¿Qué le ofrecía España musicalmente para quedarse aquí?
La principal razón, como decía antes, es que me gustó el país y la manera de vivir. Sin duda fue el sol mediterráneo, mi principal decisión no era artística. Lo único que tenía claro es que deseaba salir de Inglaterra. La vida allí es muy dura, mucho trabajo y demasiadas incomodidades. A raíz de ganar el Concurso Sarasate de Pamplona me salieron algunos conciertos, lo que aproveché para tomarle el pulso. Porque la verdad es que no conocía la vida musical española, apenas. Posteriormente me he dado cuenta de que está en un momento muy bueno. Yo creo que es una pena que aquí no se sepa valorar lo que se tiene. Hay cierta tendencia a considerar mejor lo que viene de fuera y no deja de ser un tanto injusto.
¿Cómo llegó a concertino de la Sinfónica de Madrid?
Mera casualidad o resultado de una oportunidad. Hice una audición para García Navarro, empecé a tocar, me lo planteó y me dije "por qué no". Ahora me siento muy bien en la Sinfónica.
Vivido desde dentro, ¿no cree que el comportamiento de ciertos sectores con García Navarro fue injusto?
Yo le guardo un gran cariño porque toqué con él en varias ocasiones. Era un excelente músico, fue uno de los pocos directores españoles reconocidos en todo el mundo. Recuerdo con dolor esos injustos abucheos y sigo sin entender por qué. Para mí era un buen director, uno de los pocos españoles que construyó una carrera internacional. Tenía mucho carácter porque era un hombre muy apasionado con lo que hacía. Amaba la música más que a sí mismo. En los últimos años que trabajé con él, vivía para la música.
Su carrera discográfica ha ido muy bien.
Los discos con Warner tuvieron mucho de casualidad. Antes ya tenía alguna experiencia. Por ejemplo, yo había grabado Las cuatro estaciones , de las que se vendieron 80.000 copias, y luego hice otras cosas como las Sonatas de Schumann. Cuando vine a España formé un dúo con el guitarrista flamenco José Luis Montón y me vinculé con el flamenco, cosa que en el mundo clásico no está demasiado bien vista. Hicimos un disco con muchísimo cariño. José Luis no toca con partitura, viene de un mundo que no tiene que ver con la música clásica, pero como nos compenetramos bien, el disco funcionó. Como tenía ya trabajados los Caprichos de Paganini, Warner los editó. Y han sido muy bien acogidos. La verdad es que estoy sorprendido.
Es curioso cómo un autor tan trascendente como Paganini no goce de buena prensa.
Si eres violinista no puedes dejar de interesarte en Paganini. En nuestro mundo, al lado de la palabra violín casi oyes Paganini. En los concursos no te permiten llegar a la final sin tocarlo. Por eso tenía todos los Caprichos muy trabajados. La verdad es que a mí me gustaban mucho y los hacía en bloque. Me sentía muy seguro de poder dejar una buena grabación y, como violinista, era la expresión de un particular homenaje a quien revolucionó el instrumento. Paganini es más que la técnica. Él aplica el romanticismo de esta época para poder emocionar potenciando el virtuosismo aunque sin perder la melodía. Técnicamente es muy difícil, en parte como resultado de su enfermedad, el conocido como síndrome de Ehlers Danlos, de la que hizo una virtud, al conseguir una elasticidad extraordinaria. De todos modos, con la técnica actual, hay muy pocas cosas intocables. Para algunos recursos es imprescindible trabajar, pero como imposibles quedan muy pocas cosas. Y las que puede haber se arreglan. En algunas ediciones vienen incluso las notas cambiadas, cosa que a mí no me parece bien.
¿Por qué cree que es una música tan mal acogida?
Porque se toca muy mal, como si fueran exclusivamente ejercicios mecánicos. Su principal inspiración vino de la ópera. Todas las torturas con las que nos castiga vienen de su exuberancia lírica. Hay que mirarlo como si se tratara de bel canto. A muchos músicos no les gusta Paganini, pero en su época, cuántos grandes le siguieron y trabajaron a su sombra. Ejerció una increíble atracción sobre sus contemporáneos.
¿Podemos hacernos alguna idea de la fascinación que ejerció en su día a través de su música?
Sabemos que fue el primer artista que montó un espectáculo alrededor de sus conciertos. Porque, no olvidemos que él tocaba muy bien pero no era el único, había otros muy brillantes y valiosos. Pero fue el primer instrumentista en convertirse en un fenómeno no sé si llamarlo mediático. Por otro lado, cambió la estructura del violín, dando más brillantez a las notas agudas. Pensaba en el sonido y afinaba un tono más alto en busca de mayor brillantez. Claro, estamos hablando del siglo XIX, con salas más pequeñas. Ahora, si seguimos haciéndolas cada vez más grandes, habrá que tocar amplificado.
Si se gana potencia, ¿qué se pierde?
En mi opinión, si la técnica moderna conduce a la potencia siempre es en perjuicio de la sutileza. El arco se ve condicionado a la cantidad de sonido. Porque la mayor dificultad de la cuerda no es la afinación o la rapidez, sino obtener un sonido. Es el trauma, la pesadilla, de cualquier violinista.
Seguimos con el repaso discográfico. Después vino su disco dedicado a Sarasate. Es de suponer que vino tras ganar el Concurso que lleva su nombre.
No. La verdad es que ya tocaba a Sarasate en Líbano. Lo he hecho siempre, toda la vida. Me gusta la música de esta época, con ese estilo de salón. Pero Sarasate fue uno de los grandes, lo que hizo en el campo internacional, y más en su época, muy pocos violinistas pueden llevarlo a cabo. Aunque no era muy querido por su colegas. Supongo que la división en dos clanes, entre sus partidarios y los de Joachim, no ayudaría mucho. Todos los músicos de éxito despiertan envidia.
¿Conoce las grabaciones de Sarasate y Joachim?
Sí, que están con las de Ysaÿe. Las conozco, pero no sé, quizá por la deficiencia técnica, pero parecen todos violinistas muy mayores. En el caso de Sarasate, se ve que es un artista que todavía toca con facilidad. Pero la edad influye mucho más en un violinista que en otros instrumentistas. Es un instrumento muy duro. El caso de Nathan Milstein que estuvo activo, y muy bien, todavía a los 85, es totalmente excepcional.
¿A qué se debe?
Porque el violín, o la viola, son instrumentos muy especiales, ya que exigen mantener una posición muy poco natural para el cuerpo. Y pierdes calidad de sonido con mucha rapidez. Lo primero que decae, con la edad, es el sonido. Hay que hacer muchos ejercicios diarios para que eso no suceda. Y aun así...
Es difícil vivir de las rentas en el violín.
Hay gente muy buena que lo hace pero eso le impide evolucionar. Para mí lo más triste para un intérprete es que se estanque. Creo que es una tragedia cuando te das cuenta que no sabes qué hacer, dónde ir con la música.
Con su disco Bach, llegamos a los problemas estilísticos.
El trabajo estilístico viene del estudio personal. Porque el maestro que te enseña, en la mayoría de los casos, te transmite el repertorio dentro de su tradición. Y no te da libertad para llevar a cabo tu propia lectura. Debes intentar montar una obra desde cero, alejarte de esas tradiciones que, en muchas ocasiones, están contaminadas. Las notas, las indicaciones de la partitura son el punto de salida. Luego hay un trabajo musicólogo, pero no debes copiar de esos que te dicen Bach se toca así o asá. La verdad es que las ediciones han mejorado, sobre todo las dedicadas al XVIII. En la música barroca es interesante conocer las características del instrumento de esa época.