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Scherzo 206 Scherzo

Deborah Voig. Triunfo de la voluntad

por Rafael Banús Irusta
Scherzo nº 206, Marzo 2006

Número de páginas: 2
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Deborah Voigt es una de las sopranos más importantes de las últimas décadas. Como ha señalado The New York Times , "posee una voz resplandeciente, que se eleva con facilidad por encima de la orquesta wagneriana". Después de someterse a una intervención quirúrgica por motivos de salud, la cantante norteamericana se ha convertido en una mujer enormemente sexy . Abrió la temporada del Liceu con su primera Gioconda , antes de presentarse en el Teatro Real con el estreno en España de Die Ägyptische Helena . Con este motivo tuvimos ocasión de disfrutar de su cautivadora personalidad en esta entrevista, donde habla con absoluta sinceridad de los detalles más personales de una carrera presidida por un férreo sentido de la disciplina inculcado desde la infancia.
Su voz es especialmente adecuada para Strauss. Ha cantado muchos de sus grandes papeles: Helena, la Mariscala, la Emperatriz, Salomé... ¿Se siente especialmente identificada con este compositor?
Strauss escribió una música muy hermosa para mujer. Sus papeles femeninos son tan interesantes y complejos que me siento muy afortunada de tener la capacidad vocal adecuada para cantar esa música, llena de frases enormes, como las que hay en la Helena egipcia y en otros papeles femeninos de Strauss. Además, te da la oportunidad de cantar con otras mujeres, aquí, por ejemplo con Liubov Petrova, la magnífica soprano rusa que canta Aithra; es maravilloso cantar con otra bella voz de soprano.
Helena es un papel muy exigente.
Es muy largo, muy difícil y muy agudo. Como se interpreta tan raras veces, sólo he podido hacerlo en un par de ocasiones, por lo que no he tenido la oportunidad de familiarizarme por completo con él. Espero hacerlo la próxima temporada, cuando lo cante en escena en el Met.
La obra tiene muchos elementos autobiográficos.
Trata de las relaciones entre personas, y del matrimonio. Sabemos que la relación de Strauss con su esposa no fue fácil, pero que estaba muy entregado a ella y estaba acostumbrado a sufrir por ella...
Remontémonos ahora a sus comienzos. ¿Por qué se interesó por el canto?
Siempre he cantado, desde que era niña. Crecí en el Midwest de los Estados Unidos, en una región a la que llamamos el "Círculo bíblico", porque allí la iglesia es muy fundamentalista y mi familia estaba muy implicada en las actividades religiosas. Lo primero que recuerdo haber cantado es un himno con otra niña, y me enfadé mucho porque ella no se había aprendido su parte y no estaba preparada para actuar. Con cinco o seis años, yo ya era consciente de que aquélla no era una actitud profesional... Y, por primera vez, también fui consciente de que mi voz ejercía un efecto sobre el público, de que era capaz de comunicar un mensaje. Porque cantar es, en definitiva, tratar de expresar algo, contar una historia, transmitir al público una emoción, y eso lo aprendí siendo muy niña. Después, cuando entré en el instituto, hice mucho teatro, musicales de Broadway... Quería enseñar música, ser directora de un coro, así que fui a la universidad y me especialicé en música coral. Pero entonces mis padres se divorciaron y me sentí muy deprimida, por lo que dejé la universidad y trabajé como informática durante dos años, aunque seguí cantando en la iglesia, en bodas, fiestas de amigos y cosas así. Finalmente decidí volver a tomar clases de canto y volví a la universidad.
¿Fue entonces cuando empezó a pensar en la ópera?
La ópera no era parte de mi herencia, no se escuchaba en mi casa. A causa de mi educación religiosa fundamentalista, estar en un escenario, exhibirte ante los demás no era algo que se considerase muy adecuado. Mi profesora empezó a introducirme en la ópera, y la primera aria que canté fue la de Cherubino. Yo tenía unos veinte años, y no sabía cómo era realmente mi voz, así que me dijo que fuera a la tienda de música y buscase alguna partitura. Como yo tocaba el piano desde hacía bastantes años, escogí una que me pareció muy bonita, aunque estaba en italiano y no entendía nada. Se la llevé a mi profesora y me dijo que, en efecto, era muy hermosa pero que no era para mí, ya que se trataba del Nessun dorma [ risas ]. Poco a poco decidimos qué tipo de repertorio resultaría adecuado para mí. Mi profesora había estudiado en Viena y apreció una cualidad germánica en mi voz. Así que trabajamos mucho la música alemana, y canté muchos lieder antes de empezar con la ópera.
Creo que también tiene antepasados alemanes, ¿no es así?
Realmente no lo sabemos. Mi abuelo materno procedía de Bremen, y cantaba canciones alemanas. Pero hace unos diez años me llamó mi madre, cuando yo estaba cantando en Tel Aviv, y me dijo que me sentara porque tenía que contarme algo. Mi abuelo había muerto, mi abuela estaba en un hogar de ancianos y mi madre fue a visitarla. Discutieron sobre algo, y mi abuela miró a mi madre y le dijo: "No importa lo que pienses porque eres adoptada". Así que no sabemos...
Desde sus comienzos, usted ha cantado muchos papeles wagnerianos: Elisabeth, Sieglinde, Senta, y recientemente, ha incorporado a Isolda en Viena. ¿Lo considera como un hito en su carrera?
No diría que un hito, pero sí un momento trascendental. En aquel momento pensé que cantaría más Wagner, incluyendo Brünnhilde, pero en el último año y medio he perdido mucho peso y creo que mi voz se ha aligerado un poco en el registro medio. Además, si afrontas Brünnhilde demasiado pronto, ¿qué cantas después? Así que decidí cancelar todos los proyectos... Obtuve un gran éxito con La Gioconda en Barcelona, y este año tengo una temporada muy italiana en el Met, con Tosca y Leonora de La forza del destino . Creo que ése es un camino más seguro para mí, junto con los papeles de Strauss y de Wagner que canto ahora, incluida Isolda. Pienso que Brünnhilde puede esperar. El problema es que hay muy pocas Brünnhildes, especialmente que sean buenas. Si la cantas y te sale bien, nadie te va a pedir ya que cantes La forza del destino , porque necesitan tu Brünnhilde. Pero aún soy relativamente joven y me gustaría hacer más cosas, descubrir otros aspectos de mi personalidad.
En cualquier caso, puede decirse que su carrera se ha desarrollado de una manera progresiva.
Sí, sí, he tenido mucha suerte con mis agentes y con buenos amigos en quienes confiar. El hecho de que las cosas me hayan ido bien no es tanto una cuestión de inteligencia por mi parte sino por estar rodeada por gente en la que confío.
Volviendo a Wagner, ¿cómo ve una mujer de hoy personajes como Isolde, Senta o Elisabeth?
Siempre trato de encontrar en ellos algo con lo que pueda identificarme. Canté Elisabeth en el Met la pasada temporada, y era la segunda vez que hacía el papel. No me gustaba especialmente, lo encontraba aburrido, en medio de esa sociedad de guerreros donde las mujeres no cuentan para nada. Pero, realmente, ella es la única que se opone a todos cuando defiende a Tannhäuser. Es, sin duda, el personaje más fuerte de la obra. Hace diez años, cuando lo canté en San Francisco, no me había dado cuenta de ello. Y también hay algo en los demás papeles con lo que te puedes identificar.
Ha cantado muchas veces el papel de Lady Macbeth. ¿Ha llegado a entender sus reacciones?
Sí, sin duda. Siente una enorme frustración porque ella debería ser realmente la que tuviese el poder. Me encanta el personaje, porque vocalmente es de una gran brillantez, aunque creo que nunca tuve mucho éxito como Lady Macbeth porque la gente creía que tenía una voz demasiado bonita para el papel.
Ha cantado otros papeles verdianos como Aida o Amelia, y también Tosca.
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