Pensé que era lo que quería, porque era la primera vez que grababa algo en directo. Claro que en conciertos con esa espontaneidad, con la atmósfera tan especial que te confiere la audiencia, con esa energía... pueden conseguirse momentos muy especiales. Por eso me puse muy contenta cuando me ofrecieron esa posibilidad. Pero debo decir que no es fácil hacerlo, porque en el fondo estás pensando que eso se va a convertir en un CD, y parece que ese pensamiento te coarta en cierta medida tu sentido de libertad absoluta, que es parte de tu emoción... Eso es lo que sentí y lo que más trabajo me costó superar en el primero de los conciertos. En los siguientes, cuando iba a tocar, todavía quedaban ecos de esas vocecillas en el fondo de mi cabeza. Hasta que llegado el momento me dije: adelante, voy a vencer todos los miedos y a disfrutar como siempre, con esa espontaneidad con que me gusta expresarme en mis conciertos.
¿Es fácil ser espontáneo teniendo una partitura detrás?
Creo que sí. Aunque esté esa partitura, con todo lo que el compositor quiso decir, para mí la música tiene mucho más que ver con los sentimientos. Con las emociones a las que me refería cuando hablaba de espontaneidad.