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Scherzo 212 Scherzo

Entrevista a Gustavo Dudamel: "Quiero seguir luchando por cambiar la sociedad"

por Juan Antonio Llorente
Scherzo nº 212, Octubre 2006

Número de páginas: 3
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Ese aprendizaje de convivir y de escuchar a los demás es ante todo una enseñanza humana. El aspecto cultural lo podemos encontrar en el hecho de que la orquesta se ha convertido en un punto de referencia, por la que cada año pasan por allí para trabajar con ella grandes personalidades de la música, lo que hace que todo el panorama musical esté pendiente de lo que sucede en Venezuela, donde se ha creado un tejido musical gigantesco: 250.000 muchachos haciendo música. Y no sólo eso. Cuando vas a un concierto en Venezuela lo más especial es que el 80 por ciento de la audiencia son también muchachos menores de 25 años, que tienen una sensibilidad y una cultura especial desde muy jóvenes. Eso es algo único. Cada pueblito en Venezuela tiene su orquesta y su coro. Eso es lo más vanguardista de la apuesta del Maestro Abreu. Para enfocarlo desde el punto de vista político que apunta Abbado, basta pensar que todos estos factores hacen que la sociedad cambie, llegando así a la construcción de una sociedad mejor.
El director mexicano Eduardo Mata, impulsor del Sistema, decía que la idea es trasvasable a países como Colombia, México o Perú.
Se está trabajando en ello. Ya existen orquestas juveniles en Perú, en Bolivia, Colombia, Uruguay o Argentina. En muchos países de América Latina, y todos ellos basándose en las pautas del Maestro Abreu, para crear un proyecto similar al suyo.
En los diez años transcurridos desde que empezó a dirigir, ¿quién ha evolucionado más: la orquesta o usted?
La orquesta por un lado y Gustavo por el otro. Pero a fin de cuentas somos uno sólo. Soy parte de la Orquesta, porque antes de dirigirla, tocaba en ella. Hemos crecido juntos. Y desde una ocupación o desde la otra, puedo decir lo mismo, que hemos evolucionado al mismo tiempo; como un único individuo.
En este momento, tal como se ha posicionado en el mundo, se verá obligado a muchas y largas ausencias de su orquesta para trabajar con otras.
Tengo muchos compromisos de trabajo, pero lo que procuro es no tocar fuera durante los cuatro o cinco meses al año en los que debo trabajar con mi orquesta en Venezuela. Aparte de esto, en 2007 comenzaré a dirigir como titular la Orquesta Nacional de Suecia en Gotemburgo, a la que también tendré que dedicar buena parte de mi agenda. Pero el proyecto de Venezuela, desde el plano artístico y social, es muy importante para mí, porque al venir de allí, no se trata de una orquesta más, sino de mi familia.
¿Qué antepone a la hora de valorar la invitación de una orquesta antes de aceptarla?
Ante todo, debo decir que cada una de las invitaciones que me llegan la recibo como un inmenso honor. Con mucho placer por bríndárseme la posibilidad de acudir a trabajar con orquestas de nombre mundial. Lo agradezco ante todo, no por el hecho de dirigirlas, dedicándoles mi tiempo, sino porque aprendo mucho de todas ellas, por toda su experiencia, que absorbo. Por mi parte, doy lo que sé: de mi concepción, de las ideas que pueda tener. Pero aprendo muchísimo de las orquestas allí donde voy, y eso para mí es muy importante. Porque por encima de todo debe de producirse un crecimiento en todo lo que tenga que ver con el aprendizaje, y siento que hasta ahora ha funcionado muy bien.
El repertorio en esos casos, ¿quien lo impone?
Yo puedo tener una idea y la propongo, del mismo modo, a veces son las orquestas las que me lo sugieren. Pero al final siempre llegamos a un acuerdo entre las dos partes.
En los treinta meses transcurridos desde que se catapulta su carrera, ¿con cuántas orquestas importantes ha trabajado ya?
Pues... muchísimas. No sé. He tenido la oportunidad y el honor de trabajar con muchas orquestas grandes, como la Philharmonia de Londres, la de Los Angeles, la de Boston, y con otras en Berlín, en Suecia, en Italia... No las tengo contadas.
¿Le han llamado de alguna española?
Tengo invitaciones de España, que ya estamos arreglando, y me imagino que de aquí a los próximos dos años se consolidarán. Porque quiero mucho regresar a España, donde estuve de visita hace unos meses, porque los abuelos de mi esposa son de origen español. La experiencia de conocerla fue muy especial, porque me encantó. Ahora me toca volver para dirigir, entre otras cosas porque sé del nivel de las orquestas españolas y de sus músicos. Pero por ahora todo se queda en ideas, dándole vueltas a unas conversaciones que hemos mantenido en Madrid y Barcelona, aunque he recibido también invitaciones de otros sitios. Pero por ahora nos estamos centrando en las dos grandes capitales.
En Tanglewood dirigó un obra de Falla, ¿le interesa el repertorio español?
Allí hice El sombrero de tres picos , que me encanta, como todo Falla. Aunque esta es mi obra favorita, sin olvidar La vida breve , las Noches en los jardines de Eapaña o las Canciones populares , que son obras bellísimas, que me fascinan por formar parte de nuestra cultura común.
¿Se queda en Falla al hacer ese juicio?
Por supuesto que no. Me estoy refiriendo a él, pero también a Granados, Albéniz, Rodrigo... creo que la cultura musical de España, los compositores españoles en general, han dejado un legado importantísimo en la música clásica. Es por esa razón por lo que, como iberoamericano, me gusta siempre hacer esa música. Es muy importante programar esa música en las orquestas de nuestros países, donde no suenan mucho estos compositores. Hay que tratar de que eso no sea así en el futuro.
Incluyendo en el lote a los compositores latinoamericanos...
Ese es uno de mis objetivos: tratar de dar a conocer todo el repertorio de unos y otros.
¿Contemporáneo también?
Claro que sí.
¿Lo está demostrando por la vía de la defensa práctica, como Rattle?
Estoy tratando de hacerlo. Por supuesto que necesito tiempo, pero ahí estoy enzarzado, tratando de encajar a los grandes compositores contemporáneos en los conciertos venideros. Estoy pensando en dirigir obras de Kurtág, de Adès, Adams, Birtwistle... Estoy tratando de familiarizarme con toda esta generación de compositores. Tuve la oportunidad de trabajar en Londres con Harrison Birtwistle, y también con Adams, viendo y estudiando sus obras, y la experiencia me pareció muy interesante.
A partir del experimento venezolano, ¿se podría producir un fenómeno similar en el territorio sinfónico al que se está viviendo con ese florecimiento de las voces latinas, que la mercadotecnia vende como boom?
Estoy totalmente seguro de que así puede llegar a ser cualquier día. Creo que el hecho de tener grandes solistas y, por supuesto, grandes orquestas, nos hace ver que estamos en pleno proceso de crecimiento.
Marcelo Álvarez dice que su generación de voces latinas aporta a la ópera corazón. Villazón habla directamente de "cojones". ¿Qué tiene que decir un latino en la música sinfónica?
Imagínese. Ideas, muchísimas, para empezar. Porque en la música, y eso es algo que siempre he defendido, existe la partitura, que no es sino el cauce del río: el pedazo de tierra por el que circula el agua. Para mí la música es ese río, siempre cambiante. Y en el caso de Latinoamérica podíamos referirnos a un río que, a pesar de que ha existido todo este tiempo, está naciendo ahora, o renaciendo, con una energía especial. Con ímpetu, con ganas de mejorar y perfeccionar muchas cosas. Eso es precisamente lo que trato de hacer con mi orquesta y, por supuesto, con todas las demás con las que estoy trabajando. Con esa energía a la que Rolando se refiere cuando habla de "cojones". Con esa pasión, con esa sangre hirviente, que relacionamos con todo lo latino.
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