, pudiendo ser el producto en cuestión tanto la casa propia como la empresa; los rasgos caídos (cirugía de dise­ño) como la personalidad alicaída (drogas de diseño); la memoria histórica (museos de di­seño) como el ADN futuro (hijos de diseño). Puede que el `sujeto diseñado' del consumis­mo sea consecuencia no deseada del `sujeto construido' de la posmodernidad; lo que está claro es que actualmente el diseño genera un circuito casi perfecto de producción y consumo.
¿Dónde quedan los arquitectos a todo esto? De nuevo parecen capaces de hacerlo todo «y al mismo tiempo, nada». La redefinición del arquitecto como diseñador es lo que le hace ocupar esa posición paradójica: puesto que la arquitectura se encamina hacia el diseño total, corre el riesgo de diluirse en él. «Dentro de poco, los arquitectos tendrán que ofrecer un amplio rango de servicios», comenta Hani Rashid, de Asymptote, «e integrar todos los as­pectos del proceso». (Sin una consultora de di­seño en acróstico, sin un AMO que comple­mente nuestro OMA, corremos el peligro de que no nos tengan en cuenta.) Algunos arqui­tectos ven esta tendencia al diseño integral como algo positivo: «El arquitecto será el di­señador de modas del mañana», sentencia Ben van Berkel. «El estudio profesional del futuro funcionará en red y será un híbrido de taller, laboratorio y planta de producción de auto­móviles.» Otros se lamentan: «Los arquitectos han pasado de ser creadores a convertirse en coordinadores y gestores», señala Mario Botta. «Puros cargos directivos, dependientes en muchos aspectos de consultores y especia­listas, cuya tarea se limita a mediar entre los más diversos requerimientos técnicos, jurídi­cos y funcionales». En este punto, debe dife­renciarse dialécticamente entre los aspectos progresistas de esta tendencia (por ejemplo, la desaparición de los limites disciplinares entre arquitectura, paisajismo y urbanismo) y los más cuestionables, entre los cuales es un buen ejemplo el comentario de Kas Oosterhuis: «Los arquitectos debemos centrarnos ahora en el `estilismo' de las emociones, en dar forma al flujo de datos, en esculpir la información.»
E, de Entorno
El diseño total es un antiguo sueño del primer Movimiento Moderno que sólo ahora se ha hecho realidad, de forma perversa, en nuestro presente pancapitalista. Con la producción posfordista, los artículos pueden fabricarse a la carta y los mercados dirigirse a nichos es­pecíficos, de modo que un producto masivo puede parecer personalizado. En un mundo económico reelaborado alrededor de la digita­lización y la informática, los productos han de­jado de ser objetos de producción para con­vertirse en datos susceptibles de manipulación de diseño y rediseño, de consumo y reconsu­mo. Este rehacer perpetuo de los objetos es e principal causante de la actual inflación de di seño. ¿Qué ocurrirá cuando esta economía política colapse, debido a un crack bursátil, a cierre de las fábricas donde se explota a los trabajadores o al agotamiento de los recursos?
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